De niño, Héctor “Tito” Román solía tomar las ollas de su madre y las tocaba como si fuera un bongó. (Primera Hora / David Villafañe)
viernes, 29 de abril de 2011
Libni Sanjurjo / Primera Hora
Cinco músicos invidentes se aventuraron hace más de un año a crear un grupo musical.
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Lo imposible lo hicieron posible. ¿Una banda de jazz en la que todos los músicos son invidentes? ¿Cómo iban a lograr la dirección del grupo?
La idea era descabellada, se alejaba de la norma, pero Ángel Cruz la abrazaba fuertemente seducido por lo retante que sería hacerla realidad.
“Algunos profesores de música me indicaban que era difícil la dirección de un grupo donde todos eran ciegos, que no puedan ver las señales, que no pueden interaccionar visualmente con el director”, recuerda Ángel.
Hoy, la idea no existe, es una realidad: The Jazz Blind Project. En el piano, Orlando Hernández; en el bajo, Irma Morales; en la flauta, Marlena Castro; en el trombón y en la dirección musical, Héctor “Tito” Román; y en la percusión, Cruz.
Sus historias son particulares, así como las causas de su falta de visión, pero coinciden en que no necesitan ese sentido para tocar el instrumento, sólo el “alma”, asegura Cruz.
El aprendizaje musical de todos ha sido, esencialmente, de oído. Pero los maestros no creían que eso era suficiente. Por eso, a varios de los miembros del grupo se les hizo difícil encontrar a uno que creyera en sus capacidades y aceptara el reto de enseñarles música.
El desconocimiento entre los educadores era hiriente si se es consciente de que existe la tecnología que puede traducir la música impresa al braille y que en sociedades como la de Argentina existe desde 1939 la Banda Sinfónica de Ciegos.
“No nos limites”, reclama Ángel, “no limites a ninguna persona con impedimento o sin impedimentos. No la limites, déjala volar”.
El primer ensayo ocurrió en octubre de 2009 con la dirección inicial de Raúl Berríos. Poco tiempo antes, Cruz había iniciado el reclutamiento con músicos como Marlena.
Marlena Fue al ensayo y se quedó
“Nunca había tocado jazz, escuchaba, pero no tocaba. Dije que iba al ensayo (...). Me aprendí la melodía ese mismo día. Vi que no era difícil y me quedé”, dice Marlena, quien perdió la vista a los dos años de edad luego de una alegada impericia médica durante una operación de estrabismo.
La joven de 32 años recuerda que solía hacer “alboroto” con una flauta dulce ya que su familia no tenía dinero para pagarle el instrumento ni las clases de música. No fue hasta que entró a la Universidad de Puerto Rico que pudo comprarse, con un préstamo estudiantil, su primera flauta y, al mismo tiempo, encontrar un profesor dispuesto a impartirle clases.
Ángel calló su condición
Ángel Cruz, por su parte, ha perdido la vista de manera gradual, pues tiene retinitis pigmentosa. A sus 51 años de edad, el percusionista cuenta que mientras estudiaba en la Escuela de Bellas Artes de Carolina tenía problemas leyendo el pentagrama a primera vista, lo que limitaba su lectura; por eso callaba su condición.
“Memorizaba en la casa cuatro o cinco lecciones porque no podía leer”, recuerda.
Hasta que un día Ángel colocó la letra de la música al revés mientras tocaba. Lo descubrieron. “Pero cuando (el maestro) vio el esfuerzo de querer, me permitió estar en la clase”, destaca quien posee un bachillerato en trabajo social.
Para Ángel, la música significa mucho porque “me permite escaparme de mi realidad, manifestar a veces lo que no puedo con palabras”.
Héctor fue sonoro desde niño
Para Héctor Román, no vidente desde los 13 meses de nacido al desprendérsele la retina, la música siempre le ha gustado.
“Mami decía que cogía la olla y me pasaba tocando bongó con las ollas”, menciona.
A los 12 años quiso tocar trombón. Pero se tardó un año en encontrar a alguien que le quisiera enseñar.
“De lugares me decían que no, porque había que leer, que era una base esencial para la música y que si no podía leer no me podían dar música, pero yo seguí buscando, llamando a información, ya tenía a las operadoras locas con tanto preguntar hasta que consigo una academia”, mencionó.
Ahora, tanto él como el maestro Eugenio Cruz tenían un nuevo reto.
“Conocía el sonido del trombón, pero no sabía físicamente cómo era (...). Cuando yo veo cómo es el trombón dije: ¡Ea rayo, esto no tiene pistones, es de vara!”.
Tuvieron que ingeniárselas. “La tercera posición está por aquí, cerca de la campana; la cuarta un poquito más abajo”, le explicaba Cruz.
“Él las grababa en guitarra, cantándome las notas, y en casa las copiaba en braille (...), las notas me las iba aprendiendo, y así fue como todas las lecciones me las memorizaba”, agrega quien ha tocado en varios grupos y posee un bachillerato en relaciones laborales y un juris doctor.
Héctor, ¿por qué tanto esfuerzo?
Porque valía la pena.
Orlando Dio “pie con bola”
Por su parte, la familia de Orlando Hernández tuvo que tocar muchas puertas hasta que encontró a alguien que quiso enseñarle.
Una maestra le dijo: “‘Voy a tratar. Si al mes no da pie con bola, yo digo francamente que ni vuelva’; parece que di pie con bola”, recuerda entre risas quien aprendió a leer música en braille.
Orlando tiene un retinoblastoma hereditario, un tipo de cáncer en el que el tumor se desarrolla en el ojo.
Orgullosa irma
Irma Morales, por su parte, quien nació con glaucoma congénito, aprendió a tocar de oído la guitarra y luego el bajo. “Me asombré porque nunca pensé coger un bajo en mis manos”, recuerda.
Ellos y ellas son ejemplo del potencial que tienen las personas con algún impedimento. “Estamos en pleno siglo XXI y nuestra educación hacia las personas con impedimento está retrasada en las artes (...). Los profesores, ¿cuántos conocen el braille traducido a música? Prácticamente nadie”, denuncia Ángel.
Por eso nace The Blind Jazz Project como la “plataforma perfecta” para fusionar la experiencia individual de cada uno de los músicos mediante un género musical.
Es necesario registrarse y activar su cuenta para participar.
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Esto hay que dejarselo saber al mundo. Yo empeze a tomar clases de saxofón hace unos años atras y lo deje (por razones que ahora creo son ridiculas). Este grupo son verdaderamente una inspiracíon. Estoy de camino a quitarle el polvo al saxofón y tratar de sacarle unas cuantas notas de nuevo.






