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Por Irene Garzón Fernández

De primera mano

Benny Frankie Cerezo: “El Niño Terrible”

04/16/2013

Cuando Benny Frankie Cerezo llegó a la Legislatura en 1969 como representante por el Partido Nuevo Progresista, su arribo coincidió con el inicio de mi largo peregrinaje como reportera en la Casa de las Leyes. Hubo química desde el primer momento. Éramos de la misma “quinta”, como se identifican en España a aquellos que nacieron en el mismo año, en este caso, en el 1943, y habíamos nacido en el mismo mes, en septiembre. Ambos teníamos entonces 25 años de edad y mucha “fiebre” con lo que nos dedicábamos a hacer cada uno.

Lo visitaba diariamente en el primer piso de la Cámara de Representantes, donde tenía su oficina como presidente de la Comisión de Gobierno. Cuando llegó al Capitolio, se quería comer el mundo con ideas innovadoras y reformistas. Se le bautizó como “L’Enfant Terrible”, ya que junto al entonces presidente de la Comisión cameral de Hacienda, David Urbina, formó un binomio que le dio muchos dolores de cabeza al entonces presidente del cuerpo, Ángel Viera Martínez (ya fallecido).

El Capitolio carecía de cafetería. Periodistas y legisladores almorzábamos en unas fondas en las inmediaciones del Palacio de las Leyes y, a veces, los viernes nos aventurábamos andando a un desaparecido restaurante en la calle Fortaleza del Viejo San Juan.

Benny era una de mis principales fuentes legislativas y políticas. Si no estaba en el Capitolio, me llamaba a las oficinas de United Press International (UPI), ubicadas entonces en Puerta de Tierra.

Pero su voracidad legislativa y su costumbre de mantener en jaque al liderato de su partido en la Cámara lo llevaron al “patíbulo” de la Mesa Presidencial del PNP, lo que era el Directorio de hoy, y le quitaron la presidencia de la poderosa Comisión de Gobierno.

Fuera del Capitolio, Benny formó parte del inseparable trío constituido por el hoy ex juez apelativo Andrés Salas Soler y el juez de Quiebras Gerardo Carlo. Hace unos años le comenté que había encontrado unas fotos de 1972, cuando la huelga de la UPI, tomadas en casa de la colega Wilda Rodríguez en un campo de Toa Baja, en que estaban él y sus amigos en solidaridad con los huelguistas.

Cuando formaba parte del grupo de políticos al frente de la desaparecida revista Avance, hubo un accidente en el que murió uno de sus fotógrafos. Le disgustó la nota publicada por UPI y la emprendió contra mi profesionalidad. Le retiré la palabra por 35 años y, por cosas del destino, reanudamos la amistad precisamente cuando otro político cuestionó mi integridad profesional. Benny, que llevaba varios años en la radio, dedicó su programa ese día a defenderme con uñas y dientes. Nobleza obliga. Así que lo llamé para enterrar el hacha y volvimos a ser los amigos de antaño. Don Miguel de Unamuno, cuando regresó al aula universitaria tras 11 años de cárcel, comenzó su clase diciendo: “Como decíamos ayer...”.

Desde entonces, nos comunicábamos frecuentemente, en ocasiones a diario. En los años que dejamos de hablarnos, supe que él leía mis historias y yo escuchaba sus programas, e incluso reseñé algunos de sus planteamientos políticos.

Fue un innovador al introducir la música en su programa dominical Dialogando con Benny. Recuerdo que hace unos años, cuando me llamó exaltado porque iba a reanudarlo en Radio Isla, después de haberse quedado huérfano de emisora, hice una nota de las expectativas que tenía. Luego, en su programa diario Voz primera, también introdujo los viernes media hora que llamó El oasis musical.

Lo llamaba a veces sobre temas legislativos y él hacía lo mismo en otras ocasiones para refrescar la memoria sobre hechos o personajes de la Asamblea Legislativa. El domingo le envié un último mensaje de texto, interesándome por su salud. A las 2:00 de la madrugada de este lunes, sin querer, al conectar el teléfono móvil, marqué el número de su celular. No sabía que mi amigo ya estaba en tránsito hacia otra dimensión.

Los domingos a las 8:30 a.m. y de lunes a viernes a las 8:00 a.m., ya no serán iguales. Dios acalló su voz, pero para muchos de nosotros permanecerá en la memoria como una voz dormida. Descanse en paz. Mis condolencias para “Cuca” y sus hijos.