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Guerra declarada en el Tribunal Supremo, más allá de la Natividad

martes, 1 de diciembre de 2009
Rosita Marrero / Primera Hora

Queridos Reyes Magos:

Reina la confusión en el Tribunal Supremo. La relación entre los nuevos jueces nombrados por el gobernador Luis Fortuño y los jueces nombrados por gobernadores populares, ahora en minoría, parece que es como la del aceite y el vinagre: no mezclan.

No mezclan sus ideas, su ideología, su sentido de justicia, sus apegos constitucionales y jurídicos, y nos atrevemos a decir, queridos Reyes, que hasta su sentido de la estética, de lo que es bonito o es feo, e inclusive de lo que es una obra de arte o un adefesio.

Por lo que se ha visto hasta ahora, tampoco mezclan sus decisiones.

Da la impresión de que en el actual Supremo no impera la camaradería, ni la solidaridad, ni el compañerismo, ni la deferencia, ni la condescendencia, ni la urbanidad.

El diccionario resume urbanidad como una serie de pautas de comportamiento que se deben cumplir y acatar para lograr una mejor relación con las personas con las que convivimos y nos relacionamos.

La jueza asociada Anabelle Rodríguez aludió a ese término en un memorando enviado a su homólogo Erick V. Kolthoff Caraballo, luego que le solicitara a éste que removiera un nacimiento del pasillo en el que ubican sus oficinas, al argumentar que para colocar un elemento común se debe contar con el aval de los demás jueces del piso que se desea decorar, “lo que no ocurrió en esta ocasión”.

“[...] Me veo precisada a enviarle este memorando con copia los demás jueces, solicitándole formalmente la remoción de dicha representación. Como usted podrá entender, consideraciones de urbanidad requieren que para la modificación de un lugar común como lo es nuestro pasillo se obtenga el consentimiento de los demás jueces que tienen aquí sus oficinas. Ése ha sido el comportamiento observado en el pasado por los jueces asociados”, señala Rodríguez.

Kolthoff, ni corto ni perezoso dijo haber recibido “con gran tristeza” el memorando. Sostuvo que contrario al reclamo de Rodríguez de separación de Iglesia y Estado, el Tribunal Supremo de Estados Unidos sostuvo en una decisión en 1984 que colocar un nacimiento en un edificio público en época navideña no viola la cláusula.

“Aquí la tradición es más arraigada y uniforme, ya que la inmensa mayoría de la población profesa la fe católica o protestante...”, disgregó el magistrado.

En cuanto a la urbanidad a que se le hace referencia comentó: “[...] Mi vecino puerta con puerta, el también juez asociado Rafael Martínez Torres, me indicó que no tiene objeción alguna con la referida estampa. De hecho, el juez Martínez Torres me indicó personalmente que a él y al personal de su oficina les agrada muchísimo...”.

Prevalece la decisión emitida por mayoría de dos, de los tres que coexisten en el pasillo.

Queridos Reyes, aunque parece que “son niñerías”, la realidad es que no mezclan ni en Navidad. La situación es más profunda. Más bien parece que hay... ¡guerra!

Queridos Reyes, para que reinen la paz y la armonía en el Tribunal Supremo, no sólo en Navidad, sino durante todo el año, les pido que regalen a los jueces paz, armonía, sentido de justicia, comunicación, y también, ¿por qué no?, urbanidad.