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Hablan más víctimas de violación

viernes, 23 de octubre de 2009
Sara M. Justicia Doll y Farasch López Reyloz / Primera Hora

Continúan las llamadas. Aumentan los pedidos de justicia. Les urge que los atrapen. Fueron ellos los que perturbaron su vida. Es un grito colectivo. Y sabemos que son muchas más las víctimas.

En diez complejos de vivienda walk-up en las zonas policiacas de San Juan, Bayamón y Carolina, siguen apareciendo casos de escalamientos, actos lascivos y violaciones protagonizados presuntamente por el trío compuesto por un hombre gordo y dos flacos detenidos el sábado en Balcones de Monte Real, en Carolina, pero que fueron dejados en libertad.

La lista de los lugares aparentemente visitados por el mismo trío cada vez se hace más larga. Incluye Vistas del Río, Brisas de Escorial, Altos de Escorial, Paisajes de Escorial, Balcones de Carolina, Ciudadela, Jardines de Montehiedra, La Alborada de Canóvanas, Balcones de Monte Real y un complejo en Trujillo Alto que la víctima afectada no quiso identificar.

El sábado, en Balcones de Monte Real, fueron una joven terapista del habla, de 22 años, y su novio de 30 los que sufrieron el mal rato de la captura del trío en el balcón de su apartamento.

“La Policía llegó bien rápido y los cogió a segundos de que pudieran abrir la puerta que da a la sala de nuestro apartamento. Uno piensa que uno está seguro en su casa, pero yo sentía que los tipos me respiraban en la nuca. Si la Policía no llegaba, sabía que iba a haber una desgracia porque llevan sables largos y pistolas con las que posiblemente hubieran matado a mi novio”, dijo la víctima de Monte Real, quien no ha vuelto al lugar y aspira a mudarse de Puerto Rico.

Como otras víctimas, vive atemorizada, siente que antes del evento, el trío la perseguía y que todavía lo hace.

En La Alborada, en Canóvanas, en marzo de este año una madre y sus hijas fueron amordazadas e iluminadas con la linterna que caracteriza al trío. “Le robaron todo. Estuvieron en el apartamento más de dos horas. Comieron de todo, se llevaron ropa de mujer, computadoras, instrumentos de música y cometieron actos lascivos contra una de las hijas de la vecina”, dijo una residente del lugar que llamó ayer inquieta porque no ve respuesta rápida de las autoridades.

“Estoy segura de que los que vinieron aquí son los mismos de Balcones de Monte Real y los otros casos. Esto tiene que parar y estoy segura de que se trata de una organización más grande”, agregó.

En La Alborada la junta de residentes logró que la Policía patrullara. Mientras lo hicieron no hubo más escalamientos. Sin embargo, en la noche del miércoles volvieron unos maleantes de descripción similar a atacar el complejo que da frente por frente a los outlets de Canóvanas.

“Rompieron puertas y volvieron a entrar a un apartamento de una familia a la que habían amordazado en una ocasión anterior. Estas personas saben, son conocedoras, hay que atraparlas”, agregó la vecina de La Alborada.

Uno de los más escalofriantes elementos que entrelazan varios testimonios, es el cierto sentido de compasión que muestran los maleantes por los niños si entran a un apartamento en donde vive un menor.

“En mi caso, amordazaron a mi esposo y lo iban a hacer conmigo, pero no lo hicieron porque mi bebé empezó a llorar. El gordo me trajo la bebé y me la iluminó con la linterna, pero yo la tapé con su pañito que él también me trajo. El gordo hasta me calentó la leche en el microonda, a la temperatura perfecta, estoy segura de que él es padre también”, dijo una de las víctimas de escalamiento en Trujillo Alto. A ella le robaron una computadora, cámaras, papel de inodoro, papel toalla, jugos individuales, y hasta salchichas.

Primera Hora había recibido pero no había publicado el testimonio de otro caso en el que también el gordo preparó un biberón al bebé de su víctima.

En otro de los casos, entraron al cuarto de un niño y rompieron unos cristales. “Al niño le dio un ataque de asma y uno de ellos ayudó a la mamá a darle la terapia y a administrarle albuterol y solución salina para contrarrestar el ataque”, según narró otra de las víctimas.

Otro de los testimonios vertidos a este diario apunta a que “a ella la violaron y el niño de ella se despertó y entró en el medio de la escena de violación, el hombre gordo como que se asustó y se retiró un poco de encima de ella”.

Durante la tarde de ayer otra víctima de violación llamó a la redacción de Primera Hora, pero su temor y nerviosismo fueron evidente en la llamada.

El común denominador de todas las narraciones de perjudicadas y perjudicados recogidas por este diario apuntan a las máscaras cazamontañas, a las linternas, a la cinta adhesiva verde, a la indumentaria negra, a las pistolas, alicates, herramientas y otra decena de herramientas. Apuntan también a la poca articulación o problemas de lenguaje de los maleantes. Siempre han indicado que el hombre gordo imparte instrucciones y los otros dos las siguen.

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