Nada de dorada la vejez

 
 
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Nada de dorada la vejez

Según un estudio de equidad económica, nuestros viejos reciben, ya sea a través del seguro social o pensión y otras ayudas estatales, un promedio de $12,000 al año, suma que prácticamente no les da para vivir con dignidad. (Archivo)

lunes, 18 de julio de 2011
Leysa Caro González / Primera Hora

Han amado, servido, se han sacrificado. Han luchado contra las enfermedades, las injusticias y les han dado el frente a las adversidades.

Hoy representan casi una cuarta parte de nuestra población. Y, lamentablemente, viven en medio de la pobreza, escogiendo día a día entre la comida, el pago del agua o la compra de las medicinas.

Son nuestros viejos. Esos de quienes decimos que viven en la mal llamada “edad dorada” por tener 65 años o más, una etapa carente de cualquier tipo de brillo o glamour.

La mayoría trabajó por más de 30 años y no, precisamente, sentado en un escritorio. Unos lo hicieron cortando caña de sol a sol, arando caminos para la cosecha o recogiendo café.

Pero, el sacrificio, para muchos, hoy parece no rendirles los frutos esperados. Según un estudio de equidad económica, comisionado por la Procuraduría para las Personas de Edad Avanzada, nuestros viejos reciben, ya sea a través del seguro social o pensión y otras ayudas estatales, un promedio de $12,000 al año, suma que prácticamente no les da para vivir con dignidad.

Sus gastos mensuales sobrepasan los $2,000, para un total de $24,000 anuales. Esto es el escenario de una persona de 65 años o más, que vive sola y que padece diabetes, hipertensión y artritis, condiciones típicas de la vejez. “Es una situación lamentable la que están viviendo la mayoría de las personas de edad avanzada”, indicó la ex procuradora de Edad Avanzada Rossana López.

El estimado no contempla la difícil situación económica que atraviesa el país hace unos años, por lo que la ex funcionaria no descartó que la situación de nuestros viejos y de quienes hacen el sacrificio de cuidarlos y proporcionarles su sustento sea aún más precaria.

“Imagínate cómo estarán ahora. Los hijos desempleados y el aumento en el costo de vida, porque todo ha aumentado, inclusive los alimentos”, sentenció López al sostener que entre los más afectados está la clase media baja que no tiene acceso a ayudas gubernamentales como el plan de Salud y Asistencia Nutricional.

Los viejitos que viven solos tienen que hacer de tripas corazones para estirar los pesitos, pero la misma situación la atraviesan los familiares que han asumido su cuidado, que muchas veces no sólo llevan sobre sí la carga económica y emocional de su núcleo sino también la de sus padres.

Entre el par de miles de dólares que hay que buscar para el sustento de los progenitores, la mayor partida se va en los alimentos y servicios básicos, como es el pago de las utilidades y de los servicios médicos.

“El 44% de la población de más de 65 años está bajo el nivel de pobreza, pero si lo comparamos a nivel federal, sería el 71%”, sostuvo López.

Para aquellos que optan por ubicar a sus progenitores en hogares sustitutos, la situación no es mucho más alentadora, aunque físicamente podría representarles un alivio.

Eddie García, subsecretario de Familia, agencia encargada del licenciamiento de los 730 hogares sustitutos, expresó que el precio fluctúa entre los $900 y $1,150 mensuales, pero todo depende del tipo de cuido que requiera la persona, así como la ubicación geográfica del lugar.

“No va a pagar lo mismo por un centro en Jayuya que uno en San Juan”, precisó García al agregar que en algunos casos la agencia subvenciona el servicio a personas de escasos recursos económicos.

Según, estipulado por ley, los operadores están obligados a ofrecer los servicios de cuidado, aseo, higiene, servicios médicos, alimentos y actividades sociales y recreativas.

Aun así, el familiar tiene que costear la vestimenta, el deducible de algunos medicamentos y suplementos vitamínicos que no estén incluidos en la cubierta médica, entre otras necesidades.

José Acarón, director ejecutivo en Puerto Rico de la Asociación Americana de Personas Retiradas (AARP), fue más allá en cuanto al costo del cuidado de una persona de edad avanzada.

Explicó que, según estudios hechos por la organización, los precios entre los hogares de cuido prolongado, en promedio, inician en $1,100 si el nivel del paciente es de independencia.

Si está en silla de rueda con asistencia o encamado, el costo podría estar en los $1,500. Para los pacientes de Alzheimer, el promedio es de $1,300. “El costo, como puedes ver, depende de muchos factores. Por eso existe una preocupación entre las personas -en esta etapa- por su cuidado futuro”, comentó.

En cuanto al uso de un ama de llaves en el hogar, Acarón indicó que el cobro podría rondar entre los $11 y $17 la hora, si incluye el cuido nocturno. Mientras, el cuidado diurno en un centro privado está entre los $550 y $600 mensuales, sin incluir los fines de semana.

Pero, sólo el 4% de las personas de más de 65 años viven en centros de cuidado. Ésto no quiere decir que más hijos asumen el cuidado de sus padres, sino que culturalmente es así.

“No es que se hagan cargo, por lo menos reciben alguna llamada. La situación de ligereza, la falta de sensibilidad que hemos generado en una población joven que no tiene respeto a los mayores, los hacen más susceptibles”, explicó.

Acarón resaltó que hay muchos ancianos preocupados por su futuro. Según un estudio realizado, el 36% de este sector está “extremadamente preocupado” y un 16% adicional, “muy preocupado”.

Pero, cómo no estarlo si las razones sobran. El ingreso que recibirán dentro de poco se limitará a un cheque del Seguro Social; no son bien vistos para trabajar y si reciben pensión, un aumento en la misma es poco probable.

A esto se suma que no existe una cultura de ahorro o que, a lo mejor, la intención está, pero no el dinero.

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