viernes, 4 de diciembre de 2009
Sara m. Justicia Doll y Maelo Vargas Saavedra / Primera Hora
Mucho se habla de que en Puerto Rico los asesinatos se han disparado, pero una revisión a las estadísticas policiacas demuestra que existen 11 municipios donde su gente, su geografía, los alcaldes y la Policía han logrado que la paz impere y que no se registren muertes violentas en sus jurisdicciones.
Culebra, Las Marías, Orocovis, Jayuya, Lajas, Patillas, Rincón, San Germán, Florida, Moca y Maunabo componen el privilegiado grupo.
Manejar en carro hasta la punta sureste de Puerto Rico lleva a uno hasta Maunabo, mejor conocido como la Ciudad Tranquila. Allí, el turquesa del mar y las verdes montañas se combinan para crear un paisaje de ensueño, adornado por el faro de Punta Tuna y el embarcadero.
Toda una vida pasó en Estados Unidos, pero Obdulio Rodríguez, ya en el ocaso de su vida, prefirió regresar hace cinco meses a su pueblo junto a su esposa americana, Carol.
"Al principio, tenía miedo de venir para acá porque me habían dicho de la droga y de las muertes, pero aquí en Maunabo, aunque haya droga, se vive tranquilo", dijo Obdulio.
Su esposa disfruta mucho del clima y de que ellos viven en una casa en la montaña donde tienen su huerto casero. Recogen frutas y verduras que comen a diario y también crían animales.
"Las iglesias hacen muchas actividades que también ayudan a mantener la paz. Nosotros no vamos para San Juan, nos gusta aquí, estamos encantados de habernos retirado aquí. En Puerto Rico hay drogas y demasiadas armas, pero quizás por la localización geográfica tan apartado de todo aquí respiramos paz. Las familias aquí siempre están juntas”, dijo Carol.
En el embarcadero, a donde llegan diariamente pescadores con frutos del mar, daba un paseo Ramón Pinto Burgos, de 34 años, quien sufrió un accidente y está libre de trabajo en estos días.
“En Maunabo impera la humildad y nuestro alcalde se encarga de la juventud con los parques y los deportes. En la plaza, los sábados, siempre hay gente y ya como a la 1:00 de la madrugada la gente se retira a sus casas. El Alcalde lleva a los adictos a drogas al programa de metadona en Caguas en guaguas”, agregó Pinto.
Incluso, en el casco del pueblo, un letrero lee: “Queremos un Maunabo para Dios: Sin drogas, tabaco ni licor.”
En el municipio vecino, Patillas, también se respira mucha paz, aunque en una barra había bastante gente tomando en horas de la mañana. Uno de ellos era Francisco Rivera. El hombre, muy campechano, con cerveza en mano, recalcó que aunque la gente se dé su palito, “todavía en Patillas la religión está presente, se hacen procesiones, festivales y eso ayuda a que no haya tanto crimen y corrupción”.
En Patillas, su alcalde Benjamín Cintrón Lebrón tiene muy clara su estrategia de éxito.
“Tenemos seguridad en el casco urbano con cámaras de seguridad. Eliminamos los puntos de drogas y se educó al pueblo sobre la prevención. Tenemos programas para la juventud y los deambulantes y eso le subió la autoestima al pueblo. Junto a la Policía municipal y estatal, somos un ejemplo”, dijo el líder patillense.
Pero el oeste no se queda atrás. El alcalde de San Germán, Isidro Negrón, sostuvo que les “llena de alegría, no solamente que no han ocurrido asesinatos, sino que hemos logrado bajar la incidencia criminal a través de los códigos de Orden Público y del esfuerzo de la policía estatal y municipal’’.
Mientras tanto, para el comerciante Orlando Sentmanat, que opera su negocio de rellenos de papa a la entrada del pueblo sangermeño, se trata de un pueblo seguro, donde se respira tranquilidad.
La ciudadana Siara Ortiz dijo que le complace haberse mudado desde hace cuatro años, para la llamada Ciudad de Las Lomas, como se le conoce.
En el pueblo de la visitada Parguera, el alcalde de Lajas, Leo Cotté, expresó que ‘’ha habido una combinación magnífica de la Policía Municipal y estatal, por lo que gracias a Dios ha sido un año muy tranquilo y esperamos que así continúe durante todo el mes de diciembre’’, a pesar de las muchas actividades multitudinarias que se han celebrado en La Parguera y durante la Feria Agrícola del Valle de Lajas.
La ex legisladora municipal Miriam Ortiz dijo que “lo que pasa es que los lajeños nos consideramos una sola familia’’.
En el mismo corazón montañoso de la Isla, en el pueblo de Jayuya, el alcalde Jorge González Otero manifestó que "el no tener asesinatos se debe en nuestro municipio a nuestro tranquilo medioambiente, separado de tanta cosa del área metro y del área sur, la situacion geográfica. Creo que es en la forma en que vivimos los jayuyanos, las relaciones que hay entre los componentes familiares, es una tierra donde nos conocemos todos y reina la cordialidad”.
En Jayuya, como en Orocovis, otro de los pueblos sin asesinatos, los jóvenes se distraen con deportes como el dominó, el billar, la pelota, el baloncesto, cabalgatas y festivales.
Según el alcalde orocoveño, Jesús Edgardo Colón Berlingeri una de las evidencias más contundentes de la paz que se vive en su pueblo es la población que reside en el barrio Pellejas, sector La Novilla, donde el 40 por ciento de las personas que viven allí se han mudado desde la ciudad para retirarse en el lugar. “Lo han hecho en busca de armonía y paz. Acabamos de tener el Festival del Pastel, vinieron 30 mil personas y no pasó ningún incidente que lamentar”, destacó Colón Berlingieri.





