El lente del fotógrafo Bolívar de Arellano captura los efectos de los ataques a las torres gemelas del 11 de septiembre del 2001. (Suministrada)
viernes, 9 de septiembre de 2011
Actualizado hace 259 días
(creado
01:01 a.m.)
Bárbara Figueroa/Enviada especial
Nueva York- El cielo estaba azul, el sol brillaba en todo su esplendor y prometía ser un día ajetreado para el fotógrafo Bolívar Arellano, quien para aquel entonces trabajaba en el New York Post y tenía asignado cubrir las elecciones para la alcaldía de Nueva York, donde el puertorriqueño Fernando “Freddy” Ferrer figuraba como un peligroso rival para Michael Bloomberg. Y sí, en efecto, aquel día la jornada fue intensa pero hubo un cambio inesperado de planes. Y no sólo para Bolívar.
El fotoperiodista de nacionalidad ecuatoriana -casado con la boricua Brunilda Torres-, acababa de entregar las fotos en la que Ferrer ejercía su derecho al voto cuando su editor de fotografía le indicó que debía salir de inmediato a verificar lo que al parecer era un accidente en las torres gemelas del World Trade Center, ubicadas en el bajo Manhattan.
“Cuando vine para acá me pasé como 40 luces rojas hasta que llegué a unos cinco bloques antes de los gemelos porque ya la policía había puesto las barreras. Dejé el carro y empecé a tirar fotos de la gente caminando herida y de fondo los edificios quemándose... Cuando vi aquello pensé: 'wow la avioneta que chocó era bien fuerte y pasó al otro lado'”, rememoró mirando la zona donde estaban edificadas las torres y quien hasta ese entonces desconocía que aquel siniestro era efecto del peor atentado terrorista contra Estados Unidos.
“Señor, están atacando a Estados Unidos... están atacándonos”, recuerda que le decían los transeúntes que huían de la escena despávoridos y a los que tachó de locos pues “pensaba que estaban delirando”.
Pero no. La alerta de la gente corriendo era cierta. El ataque se había trasladado también a Pennsylvania y a Virginia.
Bolívar siguió su camino hasta ubicarse justo al frente de los edificios que ardían en llamas y fue entonces que, dice, comenzó a vivir el peor de sus días y el reto más grande como profesional.
“Nosotros los fotógrafos somos testigos de cosas bien grotescas... a veces nos toca ver como asesinan a inocentes, a gente morir, a tantas cosas... pero ese día, viendo a la gente saltar fue lo más traumático para mí. Solamente escuchaba el clá, clá, clá cuando caían al piso y se quedaban solo en el cuerito”, dijo, al momento que las emociones interrumpieron su relato.
Un suspiro. Un trago amargo para tratar de controlar el nudo en su garganta. Otro suspiro profundo... y continúa su testimonio. “La gente abajo, mientras los veían caer les decían: 'por favor no te lances, por favor...'. Y yo, llorando mentalmente decía: 'Dios mío, ¿porque no les das alas tú para que no lleguen al piso?', dijo, quien tras ver todo el proceso del suicidio de un hombre desde que se lanzó hasta que cayó al pavimento, decidió tomar fotos sólo al aire.
“Yo los cogía en el aire pero cerraba mis ojos para no verlos caer”, dijo esta vez dejando botar el dolor que aún le provoca aquella escena que se repetía una y otra vez. Decenas de veces, dice Bolívar, quien creía haber experimentado sus mayores retos como fotoperiodista.
Y es que según cuenta, años antes de aquel 11 de septiembre, había sido testigo presencial como corresponsal de Prensa Asociada (AP) de otros escalofriantes escenarios como lo fueron las guerras civiles en El Salvador y Nicaragua.
“El Salvador fue para el 1982 y fue sangriento... aquello fue una masacre en donde el Ejército mató a mucha gente inocente como si fueran mosquitos. Y en Nicaragua, allí hasta fui secuestrado. Pero de todas esas experiencias ninguna tiene comparación con la del 9/11 porque aquello fue una masacre contra la humanidad”, relata quien pensó que iba a morir cuando vio caer, a poca distancias, las dos torres gemelas.
Y es que, según relata Bolívar, cuando el último de los edificios colapsó estaba tan cerca de la torre que la explosión lo expulsó junto a otras personas a cientos de metros del sitio donde se hallaba.
“Quedé inconsciente y ni siquiera sé por cuánto tiempo... cuando desperté todo estaba oscuro y empecé a gritar: '¿hay alguien aquí?, ¿hay alguien aquí?'. Pero nadie contestaba y me dio trabajo salir porque tenía escombros en mis piernas. A ciegas, como pude caminé hasta que vi una luz ”, cuenta sobre el momento en el que fue rescatado de las cenizas, sosteniendo en sus manos las cámaras que llevarían que enmarcarían el testimonio de su hazaña.
Poco después de los ataques terroristas, Bolívar inició un nuevo proyecto como fotógrafo al inaugurar una galería en donde se exhibían unas 400 fotografías de la tragedia.
“En total reuní a 23 fotógrafos de diferentes áreas que pudieron apreciar unas 350 mil personas -incluyendo a Hillary Clinton y a la duquesa de York- por los dos años que la galería estuvo abierta”, expresó quien logró recaudar $50 mil que fue donado para las viudas y huérfanos de los policías y bomberos fallecidos.
Fue precisamente, durante la exhibición que Bolívar conoció la historia de algunos de los protagonistas de sus imágenes. Entre ellos la de un grupo de 13 bomberos que se preparaban para entrar a la segunda torre. Diez minutos de que su cámara hiciera clic y capturara para siempre el momento, la torre colapsó.
“Cuando hice la exhibición puse un calce que decía: 'por favor si alguien sabe de estos bomberos, déjeme saber'. Entonces un bombero grande, bien alto un día fue y me dijo (Bolívar comienza a llorar)... que todos habían muerto”, expresó Bolívar quien luego contactó a familiares de cada uno de los rescatistas y le otorgó la foto autografiada.
Tras reponerse del sentimiento que le produjo recordar a los bomberos, Bolívar dejó escapar nuevamente el trauma permanente que vive hace una década.
“Han pasado 10 años, pero para mí y para cualquier que haya estado allí, eso sucedió hace unos segundos... Es como un vídeo que no tiene fin, corre y vuelve a empezar... Duermo, despierto y estoy pensando en el 9/11”, dijo.





