Tu “isla” de la fantasía
viernes, 16 de mayo de 2008
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Llámale alcoba, cuarto, recámara o dormitorio, el caso es que ese rinconcito especial donde, además de dormir, a menudo haces el amor, puede ser, también, tu propia “isla” de la fantasía. Porque, si en la intimidad de nuestra vida privada no le damos rienda suelta a nuestra creatividad sexual -con entera libertad-, ¿dónde más vamos a hacerlo? Además, no hay mejor manera de evitar que nuestros encuentros sexuales se vuelvan una rutina. Más aún, lo ideal es que nunca esperemos a perder la “chispa” para volver a encender la llama del amor.
Es normal
Ahora bien, si ya te encuentras planificando el menú de mañana o repasando la lista del supermercado, mientras tienes sexo con las mismas posiciones, caricias y besos de siempre, no pienses que la pasión se haya acabado. Es normal que la falta de sorpresas nos produzca un poco de aburrimiento.
Piensa, mejor, que lo que esto quiere decir es que ha llegado la hora de probar cosas nuevas; de añadir variedad a tus encuentros sexuales.
¿Cómo lograrlo? La clave no está en una sola cosa, sino, más bien, en ir añadiendo truquitos y estrategias a nuestro repertorio sensual, de manera que la transición sea más natural y fácil de implementar.
Para ello, no hay nada como las fantasías sexuales. Bien planificadas, éstas pueden ser el mejor afrodisiaco natural que puedas utilizar.
El órgano sexual más importante
No, no se trata de un pene de 10'' o una vagina que pueda tener 10 orgasmos simultáneos. Cuando se trata de disfrutar del sexo a plenitud, no hay nada como la mente (el famoso “cerebrito”).
Si aprendes a utilizar tu imaginación -y la de tu pareja- al máximo, gozarás de los encuentros sexuales inolvidables.
¡No le tengas miedo!
Puede que el concepto de fantasear te dé un poco de miedo. Si es así, probablemente piensas que tu pareja se escandalizaría si le confesaras alguna experiencia que quisieras vivir. Pero, si quieres usar las fantasías para añadir “sabor” y aventura a tu relación, empieza por aceptar que, siempre y cuando no se conviertan en una obsesión o en algo absolutamente indispensable para poder hacer el amor, éstas no tienen nada de malo.
De otra parte, lo ideal es que conozcas bien los gustos y las limitaciones de tu pareja, de manera que cuando le vayas a proponer algo, no sea algo que vaya en contra de sus principios o que le traiga un mal recuerdo.
Los sonidos del amor
Antes de entrar de lleno en un escenario imaginario con él o ella, acércate a su oído y déjale escuchar los sonidos del placer que te provoca estar en contacto con su cuerpo. Pregúntale, de la manera más sexy posible, qué es lo que más le gustaría hacer... o que le hicieran. Dile que nadie más que ustedes dos tiene que saberlo. Entonces, a medida que se vayan excitando, susúrrale todo lo que te gustaría que sucediera.
¡Qué aventuras!
Un primer escenario que a casi todo el mundo le excita es imaginar que alguien los “descubre”, mientras hacen el amor en un sitio público. La idea de estar bien agitados sexualmente, inundados de placer, mezclado con el riesgo de que los pesquen, a muchos les excita enormemente. Imagina, por ejemplo, que, en el agite de la cosa, empiezan a gemir y sus sonidos se hacen cada vez más fuertes. ¡Cuidado, se oyen pasos! ¡Rápido, rápido, ráp... wow, por poquito los pescan!
Inspírense
Si no tienen mucha experiencia con las fantasías, busquen inspiración. Pueden usar películas para adultos o libros y revistas con fotos y descripciones explícitas. Así, puedes insinuarle sensualmente a él o a ella: “Oye, ¿te imaginas si nosotros hiciéramos eso?”, y así por el estilo.
Ten discreción
No siempre es prudente contarle a la pareja todas las fantasías que se le ocurran a uno. Por ejemplo, decirle que quisieras tener sexo con él o ella y con otra persona a la vez, o con una persona de tu mismo sexo, podría herir sus sentimientos. Lo mismo pasaría si le confesaras que sueñas con que te hicieran algo que, a lo mejor, en la vida real, hasta te resultaría repulsivo o doloroso. Esas fantasías, resérvalas para ti mismo(a) y limítate a compartir todo lo que sabes que puede resultarles placentero a los dos.
¿Te animas?
A veces, con tan sólo comentarle a tu pareja las travesuras que se te ocurren, será suficiente para poner su deseo sexual “a millón”. En el intento, recuerda considerar la sexualidad como la forma más intensa de disfrutar la intimidad en esa “isla” de la fantasía que es sólo de los dos.
























