Placeholder

Por Adria Cruz

Abramos paso al amor

02/14/2013

Se supone que en estos días reine el amor. Digo, si nos abstrajéramos del invento comercial y de las formalidades y de las hipocresías de oficina, y de todo lo que rodea esta fecha, podríamos, auténticamente, separar este día y los que le rodean para el ejercicio pleno del amor. Para la observación y práctica de actos amorosos. Para la solidaridad como manifestación de amor. Para el respeto como vertiente del amor. Para combatir el odio como obligación del amor.

Así que en el Día del Amor, en la semana del amor, en el mes del amor, quiero invitarl@s a darle la espalda al odio.

Sí, ya sé. No nos gusta esa palabra. Es fuerte. Y sí, algun@s la usan con demasiada frecuencia y eso nos molesta. Nos incomoda. Cuando se usa para definir conductas que ya no deberían existir pero que existen, de mayor o menor forma, en casi tod@s nosotr@s, nos incomoda. Cuando nos recuerdan que el racismo, el machismo y la homofobia son formas de odio, nos incomoda porque en el fondo algún resquicio nos queda de alguna de ellas. Y no por eso odiamos. ¿Verdad? ¿Verdad?

A lo mejor va siendo hora de que usemos esa incomodidad no para ripostar, menospreciar o despachar el mensaje del que predica contra el odio, sino para analizarla, trabajarla y deshacernos de ella. Y la mejor forma de deshacernos de la incomodidad que nos provoca la palabra odio es llegar al convencimiento de que no hay espacio para él en nuestra vida.

A algun@s les pareceré inusualmente cursi. No, no es cupido ni el chocolate ni los corazones. Es que estamos en un momento histórico y no es mucho el esfuerzo que hay que hacer para reconocerlo. Es un momento de esos. Como cuando se abolió la esclavitud. Como cuando se aceptó que las mujeres tenían derecho a votar. Como cuando se ganaron las luchas por los derechos humanos en los sesenta. Como cuando se terminó el apartheid en Sudáfrica. Uno de esos momentos. Si le damos la espalda, nos lo perdemos, pero no por ello va a dejar de suceder.

La semana próxima promotores de odio que, irónicamente, usan como portaestandarte la imagen de un maestro que promovió el amor harán una manifestación contra dos proyectos presentados en la Legislatura que no tienen otro propósito, a fin de cuentas, que erradicar un poco más el odio sancionado por la ley. Uno es el proyecto del representante Luis Vega Ramos para dejar claro, de una vez y por todas, que la Ley 54 aplica en todo tipo de relación de pareja, sin importar su estado marital u orientación sexual. La medida no hace más que corregir una injusticia histórica que se cometió basándose en una imprecisión de la ley original e ignorando por completo la intención legislativa. El otro proyecto es el del senador Ramón Luis Nieves para erradicar el discrimen por orientación sexual e identidad de género en cualquier gestión gubernamental, pública o privada.

¿Cómo puede alguien oponerse a dichas medidas? No lo sé. ¿Cómo afecta alguna de ellas a “la familia”, incluso a ese concepto arcaico, fantasioso y excluyente de familia que mantienen algunos? No lo veo. Lo que veo son lobos mal disfrazados de oveja. Lobos (con el perdón de los lobos) a los que el desprecio se les sale por las costuras del disfraz.

Demos la espalda a los lobos y paso a la justicia, que ya va siendo hora. Dejemos el odio, para que nadie tenga que echárnoslo en cara, y vivamos el amor.