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Visa para un sueño

lunes, 28 de abril de 2008

Adela Dávila Estelritz / Primera Hora


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Todos en la vida buscamos un propósito. Hay quienes aspiran a ser adinerados y poderosos, y quienes sueñan con descubrir una cura para una enfermedad o con encontrar la manera de acabar con nuestra dependencia del petróleo. Por otro lado, de un modo más modesto, pero igual de significativo, hay personas que, luego de años de haberse dedicado a una profesión que nos les “llenaba”, se aventuran, por fin, a hacer un cambio radical y a perseguir su sueño.

Eso es, precisamente, lo que le sucede a Mariano (no es su verdadero nombre), quien no sólo encara el reto de trabajar en algo que siempre le gustó -pero en lo que nunca había trabajado de lleno- sino que enfrenta la oposición de su esposa, Irma, y sus hijos Julio y Omar (también cambiamos todos sus nombres).

La situación

Mariano tiene 39 años y desde los 21 se ha dedicado exclusivamente a la publicidad. En ese gremio -famoso por sus sueldos “hermosos”- él se ha distinguido en innumerables ocasiones como redactor creativo. Pero, aunque las letras han sido su “pan de cada día”, en realidad su pasión es la literatura. Por este motivo, Mariano ha decidido renunciar a su puesto en la agencia de publicidad en la cual trabaja y aceptar una oferta en una editorial. La diferencia en sueldo es sustancial, pero, según él, las recompensas emocionales, intelectuales y, por qué no decirlo, espirituales, serán muchas.

Claro está que, como los ingresos cambiarán, el estilo de vida de la familia tendrá que ajustarse al nuevo sueldo y aquí es donde la cosa se complica, pues es el centro de la oposición de la familia de Mariano al cambio que quiere hacer en su vida.

Como de costumbre, la pareja nos pidió consultar su caso con Andrés Colberg, psicokinesiólogo y psicoterapeuta, y asiduo colaborador de esta sección.

Él dice

“Aunque siempre trabajé en publicidad, por lo que me he distinguido ha sido por mis dotes de redacción. Toda mi vida, desde pequeño, he escrito y mi ilusión siempre fue dedicarme a la literatura. Como no pude hacerlo cuando empecé a trabajar, entré al mundo de las letras por medio de la publicidad. Con el paso de los años, según me fui haciendo de un nombre, mi fama aumentó y se dio la coyuntura que de una editorial me hicieron un acercamiento. Cuando me entrevistaron, descubrí que había la posibilidad de que me publicaran dos libros de cuentos que tenía escritos desde hacía tiempo. Para sorpresa mía, se vendieron como pan caliente y ahora me han pedido más, y hasta me dieron un adelanto para tres obras adicionales. O sea, que por fin puedo dedicarme a lo mío. Y, aunque tendremos que hacer unos ajustes en casa, con el dinero de los adelantos, más los ahorros, creo que podremos hacer la movida. Ojalá Irma comprendiera lo importante que esto es para mí”.

Ella dice

“Me duele tener que dar la nota discordante en el sueño de Mariano, pero, con dos muchachos adolescentes, no creo prudente que a sus 39 años él le dé un giro tan dramático a su vida. Dentro de poco, nuestros hijos irán a la universidad y me preocupa cómo vamos a correr con esos gastos si Mariano se dedica a la literatura y no le va bien. De hecho, los mismos nenes han cuestionado lo que esto significaría en nuestras vidas. ¡Si hasta me han preguntado si podríamos perder la casa! Creo que lo más sabio sería que mi esposo siguiera trabajando en publicidad y que en su tiempo libre se dedicara a escribir lo que le gusta. Así, él haría su sueño realidad y nuestra vida no se afectaría tanto”.

La opinión experta

Como de costumbre, luego de analizar la situación de Mariano e Irma, Andrés Colberg expuso lo siguiente: “Conozco un ‘zorro viejo’ que me dijo un día: ‘Ya a los cuarenta, no metemos tanto la pata. Pero, no porque estemos más sabios, sino porque el tiempo pasa y nos recuerda que no nos podemos seguir dando el lujo de meterla’.

A sus 39 años, Mariano está en una coyuntura particular. Se le presenta la oportunidad para alterar el rumbo de su vida y darle la dirección -desde hace tiempo deseada- de su felicidad. Primero, nada lo obliga a hacer realidad su sueño ni a hacerlo ahora, aunque sería chévere que lo lograra. Él es libre hasta de sus aspiraciones.

Segundo, no sabemos si Irma trabaja fuera del hogar. Pero, ante la posibilidad de un ajuste económico como el que podría darse si Mariano cambia de carrera, una opción a considerar debería incluir que ella aportara una cantidad mínima. Además, los chicos son preuniversitarios y se les debe integrar a las medidas de austeridad para proteger el presupuesto familiar.

Tercero, Mariano no tiene que escoger entre la publicidad y la literatura. Es un hecho que muchos redactores creativos, una vez crean su nombre y se convierten en ‘vacas sagradas’, se van de agentes libres (free lancers) y el pan no les falta. Por otro lado, ¿qué mejor evidencia de su éxito que el hecho de que la propia compañía editorial le hizo el acercamiento, el negocio y el adelanto por tres obras más?

Cuarto, el miedo es natural en esta situación. Pero, Mariano no necesita recordatorios de lo mal que le puede ir. Él es el proveedor y si se atemoriza, si se siente inseguro de poder ejecutar, si le parece que la familia le retira el apoyo, podría fracasar en su empeño.

Por otro lado, para asesoría financiera en cuanto a esta gesta, sería mejor que consultaran con un contable.

Por último, aunque yo me limito a pensar con Mariano e Irma en voz alta y a explorar sus alternativas, algo me dice que mi amigo, el ‘zorro viejo’, le diría a Mariano: ‘Tírate de pecho’”.

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