Cuesta dejar el valor sentimental
Los artículos electrónicos son frecuentemente llevados a casas de empeño. (Primera Hora / Andre Kang)
lunes, 5 de mayo de 2008
Francisco Rodríguez-Burns / Primera Hora
La videocámara le costó $299 pero la empeñó por $20. Necesitaba dinero rápido y, por tal razón, acudió a una casa de empeño en Santurce para concretar la transacción.
“Dámelo, está bien. Necesito el dinero”, sostuvo la editora de vídeo Lee Anderson, de 40 años y oriunda de Nueva York, mientras intercambiaba el artículo electrónico por dinero en efectivo.
Para sufragar los gastos de hospitalización de su marido, ingresado en un hospital capitalino, la mujer acude frecuentemente a las casas de empeño. Entrega artículos que le costaron “toda una vida de trabajo”. Entre sus pertenencias empeñadas más preciadas figuran numerosas joyas que rindieron suficiente dinero para sufragar algunos gastos cotidianos.
Aunque la mayoría de los artículos los recobra, pagando los altos intereses estipulados por ley, sus visitas a los establecimientos evidencian su desesperada situación económica por un marido que requiere de una operación quirúrgica.
“El dinero de los programas de asistencia social no alcanza y la realidad es que en Puerto Rico no hay casi trabajo”, sostuvo.
Empeño ante estigma
El patrocinio de las casas de empeño es perseguido por un estigma que marca la desesperación económica de clientes que requieren dinero rápido para saldar una deuda.
Pero la práctica, que data de tiempos griegos y romanos, fue vista históricamente como una transacción respetable, practicada por figuras de renombre y con una alta posición social.
Por ejemplo, la reina Isabel empeñó sus joyas para financiar el primer viaje de Cristóbal Colón al Nuevo Mundo. La práctica también es común en China, donde se ha convertido en una tradición.
Leyes estrictas
En diferentes jurisdicciones estadounidenses, incluyendo Puerto Rico, se han aprobado leyes para evitar el empeño de materiales robados. Aun así, las casas de empeño se han vinculado a elementos del bajo mundo a pesar de las regulaciones que requieren que los dueños de los negocios alerten a las autoridades de cualquier artículo comprado de un cliente.
Operarios de puntos de droga -en ocasiones- son utilizados como intermediarios entre ladrones y dueños de casas de empeño para facilitar la transacción. Algunas de estas transacciones se realizan aunque a los clientes se les requiere el nombre, dirección y una firma en un recibo que constituye una declaración jurada sobre la procedencia del material.
A pesar de que cada casa de empeño requiere un permiso especial para operar, las autoridades también apuntan a que muchas joyerías aceptan empeñar artículos sin que medie un recibo de la transacción.
Los comercios que incurren en esta práctica ilegal, por carecer de un permiso de la Oficina del Comisionado de Instituciones Financieras, pueden estar sujetos a multas que fluctúan entre los $50 y $500.
La seguridad de los establecimientos es extrema por los artículos depositados en sus cajas fuertes, así como la creciente cantidad de personas que acuden a ellas diariamente. Los clientes usualmente son atendidos por cajeros que laboran detrás de cristales antibalas.
Pero como el resto de la población puertorriqueña que vive al cheque, la mayoría de los clientes de las casas de empeño parecen ser ciudadanos como Anderson, que reconocen la fragilidad de su situación económica.
“Cualquier cosa que tenga un valor sentimental lo recobro en poco tiempo. Lo que no vale, nunca lo valió”, sostuvo.




