Billy Ray Cyrus y su hija Miley Cyrus, como los Stewart, regresan a la vida de campo. (Suministradas)
jueves, 16 de abril de 2009
Christy Lemire / Prensa Asociada
La película de “Hannah Montana” no debería ser analizada desde una perspectiva adulta. Sería irrelevante.
La adaptación cinematográfica de la popular serie de televisión del Disney Channel no está hecha para nosotros sino para niñas entre las edades de 6 a 14 años. Lo importante es considerar cómo éstas van a responder a ella.
Si usted fuese una niña de 10 años, por supuesto que querría ser la encantadora chica “Miley Stewart” y su álter ego, la estrella de música pop “Hannah Montana”. La cantautora y bailarina Miley Cyrus hace que ambos personajes sean tan agradables, tan atractivos y accesibles, que resulta difícil no encariñarse con ellos.
Aun cuando se le sube la fama a la cabeza y se comporta como una diva en Los Ángeles –lo cual provoca un regreso a su natal estado de Tenesí- todavía retiene un irresistible magnetismo a su alrededor.
Hannah Montana: The Movie nos arrastra de vuelta al pueblo ficticio de Crowly Corners para recalcarnos el mensaje de que las grandes ciudades son malas y los pequeños poblados son buenos.
La predecible cinta del director Peter Chelsom (Serendipity, Shall We Dance?) muestra cómo el papá de “Miley” –interpretado por su padre en la vida real, el cantante Billy Ray Cyrus- la obliga a regresar a su casa para que se reconecte con sus raíces.
Allí, la joven se reencuentra con su abuela “Ruby” (Margo Martindale) y su primer novio, “Travis” (Lucas Hill), “Miley” parece sentirse cómoda en su antiguo hogar, pero el idilio no podía durar para siempre: un reportero de un tabloide británico la ha seguido hasta el pueblo en un intento por hallar algún secreto de su pasado.
“Hannah Montana: The Movie” es clasificada “G”.





