Luis Santaliz Acosta Fue sentenciado a 148 años de prisión por asesinato y fue liberado en 2010 tras comprobarse que era inocente. (Para Primera Hora / Olimpo Ramos)
jueves, 23 de febrero de 2012
Maelo Vargas Saavedra / Primera Hora
Mayagüez. Nadie mejor que Luis Santaliz Acosta, sentenciado a 148 años de cárcel por un crimen que no cometió, para hablar de la propuesta para enmendar la Constitución con el fin de limitar el derecho a la fianza en casos de asesinato.
Él estuvo 11 años tras los barrotes de una cárcel por un asesinato que no cometió.
Hoy, es un hombre libre. Y, luego de esa amarga experiencia, está convencido de que esa propuesta que desempolvó el gobernador Luis Fortuño el martes no es buena, viola un derecho constitucional importante y puede aplicarse a otros que, como él, sean inocentes.
“Yo no estoy de acuerdo porque eso viola los derechos constitucionales... yo mismo fui confinado por 11 años siendo inocente y me impusieron una fianza alta... hay otros (casos) de inocentes, el de Jonathan (Román), el de La Perla, que también lo acusaron de asesinato (por el caso del empresario canadiense Adam Anhang) y era inocente’’, dijo a Primera Hora Santaliz Acosta, de 46 años.
Santaliz Acosta fue sentenciado en 1999 a 148 años de cárcel luego que un jurado lo hallara culpable de 13 delitos graves, entre ellos un asesinato que no cometió. Fue excarcelado en noviembre de 2010 tras una ardua batalla legal.
El hombre, que recobró el trabajo como gerente de Comercial Vélez en el casco urbano de Mayagüez, confesó que todavía no ha podido superar que estuvo preso injustamente, víctima de un caso fabricado, hasta que el Departamento de Justicia pidió el archivo de los cargos tras comprobarse su inocencia.
Durante los 11 años en que estuvo separado de la sociedad y aislado de la población penal en el área de máxima seguridad conocida como el Mostro Verde en el complejo Correccional Las Cucharas, de Ponce, tuvo la oportunidad de conocer muchas personas inocentes que cumplen largas condenas por casos fabricados.
“Creo que esa propuesta debe ser bien evaluada y que cada caso debe de examinarse de manera individual porque no toda persona que acusan es culpable... es triste que una persona, siendo inocente, esté confinado sin derecho a fianza, que no tenga la oportunidad de poderse preparar con su abogado’’, alertó Santaliz Acosta.
La fianza es una garantía de comparecencia al tribunal. En Puerto Rico, es un derecho de todo imputado. Los jueces tienen discreción de imponer la fianza que entiendan, y varía de caso en caso, dependiendo de los elementos que tengan ante sí. La imposición de fianzas millonarias hace que ya muchos acusados queden sumariados en el sistema correccional en lo que se ven sus juicios en los tribunales.
En el caso de Santaliz Acosta, la fianza fue de $1.6 millones.
“Hay policías que por esclarecer, entre comillas, te acusan a cualquier persona y si no tienes los recursos y sin fianza, vas a salir culpable’’, insistió Santaliz Acosta.
En su caso, tuvo la suerte de que el empresario Miguel Vélez siempre creyó en su inocencia. Él, y el abogado Luis F. Abreu Elías, lucharon desde el 2005 hasta que en noviembre de 2010 lograron su libertad.
“Ya me habían botado la llave’’, dijo al recordar que con su sentencia de 148 años no había posibilidades de que saliera.
El sistema, dijo, “tiene dos varas”: una para los ricos y otra para los de pocos recursos económicos.
Entiende que su caso es de los pocos en que una persona recobra su libertad y, a la misma vez, le devuelven su empleo como gerente de una empresa.
“El problema es que hay muchos inocentes en las cárceles y no tienen la dicha de que alguien le pueda reabrir sus casos porque estar confinado en máxima seguridad es tierra de nadie ahí es impenetrable para la prensa entrar’’, recalcó.
A finales de 1999, un jurado encontró culpable a Santaliz Acosta de un cargo de asesinato en primer grado, dos de tentativa de asesinato, dos de conspiración, dos de restricción a la libertad, dos por violación a la Ley de Armas, dos de robo domiciliario, dos de escalamiento agravado y uno de uso de disfraz. Supuestamente, era el cabecilla de una ganga dedicada a robos domiciliarios en la década de los noventa en la región oeste.
Todo su caso era falso.





