El adiós de Aníbal
El otrora líder de la Pava confesó que la victoria tiene mejor sabor que la derrota y que no extrañará las conferencias de prensa ni la política malsana. (Primera Hora / Andre Kang)
lunes, 15 de diciembre de 2008
Mabel M. Figueroa / Primera Hora
En sólo dos semanas sale de La Fortaleza con una maleta repleta de experiencias. Sale tranquilo, con la sensación de que hizo lo que tenía que hacer. Sale, dice, con la frente en alto y con una mirada distinta por las lecciones que recogió en el camino. Sale también listo para encarar el mayor reto que le espera próximamente: defender su libertad.
Aníbal Acevedo Vilá está en una transición interna, pero proyecta tranquilidad.
Por ahora prefiere hablar del presente. El futuro vendrá y no quiere anticiparse a esas sensaciones que lo recorrerán en un terreno desconocido para él: vivir lejos de la política y el servicio público.
¿Preparado para una nueva etapa fuera de la política?
–Yo veo esto como una nueva etapa de mi vida y vamos a hacer primero los procesos de reflexión que uno tiene que hacer y luego los ajustes que tenga que hacer. Te diré que de las elecciones para acá me he leído dos libros, voy por el tercero; he ido al cine dos veces, he jugado dominó con mis hijos y mi sobrino. Nada de eso había podido hacer durante el año (2008).
¿Cuán difícil será esta etapa lejos de la política?
–Lo veremos...
¿Pero cómo la visualiza?
–Son procesos de ajuste y uno tiene que ir enfrentándolos según se van dando.
¿Cuál ha sido la gran lección?
–Nadie ha pasado por lo que se pasó en estos cuatro años, en todos los frentes, y yo creo que eso, al final del camino, me va a hacer mejor persona, mejor ser humano. Quizás la lección más importante es uno nunca perder la fe en uno mismo y en su capacidad de enfrentar los retos, que fueron extremadamente complicados.
Si pudiera describir en una palabra estos cuatro años para su vida ¿cuál sería?
–Retante.
Acevedo Vilá recibió a PRIMERA HORA en La Fortaleza en lo que constituye la única entrevista a fondo que concederá antes de entregar el poder a su sucesor Luis Fortuño. Sale el 31 de diciembre y ya se nota ese ambiente de mudanza. Por ejemplo, en la biblioteca los espacios donde ubicó sus libros están vacíos. Ya los han empacado, como muchas de sus pertenencias.
Arribó sonriendo y campechano, como suele ser. Nos sentamos en el Salón Ratán.
¿Cómo va el proceso de mudanza?
–Bien, bregando con las cajas.
¿Dónde va a vivir?
–Voy a vivir en una residencia alquilada en Río Piedras.
¿Y a qué se va a dedicar?
–Todo eso lo analizaré después del 31 de diciembre.
Libre de escoltas por decisión propia...
–Así es.
Imagino que será una sensación de libertad...
–Para mí sí lo va a ser y sé que para mis hijos (Gabriela y Juan Carlos) también.
¿Preparado para pagar luz, agua e IVU como cualquier hijo de vecino?
–Preparado para hacer lo que hacíamos antes de llegar a La Fortaleza.
De todas formas, Fortuño va a bajar la luz y el agua a partir de enero...
–Eso es lo que él le prometió al país. Él tiene todas las herramientas para cumplir lo que prometió.
Cuando salga de La Fortaleza el 31 de diciembre, ¿cómo lo hará?
–Con la cabeza en alto, con la conciencia tranquila, con un sentido de haber hecho lo correcto por mi país y con ese compromiso con mi país inquebrantable. Yo amo profundamente a Puerto Rico y este amor por mi país nunca, nunca, voy a renunciar a eso.
¿Qué va a extrañar?
–Yo lo más que atesoro es poder tener una comunicación informal con la gente... si la perdiera, lo extrañaría.
¿Y qué no va a extrañar?
–No voy a extrañar las conferencias de prensa (se ríe). No voy a extrañar el ataque político malsano... el ataque demagógico que vimos por cuatro años.
Y a José Aponte, ¿lo va a extrañar?
–Yo tengo muchas cosas importantes en qué pensar, ésa es una persona en la que yo no he pensado.
Dicen que el poder embriaga, ¿usted llegó a embriagarse de poder?
