Las personas que enfrentan la pérdida de una figura tan significativa como un hijo se sienten incómodas de llorar y que se les juzgue por continuar la pena. (Archivo)
lunes, 14 de diciembre de 2009
Arys L. Rodríguez Andino / Primera Hora
El proceso para manejar la pérdida de un ser querido es tan diverso como el número de personas que lo experimenta.
Hay quienes se aíslan para procesar su dolor y quienes ventilan el llanto sin importar ser observados.
Según el psicólogo clínico Alfonso Martínez Taboas, hasta hace cerca de 10 años la idea que se tenía era de que lo más saludable era, de cierta manera, cerrar el vínculo con la persona fallecida.
“Era soltar a la persona que murió. No olvidar, pero no seguir hablando de la persona, desligarse emocionalmente. Si no, se pensaba que te estabas estancando en el proceso de sanación”, explicó sobre la visión que se tenía en el pasado.
Pero, las investigaciones recientes señalan lo opuesto.
“Lo que se dice es que hay que hablar del muerto, celebrar su existencia. A mucha gente le ayuda. Es una manera de festejar que esa persona estuvo contigo. No es de pena ni de sentarse a llorar”, señaló Martínez Taboas.
La manera en que se canaliza la muerte depende, también, de la relación que se haya tenido con la persona fallecida.
“Depende del familiar, de si tuviste una relación saludable. Eso hace que recuerdes al familiar sin tanta pena, con emociones positivas. Pero si tu relación fue conflictiva, con muchas peleas, eso tiene el potencial de hacer daño en el proceso de luto”, abundó.
Se supone que si una persona ha superado la pérdida pueda “hacer todo lo que tiene que hacer”. “Por eso mucha gente necesita consejería”.
Acerca de las reuniones de grupos como Los Amigos Compasivos, donde padres y madres que han perdido hijos e hijas conversan sobre su pérdida y lloran en libertad, el psicólogo dijo que puede ayudar, pero debe evitarse caer en un tipo de masoquismo.
“El solo hecho de que haya gente contigo y gente con empatía ayuda. Cualquier grupo de apoyo tiene un propósito final, que es aprender a lidiar con algo. El grupo debe facilitar el proceso para salir fortalecido. No es que cada uno se coja pena. Eso sería hundirse en una patología”, advirtió Martínez Taboas.
Las personas que enfrentan la pérdida de una figura tan significativa como un hijo se sienten incómodas de llorar y que se les juzgue por continuar la pena. Reunirse con sus pares les permite fluir con más comodidad.
“Mucha gente con esos dolores emocionales no los comentan porque piensan 'para qué, si yo sé lo que me van a decir'. Hay más empatía cuando hablas con alguien que pasó más o menos lo mismo. Si tiene que llorar, no se cohíbe, se canaliza la pena saludablemente”, analizó.
La Navidad y las fechas significativas añaden más dolor al sufrimiento que se experimenta con los fallecimientos.
De acuerdo con el psicólogo, a veces las personas no se dan permiso para disfrutar porque sienten que eso sería faltarle al luto.
“Piensan que si gozaran de la Navidad le estarían faltando a la persona fallecida. Pero no todo se acaba cuando una persona muere”, formuló, y señaló que a algunas personas les ayuda hacer álbumes de fotos. Igualmente, hay otras que empiezan a sanar cuando queman o regalan todas las pertenencias de la persona fallecida.
“Hay un menú de opciones. Depende de la persona, del familiar y de cómo haya sido la relación”.





