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Imágenes de archivo de las ejecuciones en masa en Corea del Sur. (Prensa Asociada)

Espantosos testimonios

miércoles, 9 de julio de 2008
Actualizado hace 95 días
(00:00 a.m. )

Prensa Asociada


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Corea del sur.- El hombre estaba prófugo, pero no se pudo contener y regresó a su casa una medianoche de 1949 para ver aunque fuese por unos minutos a su hijita de un año. La alegría duró poco, ya que irrumpió la policía, lo sacó a las patadas en medio de los llantos de la niña y se lo llevó. Nunca más se volvió a tener noticias de Jun Jae-hung, quien era buscada por haber ayudado a su hermano a huir a Corea del Norte.

Sin haber sido juzgado, Jun pasó a engrosar una lista de miles de personas ejecutadas por los sudcoreanos a mediados de 1950, en una campaña tendiente a limpiar el país de comunistas. Eran los albores de la guerra entre las dos Coreas y los sureños temían que algunos izquierdistas ayudasen a los invasores norcoreanos.

La hija de Jun, Sook-ja, quien tiene hoy 60 años, fue una de decenas de hijos y hermanos de las víctimas de esa matanza que se reunieron hace pocas semanas, en una mañana gris, en este valle donde sus seres queridos fueron ejecutados y enterrados en tumbas comunes. Muchos de ellos relataron sus experiencias en entrevistas con Prensa Asociada.

Durante décadas de una dictadura de derecha estuvo prohibido hablar de las matanzas en Corea del Sur. Ahora que regresó la democracia, una Comisión de la Verdad y la Reconciliación está investigando las ejecuciones, incluido el papel que pueda haber desempeñado Estados Unidos.

La comisión calcula que unas 7,000 personas fueron sometidas a ejecuciones sumarias en Daejón, 90 millas al sur de Seúl. Las primeras excavaciones ya han permitido hallar restos humanos.

Jun Sook-ja dijo que le contaron que su padre estaba preocupado porque ella no crecía demasiado, consecuencia, según se descubrió más tarde, de un problema cardiaco congénito. Cuando su esposa, quien le llevaba comida a su escondite en la montaña, le contó que la niña había dado sus primeros pasos, Jun no resistió la tentación y fue a su casa durante la noche. “Me contaron que me despertó y me hizo poner de pie en un rincón de la habitación. Me dijeron que estaba muy contento”, expresó la mujer. Pasado un momento, llegó la policía, que evidentemente había estado vigilando la vivienda, y lo sacó por la fuerza, mientras la niña se aferraba a una pierna del papá.

“No recuerdo su cara, pero me ha hecho mucha falta”, dijo Jun.

En las redadas cayeron también delincuentes comunes, como el padre de Moon Yang-ja. Todos los reos de la prisión de Daejón condenados a más de diez años de cárcel fueron llevados en camiones al campo donde se ejecutaba gente, dijo Lee Joon-young, un ex guardia del penal.

“Salí corriendo detrás de él llorando”, manifestó Moon, de 64 años, al rememorar el día en que la policía se llevó a su padre, bajo la nieve. “Uno de los agentes me dio una palmada en la espalda y me dijo ‘tu papá regresará en un par de días”’, expresó.

Pero fue sentenciado a 10 años y terminó siendo ejecutado.

Otros habrían sido víctimas de acusaciones falsas. Yoon Jung-hee, de 62 años, dice que su padre fue obligado a punta de fusil a poner sus huellas digitales en un documento en el que declaraba ser el jefe de una agrupación de izquierda que él ni conocía. El padre, Yoon Yeo-byung, quien tenía 31 años, fue condenado a tres años de prisión y ejecutado como parte de la campaña anticomunista.

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