–La mejor forma de medir eso es a través de los hijos. Mis hijos llegaron aquí siendo adolescentes y te puedo asegurar que mis hijos siguen siendo los mismos el 31 de diciembre de 2008 a lo que eran el 1 de enero de 2005... nunca he permitido que el poder me cambie.
Sin trabajo, efectivo el 1 de enero de 2009, Acevedo Vilá se enfocará a corto plazo en dos asuntos: qué hará para sustentar a su familia y el juicio que enfrenta el 9 de febrero, justo cinco días antes de que cumpla 47 años.
Él ha reclamado siempre inocencia y hoy, tras la desestimación de 15 cargos, está más seguro que nunca de que al final “se hará justicia”.
¿Preparado para el juicio el 9 de febrero?
–Mis abogados y yo vamos a estar preparados para eso.
Imagino que se siente más aliviado tras las últimas decisiones del juez Paul Barbadoro...
–Claro que sí. Yo creo que el país se ha dado cuenta, con lo que ha pasado en las últimas semanas, que aquí no había ninguna justificación para este caso. No la hay y no la habrá nunca. Uno está más confiado que al final del camino se va a hacer justicia.
¿Ha llorado?
–Claro que sí, claro que sí. En privado, con mi familia, con la gente más cercana.
¿Ha soñado con su padre en todo este proceso?
–No he soñado, pero sí he pensado mucho en él y en otros seres queridos que no son familia de sangre, pero que son cercanos a mí.
¿Y qué provoca en usted pensar en ellos?
–Confianza interna. Es como si yo supiera que si papi estuviera aquí, o esos amigos, estarían claros en que yo he hecho lo correcto. No dudarían de mí.
¿Se ha desesperado?
–No. Yo creo que esto lo que me ha permitido es crecer como persona, como ser humano, en todas las dimensiones: como gobernador, como líder político, de hombre, de persona, de padre, de esposo, de hijo. Nunca he sentido que he perdido el control, ni el mismo día 27 de marzo (cuando fue acusado).
¿Teme perder su libertad o ni le pasa por la mente?
–En lo más mínimo. Se está haciendo justicia y se va a hacer justicia.
¿Qué es justiciapara usted?
–Lo que ya comenzó a suceder; que el país entienda que yo siempre le he dicho la verdad y que esto no tenía ninguna justificación.
Si sale airoso, como proclama, ¿sería capaz de perdonar a la jefa de los fiscales federales Rosa Emilia González?
–Cuando todo esto termine, el país va a tener que hacer una reflexión profunda, bien profunda, de cómo unos sectores del país toleraron esto, lo aplaudieron.
¿A qué personas se refiere?
–Políticos... lo peor que le puede pasar a Puerto Rico es que digan que ese día terminó todo; ese día tiene que empezar una reflexión profunda de este pueblo.
Lo más que le ha dolido, dijo, es que haya otros en ese pliego acusatorio “sólo por ser gente cercana a mí. A ellos les han destruido la vida... Eso me da una angustia continua”, dijo.
¿Ha crecido con esta experiencia?
–He aprendido muchísimo. Me ha permitido buscar unas fuerzas de adentro, que quizás siempre habían estado ahí, pero uno las descubre o las hace florecer, que obviamente salen de uno tener una conciencia limpia.
¿Su conciencia está limpia?
–Sí.
No hay dudas de que el 4 de noviembre, la vida de Acevedo Vilá dio un giro de 180 grados. Pero, ni porque sufrió la primera derrota electoral de su vida cambiaría su decisión de haberse mantenido en esa candidatura.
¿Cómo ha dormido desde el 4 de noviembre?
–(Se sonríe) Bien, muy bien... Yo normalmente tengo buen sueño.
Hasta después de una derrota como la que sufrió...
–Obviamente, uno entra en unos procesos de análisis, de reflexión, de empezar a tomar las decisiones que tiene que ir tomando.
Después de la gula de la victoria, ¿a qué sabe la derrota?
–La victoria sabe mucho mejor.
¿Pero a qué sabe?
–En lo que a esta elección se refiere, yo me siento que salí con la frente en alto, que hice lo que entendía que era lo correcto, que el pueblo se expresó y que el pueblo seguirá evaluando y, con el tiempo, pondrá en su justa perspectiva lo que sucedió.
