La delegación de Cuba para los Juegos de 1966 en San Juan abordó el barco Cerro Pelado para llegar a la Isla tras no recibir permisos para llegar en aviones cubanos. (Archivo / Prensa Asociada)
miércoles, 10 de febrero de 2010
Alex Figueroa Cancel / Primera Hora
A pocos meses del comienzo de los Juegos Centroamericanos y del Caribe de 2010, se espera que Cuba anuncie hoy, por fin, su decisión de participar en el evento.
El Comité Olímpico Cubano ha retrasado su decisión al exigir garantías de que su delegación será tratada igual que las de otros países en el proceso de visado, que podrá viajar directo de La Habana a Puerto Rico y que sus atletas contarán con seguridad apropiada.
Pero, no es la primera vez que Cuba enfrenta una encrucijada ante su participación en la justa regional más antigua del mundo.
Dos casos que resaltan de la historia son las ediciones de los Juegos Centroamericanos y del Caribe de 1966 en San Juan y los del 2002 en El Salvador.
Los X Juegos de 1966 fueron los primeros que se celebraron en Puerto Rico y tuvieron lugar en momentos de gran tensión política en el mundo, en pleno apogeo de la Guerra Fría.
Los roces políticos en la región escalaron al punto de que la Organización de Estados Americanos (OEA) aprobó una resolución en 1964 para que sus miembros rompieran relaciones diplomáticas con Cuba, que se había alineado del lado de la antigua Unión Soviética como parte del bloque de países comunistas.
El boicot se extendió al terreno deportivo y, con sólo cinco de los 18 países miembros de la Organización Deportiva Centroamericana y del Caribe (Odecabe) sosteniendo relaciones diplomáticas con Cuba, una votación del organismo acordó que los Juegos se celebraran “con o sin Cuba”.
Entonces, los organizadores puertorriqueños anunciaron que no cursarían la invitación necesaria para la solicitud de las visas de la delegación cubana, con el argumento de que existían preocupaciones de seguridad de los atletas cubanos por posibles atentados de parte de exiliados en Puerto Rico, lo que fue criticado al mismo tiempo por la comunidad de cubanos en Miami y por el Gobierno de Cuba.
“Si el problema es de seguridad, sería mejor si no hicieran tanta guardia –nuestros atletas pueden cuidarse por sí solos”, declaró el presidente cubano Fidel Castro en 1965, según un reporte de The Associated Press.
El Comité Olímpico Internacional (COI) luego advirtió que la afiliación de Puerto Rico a ese organismo corría peligro de no invitar a Cuba a los Juegos del 66. Ante la presión del COI, los organizadores accedieron a tramitar el visado de los cubanos ante el Departamento de Estado federal, pero el Gobierno estadounidense impuso trabas en el proceso y finalmente no aprobó el permiso para que la delegación antillana viajara en aviones cubanos.
Fue así como la delegación abordó el buque Cerro Pelado que los llevó hasta las afueras de la bahía de San Juan, desde donde reclamó su derecho de participar en los Juegos. El barco no tenía permiso de entrar a territorio puertorriqueño, pero el Comité Organizador logró que accedieran a transbordar los atletas a una lancha privada que los llevó hasta el muelle, poco antes de la ceremonia inaugural del evento.
Cuba participó de los Juegos con gran éxito al finalizar en segunda posición en el medallero global.
Para los Juegos de 2002 en San Salvador, Cuba anunció que no asistiría un mes antes del comienzo del evento.
Contrario a 1966, las autoridades gubernamentales y deportivas cubanas fueron quienes presentaron preocupaciones con la seguridad de los miembros de su delegación.
Las relaciones diplomáticas entre El Salvador y Cuba se restablecieron el año pasado por primera vez desde que las cortaron en 1961. La tensión entre ambos se agravó dos años antes de los Juegos de 2002, cuando sus respectivos presidentes sostuvieron discusiones públicas.
El Comité Organizador salvadoreño aseguró que había ofrecido todas las garantías de seguridad necesarias, pero Cuba había denunciado que Luis Posada Carriles, autor confeso de un atentado contra Cubana de Aviación en 1973, recibía apoyo por parte del Gobierno de El Salvador y que tenían razones para pensar que algo ocurriría.
“Nuestros mecanismos de contrainteligencia detectaron, entre otros, los planes de acciones violentas donde se pretendía atentar contra la vida del presidente del Comité Olímpico Cubano (José Ramón Fernández)”, indicó en aquel entonces Pedro Cabrera, vocero del Instituto Nacional del Deporte (Inder). “También nos informaron de planes de secuestros, de agresiones físicas y verbales”.
Los Juegos se celebraron con buen respaldo de la población salvadoreña, aunque en lo estrictamente competitivo, se notó la ausencia de la potencia de la región.
(Información de este artículo forma parte de una investigación académica del autor)





