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Por Adria Cruz

Salven a la Iupi

04/04/2013
Alejandro García Padilla tiene en sus manos la oportunidad preciosa de rescatar  la Iupi y propiciar la aprobación de una ley universitaria que fomente esa conexión universidad-país sobre la cual puede estar cimentado nuestro progreso a todos los niveles.
Alejandro García Padilla tiene en sus manos la oportunidad preciosa de rescatar la Iupi y propiciar la aprobación de una ley universitaria que fomente esa conexión universidad-país sobre la cual puede estar cimentado nuestro progreso a todos los niveles.
¿Cómo no se dan cuenta de que de entre los greñudos comelibros y protestones de verbo florido sale la gasolina que mantiene funcionando el motor de nuestro país?”

Si le fuera a pedir a Alejando García Padilla que hiciera una cosa, una sola cosa por el país, una sola cosa para recordar y olvidar todo lo demás que haga, le pediría que salve a la Universidad de Puerto Rico.

Pedir al gobierno de turno que salve a la Iupi para propiciar una verdadera autonomía universitaria suena a gran contradicción, lo sé. Pero es lo que requiere el momento histórico. La alternativa es resignarnos a ver la destrucción de lo que queda del alma máter por un grupo de desalmados que han sabido hacer muy bien su labor hasta llevar a la Universidad a su estado actual de desfalco, abandono y desprestigio.

He visto que para muchos que no estudiaron en el sistema de la UPR es difícil comprender la importancia que se le debe dar al centro de enseñanza superior del Estado. No entiendo por qué. ¿Cómo no se dan cuenta de que de entre los greñudos comelibros y protestones de verbo florido sale la gasolina que mantiene funcionando el motor de nuestro país? 

No se trata solo del futuro, se trata del presente. Allí, perdidas bajo la avalancha de la burocracia, la desidia y la maldad de los enemigos del conocimiento, yacen las soluciones a todas y cada una de las estupideces que han llevado al país al estado de crisis en que se encuentra. Que no hayamos encontrado la fórmula para extraer ese conocimiento que producimos y financiamos, que no sepamos aprovecharlo ni valorarlo es nuestra gran tragedia como colectivo.

Alejandro García Padilla tiene en sus manos la oportunidad preciosa de rescatar  la Iupi y propiciar la aprobación de una ley universitaria (sí, otra ley, no le tengan miedo a la palabra; el problema no son las leyes, sino la incapacidad de algunos para respetarlas y ponerlas en vigor) que de verdad dé participación a los sectores que viven y dan vida a la Universidad, pero que también fomente esa conexión universidad-país sobre la cual puede estar cimentado nuestro progreso a todos los niveles.

Cuando escucho al presidente Muñoz (¡¿Todavía?! ¡¿En serio?!) y a la ex presidenta de la Junta de Síndicos  Ygrí Rivera oponerse a que se  aumente la participación de estudiantes y profesores en la Junta (como propone el proyecto bajo actual consideración legislativa) porque habría conflictos de interés, no puedo menos que reírme de la desfachatez de ambos. Es conflicto de interés tener en la Junta a gente que vive, ama y respira UPR, pero no es conflicto de interés tener en la Junta a gente que no siente ningún amor por el sistema, más allá que la agenda de destrucción o manipulación que le asignen los políticos de turno. 

¿Y qué me dicen de los que se han aprovechado de su participación en esa junta para mantener sus negocios, o los de sus familiares, con la Universidad o empresas relacionadas con esta? ¿Y qué de los que han acomodado parientes, amigos, socios y acólitos en todas las áreas de empleo posibles dentro del sistema?

Muchos esperan demasiado del gobierno de turno. Otros esperan solo lo que se les prometió, y creo que ya, en apenas tres meses, el gobernador se ha dado cuenta de lo fácil que es prometer, lo difícil que puede ser cumplir y lo duro que es enfrentar las consecuencias del incumplimiento. 

Entiendo a los que esperaban y se sienten decepcionados. La expectativa es la base del sufrimiento. También entiendo a los que celebran algunos logros, pequeños para unos, grandes para otros. Y trato de no esperar mucho... para no sufrir mucho. Pero en el caso de la Iupi, espero. Tengo esperanzas. Y sueño. La salvación, o por lo menos el primer paso hacia la salvación de la UPR, está en sus manos, gobernador. Aunque sea solo eso.