Marc Gasol fue la principal arma ofensiva de España el promediar 15.4 puntos en la primera ronda. ( AFP / Franck Fife)
sábado, 4 de septiembre de 2010
Raúl Álzaga / Enviado especial
Estambul, Turquía. Algunos dicen que Grecia perdió a propósito con Rusia para tratar de evitar a su némesis, España, durante el cruce de muerte súbita en octavos de final que inicia hoy en Estambul. Sin embargo, de ser cierta esa premisa , Grecia no contaba con que Francia perdería ante Nueva Zelanda y caería al tercer puesto del Grupo D, lo que en la eventualidad aseguraría que los helénicos tendrían que enfrentar a los españoles.
Lo cierto es que España ha sido una espina en el costado de los griegos por los pasados cinco años y su principal escollo para asumir la supremacía en el continente europeo.
De hecho, fue España que los sacó de la cancha en el Mundial 2006 en Japón en el juego por la medalla de oro y luego en el Eurobásket 2009 le repitieron la dosis, 82-64, en semifinales.
Durante el Mundial, ninguno de los dos equipos ha llenado las expectativas iniciales, sufriendo dos reveses cada uno en primera ronda. Su mayor dificultad ha sido la falta consistente de puntería, pues España apenas ha lanzado para 69 por ciento en tiradas libres y 35.3 por ciento en triples. A Grecia no le ha ido mucho mejor, con sólo 68 por ciento en tiradas libres y 33.6 por ciento en triples.
Ante esa situación, Grecia ha sido víctima cada vez más frecuente de defensas en zona que invitan al uso del triple desmedido. España, al menos, ha sido un poco más paciente en su ejecución tratando de llevar el balón a la pintura para no caer tan a menudo en esa trampa.
La clave para Grecia será tratar de golpear y frustrar los más posible al joven base Ricky Rubio y así negar, en parte, el ataque fluido de los ibéricos. Grecia frecuenta problemas en ajustes defensivos en el perímetro cuando se distribuye bien el balón por aire, especialmente las penetraciones al canasto de Rubio para sacar el balón al lado y un subsiguiente pase extra a algún lanzador abierto. Si los españoles vienen efectivos, puede ser otra larga noche para los helénicos.





