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Por Adria Cruz

¿Servidores?

03/07/2013
¿Qué sensibilidad puede tener un “servidor público” electo que se duplica el sueldo en momentos en que no solo un pueblo, el país entero, está en crisis?

La Ley de Municipios Autónomos enumera los requisitos para ser alcalde y los deberes del cargo. Solo tiene que tener 21 años o más, saber leer y escribir, ser ciudadano de Estados Unidos y de Puerto Rico (guaréver dat mins), haber residido en el municipio por no menos de un año antes de la fecha de su elección, no haber sido convicto de delito grave o delito menos grave que implique depravación moral, no haber sido destituido de cargo o empleo por conducta impropia en el desempeño de sus funciones y no haber sido declarado mentalmente incapacitado por un tribunal competente.

Cuando la gente vota para elegir a un alcalde, en lo menos que piensa es en esos requisitos. Tampoco piensa en los muchos otros que debería tener (pero no tiene, supuestamente porque estamos en una democracia) la persona que durante cuatro años va a administrar los bienes y servicios municipales. No piensa en su preparación, ya sea académica o de experiencia; no examina ni toma en cuenta el nivel intelectual que proyectan; ya ni siquiera parece importarle cualidades que antes eran fundamentales, como que fueran buenos oradores.

Lo que la gente quiere es que el alcalde resuelva problemas. Los que le tocan, como el recogido de basura, la limpieza de los espacios públicos, la seguridad en coordinación con la Policía, los permisos, la cancha del barrio, las aceras, etcétera. Y otros asuntos que no le tocan, pero que por politiquería muchos asumen o pretenden asumir, como la repartición de enseres, materiales y hasta cashimiro, casi siempre con el interés político en mente. Es por eso que gente de evidente deficiencia intelectual, con grave incapacidad para manejar presupuestos y motivada solo por la ambición política llega a las alcaldías haciéndose los graciositos. Pintorescos, les llamamos. Van a hacerse de dinero mientras cogen a la gente de boba repartiéndole  planchas de cinc y tapando hoyos en año de elecciones.

Lo que la gente necesita de su alcalde, además de capacidad intelectual y preparación, es decencia, honestidad, vocación de servicio, respeto a la gente que sirve y, sobre todo, sensibilidad para bregar con los problemas que agobian a su pueblo.

¿Qué sensibilidad puede tener un “servidor público” electo que se duplica el sueldo en momentos en que no solo un pueblo, el país entero, está en crisis? ¿Qué vocación tiene el que alega que un sueldo de $3,900 es de muerto de hambre y no le da para vivir? ¿Qué respeto demuestra el que se atreve a inventar que su aumento descomunal a $9,000 es una forma de protestar contra acciones del Gobierno central? ¿Qué decencia proyecta el que alega que la Asamblea Municipal “lo obligó” a recibir un aumento que él no quería? ¿Qué pudor el que admite que necesita el aumento para optar en tres años por la pensión más alta, justo cuando se contempla recortar  beneficios a los pensionados, que ya casi están que piden perdón por vivir más que antes, de tanto que los culpan por la crisis del Retiro?

Me pregunto, ¿qué pasaría si los miles de muertos de hambre que viven en Río Grande con menos de $3,900 mensuales decidieran ir a pedirle al alcalde que les complete el mes porque no les da para vivir? O si Canóvanas despertara de su estupor y se vistiera de blanco y escribiera en su ropa lo que cree del sueldazo de su alcalde coleccionista de zapatos caros (y charros) y caminara hasta la alcaldía para protestar. O si los pensionados les enseñaran a los que se subieron el sueldo porque están pensando en retirarse que, por culpa de inescrupulosos como ellos, ya no hay júbilo en la jubilación.