Las grandes mediadoras

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viernes, 16 de septiembre de 2011

Las mascotas pueden ayudarnos acruzar abismos que creíamos insalvables

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Si en las Naciones Unidas, en vez de personas hubiera perros, gatos, pájaros, güimos, peces o reptiles, entre otros, no existirían los conflictos -por no decir los bolletes- que armamos los humanos.
Los animales tienen una capacidad innata para ser mediadores, para encontrar y proveernos un terreno común donde hasta los que estamos enemistados o no nos caemos bien podemos compartir en paz y armonía.
Quienquiera que dude esto es porque, sencillamente, nunca ha tenido una mascota. Pero, los que sí las hemos tenido, amado y cuidado desde que tenemos uso de razón podemos dar fe de que, sin quererlo, los animales nos ayudan a cruzar abismos que creíamos totalmente insalvables y a tratar a otros con una tolerancia que pensábamos perdida.
 Traigo esto a colación porque, en días recientes, un amigo me confesó que cuando se molestaba con su mujer, para poder sobrellevar el silencio de la casa, se ponía a hablarle a su perro. No me refiero a tener conversaciones completas como un loco, sino a decirle cosas como “Cachito, vente pa’ aquí con papi” o “Cachito, ¿a qué le gruñes si por ahí no está pasando nada?”.
El perro, que en ese momento, a lo mejor lo que quiere es estar solo o ni siquiera está haciendo lo que su guardián le reclama, le aporta a mi amigo una oportunidad, incluso, para incluir a la esposa en sus “conversaciones” con el can. De modo que, de “Cachito, vente con papi”, él pasa a decir, también, en voz alta, “Adiós, ¿qué le pasara a Cachito que está gruñendo? ¿Tú (con un dejo de notable preocupación en la voz y dirigiéndose a la esposa) ves algo raro por ahí?”.
    Como es de esperarse, la esposa -que también está buscando excusas par contentarse- mira por la ventana, por el balcón o por donde sea, a sabiendas de que todo es una treta de mi amigo. Pero, ella es consciente de que esto es una forma muy diplomática de iniciar la conversación sin que ninguno de los dos, por el momento, dé su brazo a torcer.
Como éste, estoy segura de que ustedes también  tienen cientos -cuando no, miles- de ejemplos de instancias en que diversos animalitos nos unen de un modo u otro. Yo, por mi parte, aunque por diversos motivos haya roto relaciones o dejado amistades, siempre admiraré y respetaré a aquellos que no importa cómo se porten con sus amigos o familiares, guardan un lugar muy especial -lleno de compasión y de cariño- para los animales indefensos. Y por esos mismos animalitos, siempre estaré a la disposición de esas personas, incondicionalmente.

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