Roberto González Nieves presentó ayer la carta pastoral con motivo de la Pascua 2011. (Para Primera Hora / Archivo / Rafael Pichardo)
viernes, 13 de mayo de 2011
Leysa Caro GOnzález / Primera Hora
El monseñor Roberto González Nieves presentó ayer la carta pastoral con motivo de la Pascua 2011, documento en el que abogó por un cese a la violencia, por la creación de empleos justamente remunerados y por un análisis profundo del proyecto del gasoducto que tanto desasosiego ha creado en ciertos sectores del país.
Llamó a defender la institución del matrimonio entre un hombre y una mujer ante intentos de que sea equivalente a otro tipo de uniones y, una vez más, dejó establecido el rechazo de la Iglesia al aborto.
La carta pastoral es el documento que sirve de guía para la dirección de las diócesis de la Iglesia católica. En esta ocasión, el documento de 40 páginas no se centra en un tema en específico, sino que abarca algunas de las principales problemáticas que enfrenta el país.
Y, en lo que podría llamarse como las misas sueltas, González Nieves tildó de prematuro la celebración de una consulta de status durante este año como se pretende. Hace falta un proceso educativo, dijo.
Asuntos de interés para la iglesia católica
Familia
El reconocimiento y la promoción de la estructura natural de la familia, como la unión entre un hombre y una mujer basada en el matrimonio, no son negociables para la Iglesia.
El llamamiento a los feligreses es a defender la institución ante los “intentos de hacer que sea jurídicamente equivalente a formas radicalmente de unión que en realidad destruyen su papel social insustituible”, dijo el monseñor.
Ojo, esto, sin embargo, no quiere decir que las personas con una preferencia sexual distinta puedan ser víctimas del rechazo y la violencia de otros. “Hay unas personas que no entran por esa puerta, pero tienen sus derechos y su dignidad y la queremos respetar, pero tampoco queremos redefinir lo que es la familia... No queremos violencia contra ningún ser humano”, destacó.
Gasoducto
Al igual que otras instituciones, la Iglesia católica se ve directamente afectada con la construcción del gasoducto, cuya tubería pasaría por una parroquia del pueblo de Toa Baja.
Su recomendación es que el proyecto sea estudiado a fondo. Para el religioso, el gas natural, aunque sí reduce las emanaciones contaminantes a la atmósfera, no es una alternativa que reduciría el costo de energía para el individuo.
Destacó la existencia de análisis científicos que detallan que una avería del gasoducto a causa de un terremoto podría tener consecuencias catastróficas. Su mensaje no es a utilizar combustibles fósiles, sino a usar recursos renovables como la energía solar y la energía térmica. “No se le considera (al gasoducto) una solución a largo plazo”, apuntó.
Status
Para la Iglesia, no es momento para que los partidos políticos promuevan la celebración de una consulta de status.
Aún, indicó el religioso, hay mucho desconocimiento y temores infundados ante cuál es el mejor futuro político para los puertorriqueños. “Hay mucha angustia de quedarnos como que en la penuria económica”, reconoció.
Antes de la consulta, debe haber un proceso educativo más profundo en el que se conozca la historia del país.
El sacerdote elogió la forma en que hasta el momento se ha manejado el tema a pesar de que han pasado siglos intentando definirlo. “Aquí nunca ha habido una revolución violenta... Es decir, no hemos visto hermanos contra hermanos derramando su sangre... para resolver nuestra situación y eso es muy loable”.
Empleo y trabajo
El hecho de que uno de cada cuatro puertorriqueños tiene empleo resulta “alarmante” para el monseñor.
Por eso, dijo, urge que se tomen las medidas para que se creen más y mejores empleos, justamente remunerados. “Anhelamos un Puerto Rico donde todos y todas se realicen y se sientan felices con su trabajo”, apuntó.
Además de la creación de empleos, el otro gran desafío es el establecimiento de las condiciones necesarias para que un sector de la población opte por dejar la dependencia de las ayudas gubernamentales y unirse a la fuerza trabajadora.
Urge también que se establezcan las medidas adecuadas para que las personas que se benefician de ayudas puedan tener un empleo y mantener el beneficio en lo que se estabilizan.
Violencia
Sobre la rampante ola de violencia que nos arropa, dijo que hay que atacarla desde el seno de cada hogar puertorriqueño.
La violencia, dijo, nace del corazón humano que ha sido contaminado por el pecado.
La violencia, sostuvo, no puede ser vista como parte de la cultura ni como un fenómeno social al que tenemos que acostumbrarnos. Tampoco la podemos ver como un asunto que le atañe resolverla al Gobierno.
“Hay que trabajar para que nos acerquemos a un mundo sin violencia. En primer lugar tiene que haber un cambio en el corazón”, señaló.
En este renglón habló también sobre el aborto, que, a su juicio, es “uno de los más atroces tipos de violencia que el ser humano pueda cometer.
El aborto es un crimen abominable porque se destruye un ser humano vivo e inocente”.
Identidad cultural
La amarga experiencia de un joven católico que, mientras participaba de una marcha contra la violencia infantil, fue reprendido por un policía adscrito al Capitolio por llevar una bandera de Puerto Rico, llevó al monseñor a cuestionar la existencia de un intento por reprimir nuestra identidad como pueblo. Admitió que “pudiera ser” que se esté recrudeciendo la discusión por ideas políticas.
“En lugar de reprimir la libre expresión y el ejercicio de los derechos democráticos, urge honrar los símbolos que nos distinguen, que enaltecen nuestra dignidad e identidad...”, fue su amonestación.
Cuestionó si hechos como éste son síntomas de un deterioro crónico. “¿Qué les sucede a las instituciones de nuestra patria? ¿Qué valores rigen el quehacer político?”.





