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El aroma del recuerdo

Mitsouko, de Guerlain (Primera Hora/Gerald López-Cepero)

martes, 29 de abril de 2008

Adela Dávila Estelritz / Primera Hora


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De todos nuestros sentidos, ninguno se compara con el olfato. La capacidad para percibir y discernir entre fragancias está muy arraigada en la parte más primitiva de nuestro cerebro, lo que la conecta, directamente, con nuestros impulsos más básicos como el hambre, la sed... y el instinto sexual. No es de extrañar, entonces, que, teniendo la aptitud para reconocer entre más de mil aromas distintos -y para asociar diversos olores con ciertos recuerdos y emociones-, el ser humano sea tan susceptible a la magia de los perfumes.

Acompáñanos para conocer cómo se desarrolló esta industria, así como algunos de los perfumes clásicos y otros más nuevos, para él y para ella.

Un arte antiquísimo

El deseo de combinar aromas y la necesidad de crear perfumes son casi tan antiguos como la humanidad misma. Por lo que se desprende, hace 4,000 años ya en la isla de Chipre existía una perfumería que producía fragancias a gran escala. Y alrededor del año 1,000 a. de C. los chinos, cartagineses, hindúes, árabes e israelitas -amén de los griegos y los romanos- habían hecho de la manufactura de esencias toda una ciencia.

De hecho, la civilización occidental hereda la palabra perfume, precisamente, de los romanos. El vocablo original era en latín y constaba de dos palabras, per y fumus, que significaban “por el humo”. Esto aludía al hecho de que las primeras fragancias que se desarrollaron eran en forma de inciensos hechos con resinas, hierbas y madera, y se usaban para quemarse durante actos religiosos.

Los egipcios, por su parte, como fueron los que se inventaron la forma de hacer vidrio, crearon, a su vez, el primer vehículo ideal para envasar esencias que fueran más perdurables. Más aún, los nativos de la tierra de los faraones fueron también de los primeros en otorgarles a los perfumes un valor casi sobrenatural, razón por la cual, cuando se iban al otro mundo, se llevaban sus frascos de esencias consigo.

Pero, hasta ahora, nadie ha superado a Cleopatra en su pasión por las fragancias. La reina del Nilo obligaba a su séquito a que perfumara el ambiente delante y detrás de sus barcazas y carrozas para que todo el mundo supiera que estaba por llegar o acababa de pasar por allí.

Un mundo de olores

El monopolio -por así decirlo- de los egipcios con el perfume no duró mucho. Las huestes romanas, al invadir a este país africano, descubrieron los méritos del perfume y rápidamente lo trasladaron a sus templos donde los olores agradables se convirtieron en prueba contundente de la presencia de los dioses.

Por su parte, cuando los árabes se esparcieron por Europa, la reina Isabel de Hungría de inmediato incorporó su hábito de perfumarse a su toilette personal. De hecho, se especula que fue, precisamente, en Hungría -allá para 1370-, donde, por primera vez, se creó un perfume moderno (Agua de Hungría), combinando aceites esenciales con alcohol y envasándolo en un frasco de cristal.

Con el tiempo, la política, la religión y los mercaderes se encargaron de diseminar la práctica por todo el continente europeo. Y uno de los países que mayor acogida le dieron al hábito de perfumarse fue Alemania. De hecho, inspirada en la ciudad alemana de Colonia es que se desarrolló lo que hoy conocemos como 'agua de colonia'.

Italia y, por supuesto, Francia no se quedaron atrás y ya para los 1700 París era conocida como la meca de los perfumistas.

Unisex fue lo pimero

Si pensabas que las fragancias unisex, que pueden ser usadas lo mismo por hombres que por mujeres, eran algo nuevo, te sorprenderá saber que los primeros perfumes los usaban lo mismo ellos que ellas. Y es que las primeras fragancias envasadas eran bien elementales. Para elaborarlas, se utilizaban destilados, extractos y aceites de flores y plantas para obtener un aroma en específico. Así, algunas de las primeras fragancias olían, exclusivamente, a rosa, lavanda, sándalo, jazmín, geranio, cedro o pachulí, entre otros aromas que no estaban vinculados ni con un sexo ni con el otro.

De hecho, no es sino hasta el siglo XIX que, gracias al avance de la ciencia, los perfumistas pudieron recrear, de manera sintética, algunos de los olores que se hacían más difíciles o costosos de elaborar.

Otros ingredientes naturales

A medida que los perfumistas fueron perfeccionando su arte, descubrieron que sustancias que, por sí solas, podían hasta resultar repugnantes, cuando se usaban como fijadores en combinación con otras esencias naturales y aceites esenciales, producían resultados poco menos que celestiales.

Algunas de esas sustancias poco glamorosas son: almizcle (musk), sacado de una glándula ubicada en el, ejem, trasero de algunos animales como el toro o el ciervo almizclero; ambergris, obtenido de la esperma de ballena; castoreum, que proviene de una glándula en los castores.

Pentagrama de olores

Igual que sucede con una composición musical, un buen perfume debe ser elaborado con tres notas distintivas. La primera es la nota principal o de cabeza. Éstos son los aromas que percibimos de primera instancia, pero, son los que se evaporan primero. Les siguen las notas centrales o de corazón, que son más intensas y de mayor durabilidad. Con éstas, se define mejor la “personalidad” de la fragancia. Por último, están las notas finales o de fondo, que son las más fuertes y las que duran por varias horas.

