La madre del joven asesinado María Socorro Jorge Molina no puede perdonar aún al policía que le provocó la muerte a su hijo de un disparo en la cabeza. (Primera Hora / Andre Kang)
miércoles, 29 de septiembre de 2010
Maribel Hernández Pérez / Primera Hora
En su corazón de madre, no hay perdón para el policía que le asesinó a su hijo mientras se encontraba indefenso sobre el pavimento cuando intentaba ayudar a los agentes a atrapar a dos ladrones.
María Socorro Jorge Molina, madre del atleta José A. Vega Jorge, de 22 años, antes de comenzar la misa de cuerpo presente, en la que se despidió para ser cremado, exigió que no sólo se acuse al policía que le disparó a su hijo, sino a todos los que estuvieron en la escena que incurrieron en actos de negligencia y hasta contra los oficiales que ofrecieron información tergiversada.
“Yo no soy Dios, todavía no puedo perdonar esto que le hicieron a mi hijo, él tiene que buscar de Dios también, a ver si encuentra el perdón de verdad”, sentenció con estoicismo.
La mujer, a quien le sobreviven tres hijos varones, insistió en que el policía Abimalet Natal no escogió la profesión adecuada porque no tiene sentimientos, según lo demostró al disparar a mansalva contra su hijo y su amigo Ángel Plaza, quien vivió para contar lo que ocurrió.
Jorge Molina recordó y lamentó con el sacrificio con el que levantó a su familia y crió a sus hijos como ciudadanos de bien.
“Que se arrepienta, que piense en sus hijos, en sus hermanos y que cuando uno sale a la calle, uno tiene que salir con un corazón para darse a otras personas”, le recordó al policía novato.
Al mismo tiempo, reclamó a las autoridades que les radiquen cargos a todos los policías y supervisores que intervinieron en su muerte el miércoles por la noche.
“Todos son responsables, que acusen a los que estuvieron allí, a los que hicieron, los que no hicieron, los que no movieron un dedo para ayudar a mi hijo y lo dejaron desangrar”, exigió.
En los pasados dos días, a la mujer se le acercaron 11 personas para contarle incidentes en los que policías amenazaron con la vida de jóvenes inocentes.
La madre del joven dijo que está emocionada al ver lo mucho que amaron a su hijo y al ver la cantidad de personas que asistieron al velorio y al mismo tiempo dijo que al ver su rostro, exclamó “que le devolvieron a su hijo”, ya que lo había visto tan hinchado que estaba irreconocible.
Por su parte, el padre de José Alberto, Ángel Vega, aseguró que perdonó al asesino de su hijo. “Yo ya lo perdoné, que lo perdone el juez son otros veinte pesos. Yo no tengo ningún problema, él viene donde mí aquí si quiere pasar y verlo conmigo no habría ningún problema”, manifestó.
Vega aseguró que estaría encantado de conocer a aquellas personas a quienes les dio vida con el trasplante de sus órganos: un atleta de 17 años y dos niños de seis y nueve años, quienes recibieron sus riñones.
Durante la misa, que fue oficiada por el párroco de la iglesia Santa Clara en la urbanización Villa Fontana de Carolina, la primera lectura fue la del Libro de las Lamentaciones.
“Me han arrancado la paz y ni me acuerdo de la dicha”, se leyó.
Durante su reflexión, recordó que igual que Jesús, con su muerte, el joven les dio la vida a los demás e invocó una oración para que nuestra sociedad no se enfrente a tanta violencia. “Oremos, para que Puerto Rico sea menos violento y tenga menos miedo de vivir… líbranos del mal, de la violencia, del miedo y del olvido”, dijo el párroco.
Su amigo, Abad Martínez, leyó una carta, que supuestamente le fue inspirada el viernes por su amigo de la infancia, en la que exhorta a su familia a no olvidarlo.
“No estoy solo, ahora soy espíritu, ahora soy alma, ahora soy José Alberto, ahora soy Oreo, ahora soy ustedes”, terminó diciendo Martínez, quien se abrazó a la madre tras entregarle la carta.





