“Mami, hay dos soldados en la puerta”- Ve vídeo

 
 
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“Mami, hay dos soldados en la puerta”- Ve vídeo

María L. Robles recibe apoyo diario de una persona designada por el Ejército que la acompaña en el largo camino de la recuperación tras haber perdido a su esposo en Irak. La acompañan sus hijos, Carlos y Kevin. (Primera Hora / Gerald López-Cepero)

lunes, 21 de febrero de 2011
Bárbara j. Figueroa Rosa / Primera Hora

Si hay algo que María L. Robles nunca olvidará es aquella inesperada visita poco después de las 9:00 de la mañana que le hicieron dos militares de la Guardia Nacional (GN) el pasado 3 de enero.

Aquel día, “Lizzy”, como llaman cariñosamente a la mujer, amaneció algo inquieta. Es que apenas pudo pegar un ojo porque la noche antes no había logrado comunicarse con su esposo, el soldado José M. Cintrón Rosado, quien, a pesar de participar de una misión militar en Irak, acostumbraba a enviarle correos electrónicos y mensajes de texto diariamente.

Uno, dos, tres, cuatro intentos de comunicación por e-mail y nada. Fue entonces que Lizzy decidió llamar a la esposa del soldado José A. Delgado Arroyo, quien también había sido movilizado a la misma misión.

Esa llamada fue el primer presagio de una tragedia que estaba por conocer. “Albert”, como llamaban al compañero de Cintrón Rosado, había muerto en batalla.

Fue entonces que Lizzy, junto con sus dos hijos, Kevin y Carlos, de 12 y 14 años, respectivamente, se preparaban para visitar y consolar a la viuda del soldado caído.

Pero los planes y la historia cambiaron drásticamente cuando el mayor de sus retoños le dijo: “Mami, hay dos soldados en la puerta”.

Lizzy supo dentro de sí lo que significaba aquella visita, un capellán y un casualty notification officer.

Su cuerpo no lo resistió y cayó al piso. Su alma y corazón se hicieron trizas y estalló en llanto.

“Ay, Carlos, tu papá, tu papá”, le dijo al adolescente que abrió la puerta y dejó entrar a la sala de su hogar, en Vega Alta, a los soldados con sus uniformes de gala color azul.

En ese momento, ambos militares le notificaron a la familia que “Mike”, como llamaban cariñosamente a Cintrón Rosado, había fallecido a causa de una explosión que colapsó el vehículo en el que su esposo y Delgado Arroyo patrullaban. De primera instancia, no hubo más detalles.

“El capellán me levantó del piso y me dijo que tenía que coger las cosas con calma”, recuerda Lizzy que, como suele suceder en estos casos, cuestionó la noticia.

“Pero, ¿no será un error?”, les preguntó a los soldados que tristemente le dijeron que no.

“Realmente, cuando se abrió la puerta, quien recibió la noticia fue mi hijo mayor... para él, yo sé que eso va a ser algo que jamás va a superar”, agregó abatida por el dolor que representa haber perdido súbitamente al hombre con el que había emprendido una vida hacía más de 15 años.

Ahora, tras varias semanas y pasada la ceremonia fúnebre de su esposo, Lizzy dice reconfortarse en el apoyo que recibe a diario del casualty assistant officer (CAO), Nelson Santiago, la persona designada por el Ejército para que la acompañe en el largo camino de la recuperación.

“Desde aquel día (3 de enero), el Army siempre ha venido. Siempre han estado bien pendiente a mí y mis hijos”, dijo la viuda sobre la labor que realiza Santiago.

“El primer día que fui a su casa fue bien difícil. Uno camina hacia esa puerta esperando qué va a pasar con ellos y cómo nos van a recibir... hay mucho dolor. Todos nos sentimos en un estado emocional bien fuerte”, dijo el militar que en un momento dado de la entrevista con Primera Hora contuvo el llanto, tragando gordo. No hubo lágrimas, pero sí una mirada intensa que reveló las emociones encontradas que ha tenido durante el pasado mes.

Y, ¿hasta cuándo durará su intervención?, le preguntamos al soldado.

“Se supone que sea por un periodo de 180 días o hasta que sea necesario... Ahora mismo, yo estoy para ellos al alcance de una llamada telefónica”, expresó quien tiene la responsabilidad de coordinar a través de lo que el Ejército ha denominado el Survivor Outreach Services (SOS), las ayudas psicológicas y espirituales que necesitarán Lizzy y sus dos hijos para canalizar poco a poco la muerte de Mike. En el caso de la GN, esta responsabilidad recae en Edwin Ramos Jourdan, un civil contratado por la unidad militar para estos fines.

“Yo sé que ellos van a poder superar todo esto. Son personas de mucha creencia espiritual. Cogerá tiempo, pero tendrán consuelo”, auguró Santiago, quien tiene archivado en los recuerdos el día que el cuerpo de Cintrón Rosado arribó al aeropuerto de la Base Muñiz, en Isla Verde.

“Ella me dijo que, por favor, estuviera con ella. Entonces, la cogí de la mano y caminamos hacia el ataúd donde estaba su marido”, expresó Santiago, quien se ha convertido simbólicamente en su bastón.

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