Querida familia, para mí fue un gran orgullo poder ser, más que un gatito rescatado, un amigo incondicional y fiel. Yo mismo me disfrutaba mis propias ocurrencias y travesuras porque sabía que, con ellas, los hacía reír. Sé que mi partida dejó una huella profunda en sus corazones, pero confío en que esa herida sanará pronto, dejando, en su lugar, el tierno recuerdo de nuestros años juntos. Sé que nada ni nadie me sustituirá en sus corazones y eso es algo que atesoraré por toda la eternidad. Con cariño, hoy, mañana y siempre... Pinty.