Edgardo Otero fue despedido de su trabajo en la oficina de Ornato del DTOP y lo que más le preocupa es la posibilidad de perder la tutela de la niña a la que cría y que pensaba adoptar. (Primera Hora / Vanessa Serra Díaz)
sábado, 6 de marzo de 2010
Maritza Díaz Alcaide / Primera Hora
No se trata solamente de que uno no reciba el cheque quincenal o de que tenga que cambiar drásticamente el estilo de vida.
Las cuentas se acumulan y las tarjetas de crédito están a tope porque con ellas se pagan la casa, la luz, el agua y el teléfono, pero eso no es lo más importante.
Edgardo Otero perdió el empleo en la oficina de Ornato del Departamento de Transportación y Obras Públicas en enero del año pasado y aunque atraviesa por todas las penurias anteriores -y muchas más- a él lo que verdaderamente le preocupa es que quizás se vea obligado a devolver la niña que el Departamento de la Familia le dio para criar, y que pensó adoptar junto con su esposa.
Son múltiples los “ajustes” a los que obliga el desempleo.
La depresión es uno y Otero, quien posee un bachillerato en recursos naturales, lidia todos los días con desesperanza porque busca trabajo y no lo encuentra.
Ayer, Otero fue el único cesanteado que se presentó a una charla que ofreció el Instituto Socioeconómico Comunitario (Insec) para los despedidos del Gobierno.
La charla se celebró en el barrio El Naranjo, de Vega Baja, un barrio pobre donde los efectos de la Ley 7 no han hecho estragos porque allí el desempleo no es cosa nueva.
Jovencitas con bebés al hombro, madres solteras, jubilados y ancianos se acercaron al lugar de la charla con otra intención: procurar otros servicios de Insec, tales como ayudas para arreglar sus viviendas: una puerta, ventanas y otros.
Cinco personas, sin embargo, escucharon atentamente la orientación que les ofreció Lisvel Matías , Rafael Torres y Ángel Figueroa.
Uno de ellos, Otero, quien ya está convencido de que quiere “sacar lo mejor de sí mismo” y abrir un negocio, sea de comida rápida o una franquicia.
Otro, el joven Luis Ortiz Colón, artísticamente conocido como “Jon el Salvaje”, quien estudia tecnología en mercadeo y sueña con abrir un estudio de grabación de música urbana y ser manejador de artistas.
También dos amigas suyas que están estudiando para convertirse en electricistas: Gladys Ortiz y Ana Meléndez.
El quinto que dijo que quiere ser empresario es Ricardo Rodríguez, quien ya labora con Insec en la reparación de viviendas.
Rodríguez dijo que quiere arreglar jardines, tarea que podría conllevar que se asocie con otros amigos de Los Naranjos.
Lisvel Matías les aconsejó a todos que identifiquen sus habilidades, que no se dejen llevar por las opiniones negativas de los demás; que busquen ayuda de organismos privados y de gobierno y que como reza la canción de José José, canten: “Ya lo pasado no me interesa; ya sufrí y lloré; todo quedó en el ayer; ya olvidé, ya olvidé”.





