Siempre a sus pies

10/21/2011 |06:25 p.m.
Primera Hora / Manuel González  
Una perrita rescatada no se separa de su adorado guardián, quien fue víctima de una bala perdida

Si le preguntaras a doña Gladys, a Sheila o al propio Ángel, seguramente ninguno te sabría decir con exactitud quién  salvó a quién. No obstante, madre, hija e hijo coinciden en que Summer Marie -una encantadora y juguetona satita de un poco más de un año y  medio- ha venido a traer distracción, alegría y, sobre todo, amor al hogar de esta familia que de un día para otro se vio sumida en la tragedia.

El instante que lo cambió todo
Todo comenzó hace dos años, cuando Ángel Cruz -quien, a la sazón, tenía 23 años- salió de su casa para divertirse con sus amistades. Pocos minutos después, a dos semáforos de distancia de su residencia, el joven recibió el impacto de una bala perdida en la cabeza. Lo que prosiguió al nefasto suceso fueron meses de pena, horror e incertidumbre ante la posibilidad de que el muchacho falleciera irremediablemente o que, de sobrevivir, jamás pudiera volver a hablar, a sonreír o a reconocer a sus seres queridos.

A causa de sus heridas, Ángel estuvo todo un mes en coma y cuando despertó, “no reconocía, no hablaba, no hacía nada”, rememoró Sheila emocionada. De hecho, en un momento dado, los médicos hasta recomendaron desconectar a Ángel de las máquinas que lo mantenían con vida. Entonces, en un último intento, la madre le suplicó al muchacho que diera alguna señal de vida y, para sorpresa de todos, ¡Ángel levantó un brazo!
Continuó relatando Sheila que “como a los dos meses (del incidente), lo trajeron a la casa, pero se tardó varios meses en recuperarse” tras las múltiples cirugías  a las que fue sometido. Y no empece a todos los esfuerzos de los médicos, la bala aún está alojada en el cerebro del joven.

Tristemente, una vez Ángel estuvo de vuelta en su hogar, la nube gris de la tragedia parecía no querer disiparse del entorno familiar. “El ambiente era depresivo. Era fuerte”, comentó Sheila entre lágrimas.

Ha llegado un ángel para Ángel
Quién hubiera pensado que, a pesar del penoso trance que vivían, a sus vidas llegaría una adorable perrita que se convertiría en la mascota querida de la casa y que vendría, literalmente, a rescatarlos  del abismo de su profundo dolor.

Según recordó Sheila, por aquellos meses en que su hermano apenas empezaba a recuperarse, “Summer  llegó a la veterinaria donde yo trabajaba. Cuando entré, no había nadie, estábamos solas ella y yo. Como no tenía récord, me le acerqué y empezó a ladrar. A mí me dio con sacarla para que se tranquilizara y, a partir de ahí, ¡no se me despegó nunca!”.

Con apenas tres meses, la perrita había sido encontrada en la calle en muy mal estado. “La doctora la recogió, la bañaron y la arreglaron”, recordó Sheila. No obstante, a la perrita se le habían concedido sólo 24 horas para que fuera adoptada, pero si nadie lo hacía, habían decidido sacrificarla.

Sin embargo, la semilla de la adopción de una mascota ya había sido astutamente sembrada por ambos hermanos, quienes siempre aprovechaban las páginas de Tus Mascotas para tirarle indirectas a doña Gladys de que un perrito era imprescindible en el hogar. De hecho, de las primeras palabras que Ángel pronunció cuando comenzó a volver a hablar fueron “perro, perro...”. Por eso, cuando Sheila conoció a Summer, “me enamoré de ella, sobre todo al saber que iba a ser eutanizada. Me la traje de noche a casa, escondida, y la saqué de madrugada”. Y, aunque doña Gladys le había dicho “que no, que no” a cuanta mascota regalada les habían ofrecido -incluyendo las de raza-, en cuanto vio a Summer Marie dijo: “Está bien, se queda”.

Como si supiera que conquistando a doña Gladys tendría techo y amor asegurados, lo primero que la perrita hizo fue estamparle un beso en los labios a la señora. ¡Y para completar, con Ángel hizo otro tanto!

El pacto, pues, estaba sellado. Sheila la había salvado de una muerte segura y Summer Marie, a cambio, los salvaría de su abrumadora tisteza.

Dulce compañía
Hoy día, Ángel se refiere a Summer Marie como “mi hija”. “Él no puede hablar mucho”, advirtió Sheila, “pero ellos se entienden. Él la corrige y le dice ‘¡Summer!’ y ella, derechita, tranquilita, obediente. ¡Lo respeta más a él que a nosotras! Lo sigue por toda la casa y no se aparta de él”.

Para doña Gladys, por su parte, la presencia de la perrita -brindándole constante afecto a su hijo y motivándolo a estar alerta, pendiente de ella, y a sacarla a pasear por los jardines de su condominio- es una inmensa bendición. Sobre todo porque los amigos de Ángel, aquellos muchachos que hasta dormían en su casa, “ya no lo buscan ni lo visitan. ¡Ni lo llaman! Sólo dos de las muchachas se acuerdan de él”, dijo con un notable dejo de tristeza en su voz.

Summer Marie, en cambio, siempre será su más dulce compañía y para Ángel representará la razón más poderosa para seguir adelante contra toda adversidad.

Un psicólogo opina

El Dr. Enrique Gelpí Merheb, psicólogo clínico, compartió con Tus Mascotas su opinión sobre los beneficios de los animales en las vidas de las personas con enfermedades crónicas o que han sido víctimas de alguna tragedia.

“En primer lugar, está el aspecto de la compañía. Normalmente, una mascota ofrece compañía, ofrece afecto incondicional. No hay ni que pedírselo. La mascota busca interactuar con la persona y ésta, a su vez, en su soledad, podrá sentir muchas emociones y manejar sus frustraciones. Aunque no pueda moverse, interactuar con otros ni salir como antes, esa compañía (de ese animalito) le aliviará y ayudará con sus frustraciones.

Por otro lado, una mascota también puede ayudar a redirigir la atención de la persona hacia otras cosas. O sea, ‘en vez de preocuparme por mi condición, le voy  a prestar atención. Voy a cuidarla, a jugar con ella, a corregirla’ . En otras palabras, la persona va a redirigir su atención hacia algo positivo.

Hay muchos estudios que comprueban que las mascotas ayudan en los aspectos de mobilidad y de recuperación motivando a la persona a moverse, a que tenga que hablar otra vez. Obviamente, siempre y cuando a las personas les gusten los animales y quieran aceptar las responsabilidades que ello implica.

En fin, hay múltiples historias milagrosas del impacto de las mascotas en nuestras vidas. Rescatan a personas de su incapacidad, rescatan a personas hasta de la muerte.

En el caso de Ángel, con la perrita Summer Marie hubo una conexión porque fue algo del destino. Y no deja de ser una ironía el que  dos seres vivos que  hasta se había pensado que se iban a morir, al final se hayan dado tanta vida mutuamente. Es una reconfirmación del impacto de las mascotas en la recuperación de los seres humanos”.