Murió Yoli, la perrita milagrosa

 
 
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Murió Yoli, la perrita milagrosa

El can murió la madrugada del domingo luego de que sus intestinos dejaran de funcionar. (Primera Hora / Heriberto Castro)

miércoles, 30 de junio de 2010
Libni Sanjurjo Meléndez / Primera Hora

Probablemente Yoli nunca entendió lo que su vida significó para muchos.

Ella fue “símbolo de vida y esperanza” en medio de la cruel matanza de animales que conmocionó al país en octubre de 2007, cuando se descubrió que decenas de perros y gatos fueron lanzados desde lo alto del puente Paso del Indio en Vega Baja. La perrita fue una de apenas dos sobrevivientes.

Para la familia que la adoptó, Yoli era más que una mascota que trajo alegría al hogar de Maritza Rodríguez.

“Ella fue para mí y para mi familia tan especial. Nos enseñó paciencia, perdón, amor incondicional: el echar pa’ lante en un momento tan difícil. No guardó rencor, no parecía una perra afectada por la experiencia”, expresó Rodríguez.

Desde la masacre, Yoli vivió tres años, pero los rastros de aquel acto inhumano permanecieron vivos en su cuerpo: perdió una pata, no controlaba las funciones de orinar y defecar ni tenía total movimiento en la cola, lugares donde los nervios dejaron de funcionar. Utilizaba pañales.

Aun así, vivió hasta la madrugada del domingo, cuando sus intestinos dejaron de funcionar. No pudo reflejar síntomas por el problema con los nervios. “Como ella no tenía sensación, ese mensaje no le llegó al cerebro y se mantuvo comiendo. Nunca me enteré de que algo andaba mal”, explicó la también rescatista de animales.

Pero sus limitaciones no impidieron que Yoli fuera “feliz”; es más, dice Rodríguez, ella “nunca se enteró de sus limitaciones, para ella todo era posible. Eso ha sido una lección bien en grande”.

el caso sigue abierto

A nivel local, los sospechosos de la masacre –el dueño de Animal Control Solutions, Julio Díaz, y dos empleados– fueron exonerados bajo la Ley de Maltrato de Animales. En el foro federal, sin embargo, sigue viva la demanda que presentaron los dueños originales de los animalitos, de los residenciales públicos Plazuela, Dávila Freytes y Quintas de Barceloneta contra el Municipio, que les quitó los animales que fueron más tarde asesinados.