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Llega "Che" a Puerto Rico armado del revolucionario Benicio del Toro

Damián Bichi y Benicio del Toro interpretan a Fidel Castro y Ernesto "Che" Guevara en la película dirigida por Steven Soderbergh.

jueves, 15 de enero de 2009
Mario Alegre Femenías / Primera Hora

“Se perdió el hombre de este siglo allí,
su nombre y su apellido son: fusil contra fusil”.                
                                    - Silvio Rodríguez

Se dice, quizá con mucha razón, que las verdades absolutas no existen, mucho menos cuando se habla de una figura tan polémica como la del líder revolucionario Ernesto "Che" Guevara. Es símbolo de esperanza e inspiración para unos; desalmado asesino para otros. La mera mención de su nombre tiende a inclinar hacia uno de los extremos. Pocos permanecen en el punto medio.

En "Che", la admirable cinta cuya primera mitad estrena este jueves y la segunda dentro de tres semanas, el aclamado director Steven Soderbergh ("Traffic") traza hábilmente esa fina línea –casi invisible- que separa al Che que por más de medio siglo ha vivido entre el mito y la leyenda de aquel que quedó grabado para siempre en la historia.

Armado de la magistral interpretación de nuestro Benicio del Toro en el papel protagónico, el director nos presenta un retrato de Ernesto Guevara desprovisto de todo tipo de romanticismo -político e ideológico- y sin el artificio de una pomposa banda sonora que manipule los sentimientos del público, con excepción de las canciones del cantautor cubano Silvio Rodríguez y su colega argentina Mercedes Sosa que acompañan los créditos finales.

El aparente interés del reconocido cineasta no es que pase juicio sobre las acciones de Guevara -ya que usted probablemente lo hizo mucho antes de entrar a la sala- ni cambiar su opinión sobre él. Claro está, Soderbergh quizás tomó la vía fácil al no exponer a los espectadores a los años más controvertibles del líder cuando fungió como director de varias agencias del nuevo Gobierno, etapa en la que se le acusa de haber realizado miles de ejecuciones y a las que se alude sólo en dos escenas.

Soderbergh está más interesado en las tácticas y estrategias de los guerrilleros para alcanzar el triunfo, limitándose a presentar los hechos recopilados en los diarios que escribió el legendario Che mientras participó en las revoluciones que lideró en Cuba y Bolivia durante las décadas del 50 y 60. El cineasta  estructura su narrativa tal y como si el libreto estuviese formado por las entradas de los propios relatos de Guevara.

Con este acercamiento distanciado a la figura del Che, Soderbergh se apropia del personaje. Mantiene al público al margen, sin un obvio interés por sacudir sus sentimientos, a lo largo de las cuatro horas y 17 minutos que duran en total los dos filmes. Esta experiencia se convierte en un ejercicio bastante arduo, aún para aquellos cinéfilos que gustan de las películas de largo aliento.

La primera parte del largometraje se le dedica a la Revolución Cubana, siguiendo los pasos de Ernesto Guevara desde su primer encuentro con el líder cubano Fidel Castro en Ciudad de México y a través de su batalla guerrillera hasta culminar con la derrota del ejército del presidente Fulgencio Batista. La cinta intercala estos eventos con la visita que el Che hizo a Nueva York en 1964, cuando habló ante las Naciones Unidas. La segunda mitad desarrolla su fallida revolución en Bolivia, en 1967, que terminó costándole la vida.

Por sí solas, ninguna mitad del filme funciona a cabalidad. Simplemente se sienten incompletas, por lo que es una lástima que se estrenen por separado. Es necesario ver ambas sin pausa, no sólo para distinguir sus fortalezas, sino también para apreciar su excelente narrativa parabólica; la primera al mostrar su gran victoria; la segunda, su mayor derrota.

Gran parte del renombrado elenco multinacional -compuesto por actores de México, Colombia, Alemania y Puerto Rico, entre otros países- consigue destacarse satisfactoriamente. Pero, obviamente, todos giran alrededor del magnetismo que proyecta Del Toro con una encarnación del Che que evoca su espíritu guerrillero sin jamás buscar la empatía del público. Su trabajo es digno de todos los premios y nominaciones que ha recibido y también de las que le faltan por conseguir.

Con "Che", tanto Soderbergh como Del Toro construyen una verdadera épica del cine independiente alrededor del hombre cuyo nombre es sinónimo de revolución. Exponerse a ella es ir dispuesto a someterse a la ambiciosa historia que ambos desean contar, independientemente de su opinión sobre Ernesto Guevara, y dejarse cautivar por un estilo de hacer cine de manera tan audaz y guerrillera como su personaje principal.

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