Kármico el asunto de perseguir las guineas

 
 
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Kármico el asunto de perseguir las guineas

 (Primera Hora / Fotomontaje / Jonathan Rodríguez Osorio)

sábado, 26 de noviembre de 2011
Arys L. Rodríguez Andino / Primera Hora

Desapareció de la vida pública cuando “aparecieron” unas fotos suyas que lo comprometieron tanto que se vio obligado a renunciar a la Legislatura y, tres meses después, se dejó ver con una guinea en la mano.

Nada como la semana de Acción de Gracias, seguida de las traumáticas ventas del madrugador, para saber de gente que parecía haberse ido para siempre.

Esta semana, el ex senador Roberto Arango puso a correr las guineas en el residencial público Manuel A. Pérez, una actividad que él instituyó hace ocho años, pero esta vez él no auspició, sino Kimmey Raschke.

De ellos juntos en la actividad, no hay ninguna fotografía. La senadora no asistió y, por si alguien tenía duda, aclaró que ella no lo invitó.

Entre carrera y carrera de guinea, Arango habló de lo que corre por sus venas que, además de sangre, es la representación de productos que se distribuyen internacionalmente.

Con un optimismo envidiable, dijo que “el universo es perfecto y conspira para nuestro bien”. Al mismo tiempo y, aunque no le guarda rencor a quien difundió las imágenes, dijo que cree en el karma, algo que él define como “el que lo hace aquí paga aquí”. ¿Alguien dijo resentimiento? Lo interesante es que, con la cosa kármica, entonces la macacoa que le cayó a Arango fue producto de una acción suya. ¿Qué habrá hecho para merecer algo así?

Y de regreso a Kimmey, la senadora de todas formas no se privó de la carrera de la guinea y el martes fue al residencial público Luis Llorens Torres, donde con suéter rosa y labios rosa, agarró una de las ágiles aves a las que se empeñan en perseguir pocos días antes de engullir carne de pavo.

Una pena que no estuvo presente la representante Albita Rivera para que viera que Kimmey no siempre está con los zapatos de velvet y que, además, no le tiene miedo al picotazo de una guinea.

Igual fue una pena que Arango y Kimmey no compartieran la carrera. Hubiera sido todo un espectáculo si, en lugar de soltar las guineas, hubieran sido ellos los que corrieran tras ellas.

Para Arango hubiera sido una oportunidad de demostrar que está en forma sin tener que evidenciarlo con una fotografía, y Kimmey le hubiera demostrado a Albita que no solamente camina en los residenciales, sino que es capaz de correr detrás de un ave.