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Por Alexandra Fuentes

Sin maquillaje

Sin las rueditas de atrás

02/26/2018
(Archivo)
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Riesgo enfrentan nuestros hijos en cosas tan sencillas como aprender a correr bicicleta.

El próximo 23 de marzo, debuta en el Centro de Bellas Artes de Santurce, la obra “Hijas de su madre”, donde mi hija Miranda, de 7 años, tiene una participación importante. 

No ha faltado quien me cuestione si Miranda está muy pequeña para enfrentar lo que supone participar en una producción teatral como esta. ¿No son demasiadas funciones para una niña de su edad? Algunos me han preguntado, la mayoría de buena fe y con genuina preocupación. 

Debo confesarles que esas preocupaciones también las tuve y fue motivo de reflexión junto a mi esposo por varias semanas. Sin embargo, un buen amigo, con mucha experiencia en el mundo del teatro, me hizo la siguiente observación. “Si te preocupa el tiempo que puede ocuparle a Miranda su participación en el teatro, ¿por qué nunca te ha preocupado el tiempo que invierte tu hijo Adrián en sus largas prácticas diarias de gimnasia y sus kilométricas competencias los fines de semana? ¿Por qué lo que hace Adrián en el deporte está bien, y lo que hace Miranda en el teatro está mal?”

¡Cuánta verdad en su observación! El régimen de Adrián en el deporte es, por mucho, más intenso que lo que están haciendo Miranda y Lucas, el otro niño que sale en la obra. Sin embargo, nadie me ha escrito preocupado. 

Como hago con Adrián, a quien le permito desarrollarse en las actividades que disfruta, es justo también hacerlo con Miranda en las artes; su pasión. Lo importante, como todo en la vida, es el balance y la supervisión. No le permitiría a Adrián hacer gimnasia en un lugar que no tuviera condiciones adecuadas ni entrenadores que le brindaran seguridad. Ni entrenar sin tomar en cuenta el tiempo que necesita para estudiar y descansar. Tampoco a Miranda. 

Como Adrián cuando compite en gimnasia, el nivel de dificultad de lo que hará Miranda en la obra es proporcional a su edad y el calendario de ensayos y presentaciones está ajustado a su realidad, de forma que la experiencia sea una que la ayude a crecer y formarse, no que le afecte. 

Ella lo está disfrutando muchísimo y está consciente de su responsabilidad. Se está preparando muy bien, leyendo el libreto y complementado todo con sus estudios, pues sabe que la prioridad ante todo son sus estudios. Como todo en la vida, el balance es la clave. 

Riesgos siempre hay, en la gimnasia, en el teatro, en el jueguito de pelota, en el baloncesto y en la vida. Riesgo enfrentan nuestros hijos en cosas tan sencillas como aprender a correr bicicleta, por ejemplo. En esas estoy con Miranda, quien quiere abandonar las cuatro ruedas lo antes posible. 

“Sácame las rueditas de atrás, que ya soy grande”, me dice. Si la dejo, se tira sola por una cuesta sin las rueditas. Pero a mí me toca llevarla poco a poco hasta que domine bien su bicicleta. Le estoy dedicado tiempo a eso, igual que en el teatro con mucho cuidado y sentido de proporción, pero permitiéndole lograr sus metas y vivir sus pasiones.