Mirando hacia atrás, ¿no se arrepiente de haberse mantenido en la candidatura?
–No.
¿Cuál es su análisis? ¿Por qué perdió las elecciones y como las perdió?
–Yo le dejo eso a los analistas, pero es obvio que el tema principal de esta campaña era la situación económica y que ese tema era lo que estaba en la mente de los ciudadanos, fundamentalmente al momento de votar... Ahora empieza un proceso que el país va a tener que aquilatar con cuidado.
¿Sintió el rechazo inmediato del liderato del PPD?
–No, mira, yo lo que he sentido después de las elecciones es mucha solidaridad...
Y en la calle, ¿se siente ese rechazo de las urnas?
–Todo lo contrario. Lo que yo he sentido en la calle desde las elecciones para acá es mucho apoyo, solidaridad y respeto.
Sale por ahí y ¿qué pasa?
–Bendiciones, (me preguntan) '¿nos podemos tomar una foto?'. Mucho respeto y solidaridad en el plano personal, inclusive, hasta en el espiritual.
¿Qué es lo más emotivo que le han dicho?
–Yo tengo allá arriba en la casa una bolsa llena de estampitas, rosarios, crucifijos, pensamientos, salmos; es impresionante. No he botado ninguna, ni las voy a botar. El alto sentido de espiritualidad del puertorriqueño lo he sentido directamente antes y después de las elecciones.
¿Y qué es lo peor?
–No he tenido ninguna experiencia desagradable en la calle.
Hoy, Fortuño llegará con su esposa Lucé Vela a La Fortaleza por invitación de Acevedo Vilá. Durante la entrevista, tal vez fue el tópico en el que más esquivo se mostró. A su sucesor, dijo, le quiere dar espacio.
¿Se mantiene firme en que Fortuño no tiene el carácter que necesita un mandatario para gobernar?
–Yo le quiero dar todo el espacio posible al nuevo gobernador. Con mucho gusto el 12 de diciembre del 2009 (en un año justo) te contesto esta pregunta... el país lo va a estar evaluando de ahora en adelante, porque no es lo mismo hacer campaña que gobernar... debo desearle lo mejor por el bien del país.
Cuando Fortuño, a quien recibirá hoy en Fortaleza, dice que usted es el peor gobernador que ha tenido el país, ¿cómo lo toma?
–Como que no es lo mismo hacer campaña que gobernar. Él se va a dar cuenta pronto... más importante que el juicio mío, es el del pueblo, porque ahora es que lo van a empezar a conocer.
¿Qué consejo, si alguno, le daría a Fortuño?
–Yo le diría que le hable siempre con la verdad al país y si tiene que tomar decisiones políticamente difíciles, que las explique... que trate de evitar ser víctima de la tiranía de la inmediatez.
¿Cuán difícil se le ha hecho obligarse a alejarse de la Pava?
–A veces uno se tiene que morder la lengua... pero me parece que como gobernador saliente y como ex presidente del PPD tengo que actuar con las deferencias que corresponden.
¿Pero es difícil?
–Pues claro.
¿Qué ha significado para usted la lejanía de líderes, como Sila Calderón?
–Aquí cada cual tiene su responsabilidad con el país. De mi parte, nunca he permitido, ni permitiré, que diferencias personales estén por encima de mi compromiso con el país.
¿Héctor Ferrer llena sus zapatos?
–Tiene una responsabilidad bien grande y hay que darle el espacio.
¿Cómo lo describiría como político?
–Muy trabajador, leal y honesto, de mucha capacidad.
¿Él le ha pedido consejo?
–Sí, me ha llamado en varias ocasiones.
¿Puede decirme quién es el mejor sustituto suyo como candidato a la Gobernación: Miranda Marín, García Padilla o Ferrer?
–No (ríe)... estas discusiones son prematuras.
¿La experiencia de esta elección cierra las puertas de Aníbal a la política?
–No he entrado a ese tipo de análisis.
Al final, le llevaron una parranda. Eran empleados de La Fortaleza y él se asomó por la ventana a saludarlos.
¿Qué deja con el Año Viejo?
–Dejo La Fortaleza (se ríe).
¿Qué le pedirá al Año Nuevo?
–Mucha paz para el pueblo de Puerto Rico.