Hoy día

En la actualidad, los perfumes contienen entre 78% y 95% alcohol etílico desnaturalizado y el resto son aceites esenciales, en conjunto, hacen una fragancia en particular. Pero, para que una esencia pueda llamarse perfume, es preciso que contenga al menos 22% de aceites esenciales. Menos de eso, entre 15% y 22%, hace que se le denomine agua de perfume (eau de parfum). A esta clasificación les siguen el eau de toilette -con entre un 8% y un 15% de aceites esenciales-; el agua de colonia (eau de cologne), con sólo 4% de aceites esenciales; y el eau fraîche, con entre 1% y 3%.

Los que dejaron huellas

Algunas fragancias inolvidables han sido:

Para ellas

-Narcise Noir, de Caron, existe desde el 1911 y sigue siendo considerado un perfume elegante y seductor.

-L’Heure Bleue, de Guerlain, originado en 1912, está inspirado en una conmovedora historia de amor de la India.

-Mitsouko (1919), también de la casa Guerlain, es un perfume clásico y muy adulto. Su nombre significa 'misterio', en japonés. Ésta fue la primera fragancia para la cual se usó esencia sintética de melocotón.

-Pocas fragancias han hecho tanta mella en la conciencia universal como el perfume Chanel No. 5. Creada en 1921 por la renombrada modista Coco Chanel, No. 5 trasciende las barreras del tiempo y las culturas.

-Shalimar (1925) de Guerlain es una fragancia oriental con notas de bergamota y vainilla. Por años fue el primer perfume “fino” que se les obsequiaba a las jovencitas.

-Arpège de Lanvin (1927) es una intoxicante combinación de bergamota, rosa, lirio del valle y sándalo, entre otras esencias.

-Joy de Jean Patou, de 1930, con sus notas de rosa, tuberosa, jazmín e ylang ylang, sigue siendo uno de los más cotizados.

-Blue Grass, de Elizabeth Arden, vio la luz en 1934. Sus primeras notas son de lavanda y naranja, pero se afianza con esencia de claveles y almizcle.

-White Shoulders (1945), también de Elizabeth Arden, complementa jazmines, gardenias y lirios del valle con almizcle y sándalo.

-Vent Vert (Balmain, 1947), en el cual cítricos, frutas, plantas y almizcle producen un aroma, precisamente, verde.

-Estée Lauder estrenó Youth Dew en 1953, una inolvidable combinación de bergamota, clavo, canela, vainilla y pachulí.

-Diorissimo, de la casa Dior (1956), es la esencia floral por excelencia.

-De la casa Jean Desprez, Bal á Versailles viene causando furor desde el 1962. Oriental y floral, es un perfume muy refinado.

Para ellos

-Eau de Cologne Impériale (1853) de Guerlain. Verbena, lavanda, cedro, limón y naranja, la hacen refrescante y masculina.

-Mouchoir de Monsieur (1904), también de Guerlain, combina cítricos, especias orientales, lavanda y musgo para un toque muy varonil.

-Pour un Homme (Caron, 1934), es una oda a la frescura aromática de la lavanda con un toque de vainilla.

-English Leather (Dana, 1949) todavía es uno de los primeros que los hombres usan. Las notas distintivas son de maderas y, por supuesto, cuero.

-Eau d’Hermès (1951), de la casa del mismo nombre, es una sofisticada combinación de cedro, sándalo, comino y musgo.

-Chanel Pour Monsieur (1955), de Chanel. Lanzada como “la colonia de los caballeros”, esta fragancia a base de limón, cardamomo, cedro y vetiver es atemporal.

-Aramis (1965, Estée Lauder), desde su lanzamiento, sigue siendo un perfume clásico para el hombre elegante.

-Eau Sauvage (1966), de Christian Dior, es la fragancia cítrica por excelencia. Sus notas de limón, romero, albahaca y vetiver son, hasta ahora, inigualables.

Para ambos

-De la casa Wilhelm Muhlens, 4711 es una fragancia fresca y ligera, que, aunque data del 1792, nunca ha perdido su vitalidad.

-Jean Marie Farina Extra Vieille, de Roger et Gallet, también se distingue por su aroma vivaz y refrescante.

-El Agua de Florida de Murray y Lanman, que data del 1908, aún sigue en boga.

-Con sus notas cítricas, Acqua di Parma, del 1916, sigue siendo juvenil y contemporánea.

-Royal Bain de Champagne (1941, Caron) es refrescante y sutil con un toque oriental. Para la dama, es ideal para la noche; para el hombre, es perfecta para el día.

-Virgin Island Water (2007, Creed) es un delicioso coctel de aromas, que combina bergamota, lima, jengibre y ron blanco.

-Anick Goutal Eau d’Hadrien (1981), con sus esencias cítricas y de maderas, es una de las colonias más duraderas.

-Hermès lanzó en el 2003 Un Jardin en Méditerranée. Su mezcla de maderas y hojas de higo, azahar, bergamota y laurel la hace moderna y unisex.

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