En un censo que se hizo en enero pasado, se identificaron 51 personas sin hogar en Altos de Cuba, Vega Baja. (Para Primera Hora / Nelson Reyes Faría)
viernes, 10 de febrero de 2012
Wilma Maldonado Arrigoitía / Primera Hora
Como una imagen contrapuesta, llega a la mente la foto de la mansión de $20 millones, los yates y la visión de una vida de lujo en la República Dominicana, desde donde presuntamente varios puertorriqueños traficaban drogas.
Nada que ver con las pieles cubiertas de úlceras, las dentaduras incompletas, los brazos marcados por las agujas, el paso lento, los cuerpos inclinados y la vida infortunada de los adictos en Altos de Cuba, en Vega Baja.
En esta comunidad en el mismo centro urbano de Vega Baja, golpea como una verdad ruin el hecho de que esa vida espléndida de los grandes narcotraficantes se logra a costa de la miseria de los que están impedidos de salir de la adicción a las drogas que distribuyen esos “empresarios”, quienes pocas veces pagan por sus delitos.
Jaime Sánchez López pudo tener una carrera en el béisbol porque se había desempeñado con éxito en las ligas de su natal Vega Baja. Sin embargo, en la década de los 80 comenzó su vicio por la heroína, que todavía, a sus 50 años de edad, no ha podido superar.
“Logré salir por varios años cuando estuve en Hogares Crea, en Arecibo. En estos momentos tuve situaciones, que no viene al caso, y recaí después de siete años fuera del vicio”, relató Sánchez López. “Estoy buscando un lugar para rehabilitarme porque no quiero estar en la calle”, añadió.
Tiene una esposa que lo ha acompañado durante 20 años en este ir y venir. Además de tres hijos que, según dijo, también “están sufriendo”.
Sin embargo, aunque fue a orientarse al centro de servicios que provisionalmente estableció la Administración de Servicios de Salud Mental y Contra la Adicción (Assmca) en Altos de Cuba, se marchó sin entrar a alguno de los programas de rehabilitación que le ofrecieron porque dijo que esperaría hasta ayer porque supuestamente su hermano le ayudaría en ese proceso, explicó la trabajadora social Nicole Figueroa.
Es probable que sea cierto lo que le dijo a la trabajadora social y que decida ingresar a algún programa de rehabilitación, pero antes de irse hizo saber su gran temor por el doloroso proceso de romper el vicio, que es la misma preocupación que acompaña a muchos adictos.
De hecho, José Otero estaba angustiado por esa etapa de desintoxicación que empezaría el miércoles cuando ingresaría a uno de los centros de Hogar Crea.
“Deséame suerte, que no me quede en esa rompeera”, pidió Otero a Primera Hora luego de insistir en su determinación de rehabilitarse. “Yo vine a hablar con el director de Assmca para ver cómo él me va a ayudar porque mis primeros días son críticos y necesito la medicación correcta y que estén pendientes a mí”, señaló.
Otero, de 33 años y quien cursó grados universitarios, dijo que su familia siempre trató de ayudarlo a salir del vicio, “pero yo he desaprovechado esas oportunidades”.
“Ahora me he dado cuenta que no puedo seguir donde estoy”, afirmó Otero. “Yo quiero tratar de organizar mi vida para arreglar mi casa, estar con mi papá, con mi familia, que ellos sepan que yo estoy recuperado, que no estoy dependiendo de un vicio, que estoy por ahí deambulando. Por esa parte, yo creo que ellos se van a poner contentos”, agregó.
El administrador de Assmca, Luis A. Martínez Suárez, señaló que tenían espacios suficientes para ingresar a alrededor de 20 personas que llegaron hasta la cancha de Altos de Cuba con interés de entrar a programas de tratamiento o albergue.
Assmca y el Gobierno Municipal mantuvieron el miércoles un área de servicios provisional en la comunidad donde ofrecieron servicios médicos y asistencia social a cerca de 80 personas durante una mañana.
El doctor Martínez Suárez dijo que en un censo que se hizo en enero se identificaron 51 personas sin hogar en Altos de Cuba, pero aclaró que cada caso debe multiplicarse por cuatro para tener un número más cercano a la realidad.
En tanto, el alcalde de Vega Baja, Iván Hernández, se comprometió a ofrecer ayuda para transportar a estas personas a los tratamientos ambulatorios que tendrán una vez se estabilicen y salgan de los distintos centros donde serían ingresados. El centro de metadona más cercano, por ejemplo, queda en Bayamón.
“Vamos a ubicar unos recursos para que a estas personas se les pueda dar seguimiento, ya sea a los participantes de los programas de metadona u otros, porque sabemos que tienen un gran problema de accesibilidad a esos servicios”, dijo Hernández.





