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Por Adria Cruz

¿“La Comay” es el problema?

12/13/2012

No tengo nada en contra del boicot a SuperXclusivo. Por el contrario, me agrada ver que por fin consumidores boricuas logran unirse en un esfuerzo por exigir algo de los productos que auspician y ser exitosos en ello, aunque se trate de una vara de doble filo. Porque así como este tipo de movimiento puede servir para sacar del aire un programa de televisión que causa más daño que bien –desde el punto de vista de los del boicot y del mío también, que conste–, también puede servir para privarnos de cosas que pudiéramos considerar buenas, justas o necesarias. A estas alturas del juego debemos estar claros en que la mayoría puede mandar, pero no necesariamente estar del lado de la justicia, la equidad, el respeto o la solidaridad. En este momento, los que apoyan el boicot parecen ser más que los que lo repudian, pero los réitings del programa siguen mostrando un apoyo anónimo, silente y masivo que debe ser objeto de análisis.

No voy a discutir las bondades, aciertos o desaciertos del boicot. A mí lo que me preocupa es que sigamos empeñados en evadir la responsabilidad individual. A fin de cuentas, el conjunto de las responsabilidades individuales es lo único que puede distinguir un colectivo de una masa y llevarlo a cumplir un propósito.

Si pensamos que lo que hace “Kobbo” Santarrosa en su programa es nocivo al país, entonces es necesario que nos preocupemos por examinar por qué gusta tanto. ¿Qué pasa con nosotros que el programa más visto de la televisión se distingue por el insulto, la homofobia y la misoginia abiertas y aplaudidas, la ignominia, la burla y la difamación? ¿Qué está tan mal con nosotros que el presidente del canal que lo transmite se atreve a decir que si lo cancela, el pueblo “se va a sublevar”?

Sí, es cierto que en ocasiones la producción del programa logra noticias o seguimientos de casos importantes superiores a los de los medios noticiosos, pero ¿será por eso que lo ven tantos? ¿Es por eso que tiene el réiting que tiene? ¿Lo ven para saber qué ha pasado en el Caso Lorenzo o para reírse de cuando llama gorda a alguna telerreportera o pato a algún homosexual o bruta a alguna mujer? ¿Lo ven para saber qué dijo el abogado o la fiscal en tal o cual caso o para ver a quién “tira al medio” ese día, qué “sórdido” secreto de la vida privada de alguien devela, qué “huevo” de quién saca para causar carcajadas? Eso es lo que deberíamos analizar. De hecho, invito a alguno de esas decenas de estudiantes de maestría en comunicaciones que están buscando temas para sus tesis a que nos hagan ese favor. A que investiguen y obtengan algunos datos que nos expliquen qué está pasando en este país.

En la columna pasada les preguntaba cuál es nuestra fórmula secreta para ser una tristemente exitosa fábrica de asesinos, y enumeré sus principales ingredientes. Pero sigo pensando que hay algo más. Tiene que haber algo más para que un día estemos marchando para pedir paz y dos días después estemos celebrando otra estúpida pelea de boxeo como el gran acontecimiento del año y ni nos importe que un tipo mató a tiros a otro porque se paró frente al televisor y no lo dejó disfrutar el violento espectáculo. Tiene que haber algo más cuando un muchachito decide matar a su madre porque lo disciplina y usa un videojuego como ejemplo y las ventas de videojuegos para Navidad siguen por las nubes. Tiene que haber algo más cuando los auspiciadores de la muñeca se retiran y se declaran amantes de la paz y el respeto y los réitings se disparan porque la gente quiere ver cómo reacciona el programa al boicot. En ese algo más se nos va la vida.