Pocas viviendas para asalariados
jueves, 17 de julio de 2008
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Mientras anota las iniciales de su nombre sobre cada página de la escritura de su nuevo hogar, María Figueroa Otero, de 71 años de edad, deja escapar una lágrima.
Luego de vivir en una caseta, en una van y un cuartucho de concreto que se asemejaba más a un búnker que a una vivienda durante más de un año y medio, el ama de casa finalmente obtuvo su residencia propia de interés social mediante varias ayudas gubernamentales facilitadas por la Autoridad para el Financiamiento de la Vivienda (AFV).
Ayer, finalmente, obtuvo la escritura que certifica el traspaso de la propiedad.
“Esto es un regalo de Dios”, señaló la señora con voz entrecortada sobre la residencia que acaba de adquirir en Barranquitas.
Pero, a pesar de todas sus vicisitudes, Figueroa Otero parece figurar entre un grupo privilegiado de personas que en la actualidad pueden reclamar una nueva vivienda, particularmente ante los tiempos recesionistas que se viven en Puerto Rico.
Se estima que anualmente hay unos 10,000 ciudadanos que están en la búsqueda de propiedades de interés social, pero la escasa oferta palidece en comparación con la alta demanda.
Según datos proporcionados por la Asociación de Constructores de Hogares, de unas 12,000 unidades que actualmente aguardan por un comprador, apenas 2,000 pertenecen a este sector elegible para ayudas estatales y federales que reducen sustancialmente el costo de la propiedad.
Muchos de los puertorriqueños que terminan comprándolas pagan hipotecas de $300 a $350 mediante los subsidios que podrían ascender hasta $45,000, monto que se descuenta del costo original de la propiedad.
“Hemos podido mantener programas de subsidios para cubrir la necesidad pero el Gobierno no controla todo lo que se construye. Puerto Rico tiene que tomar medidas para construir más unidades de este tipo”, sostuvo el director ejecutivo de AFV, Fernando Berio.
Para Berio, al igual que para otros conocedores de la industria de la construcción, existe un gran desfase entre el costo de la vivienda y el perfil económico de los compradores. Aunque en años recientes la industria de construcción fue objeto de intensa especulación, los constructores de hogares ahora enfrentan un efecto inflacionista que ha aumentado más de un 35 por ciento el precio de las viviendas.
“Aquí hay un gran desfase. Una vivienda de $90 mil no es ridículamente cara, lo que es ridículo son los salarios, que no suben”, sostuvo el presidente de la Asociación de Constructores Hogares, Rafael Rojo.
Aunque los proyectos de interés social son los más buscados por la clase trabajadora puertorriqueña, los altos costos de la industria de construcción han imposibilitado su viabilidad. El alto costo del terreno, aun en zonas rurales, resulta ser sumamente oneroso.
Desde que entró en vigor el pasado diciembre el crédito contributivo del Gobierno para nuevas viviendas, el costo de las unidades vendidas promedió los $186,000. Aún con la ayuda gubernamental, el costo de las viviendas resulta ser muy costoso para gran parte de la población puertorriqueña.
“La industria de construcción se encuentra en su peor momento. Estamos viendo que los proyectos de interés social están en demanda y el Gobierno debe eliminar los costos excesivos que se le imponen a estas obras” , sostuvo Rojo.
Según aseguran los constructores, las viviendas que valen más de $300,000, las cuales componen una quinta parte del mercado de nuevas unidades, son las que más lentamente se están vendiendo.
Comprador pelao
A pesar de que el costo de las propiedades en algunas zonas ha descendido dramáticamente durante el pasado año, muchos prospectos compradores desisten de las compras a raíz de los altos costos que reducen su presupuesto.
“Puerto Rico pasa por una situación muy difícil. Llevamos dos años con un crecimiento económico negativo. A esto se suma los aumentos en el costo de los materiales de construcción”, indicó el presidente de la Asociación de Contratistas Generales Gustavo Hermida.
A manera de ejemplo, el empresario indicó que el precio del cobre en los pasados dos años aumentó un 300 por ciento. Las alzas de muchos de los materiales se deben precisamente a los aumentos registrados en el costo del combustible.
“Lo que se tiene que hacer es estimular la construcción de nuevas viviendas”, sostuvo Hermida.



























