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Por Nilsa Pietri Castellón

Hablemos claro

¿A dónde va la guagua de Rivera Schatz?

06/23/2010

Cuando lanzó su candidatura para la gobernación, Luis Fortuño recorrió el País de arriba a abajo en una guagua que simbolizaba todo lo que él prometía y a la que invitaba a los electores a subir, léase, a apoyarlo con su voto en los comicios del 2008.

El País se subió a aquella guagua. ¿Sería la misma que utilizó hoy el presidente del Senado, Thomas Rivera Schatz, para montar a los senadores de mayoría y llevarlos como corderos a darle vivas a su correligionario y amiguísimo Héctor Martínez cuando salió acusado de corrupción del Tribunal Federal?

Tan exitosa fue su campaña que Fortuño ganó con una ventaja de 200 y pico de mil votos sobre el entonces gobernador Aníbal Acevedo Vilá, agobiado por unas acusaciones federales de las que finalmente salió airoso en 2009 (después de perder) y por un cuatrienio desastroso de "gobierno compartido" que ahora resulta que fue de su entera responsabilidad.

(Primera Hora / Andre Kang)

Lo cierto es que el Partido Nuevo Progresista ganó, más bien barrió. Se llevó la gobernación, la comisaría residente, el Senado, la Cámara de Representantes, la mayoría de las alcaldías. Y una vez asumió las riendas del gobierno, comenzó a barrer las instituciones, como el Colegio de Abogados, el Tribunal Supremo, la Universidad de Puerto Rico.

Además, utilizó un mal sustentado déficit estructural multibillonario para acabar también con miles de empleos públicos, aunque por alguna extraña razón, siempre hubo dinero para los contratos, tanto en el Ejecutivo como en la Legislatura y las alcaldías, algunos por sumas astronómicas que no se ajustaban a la realidad de un gobierno quebrado  y una recesión rampante.

El cantazo de las acusaciones contra Jorge De Castro Font, a quien habían expulsado ya del PNP -no por corrupto sino por pertenecer al bando de "los auténticos" que no le dieron paso a Pedro Rosselló a la presidencia del Senado- los tocó muy de cerca. Fortuño y sus dirigentes reclamaron la renuncia de De Castro desde antes de que lo acusaran, igual que hicieron con Acevedo Vilá, olvidándose de la presunción de inocencia.

De Castro Font se declaró culpable de las múltiples acusaciones de corrupción que le formuló la fiscalía federal, pero en su caída se llevó enredada a mucha gente, incluyendo al senador Martínez, quien había sobrevivido, por obra y gracia de la ineficiencia de unos fiscales en el Departamento de Justicia, al escándalo de "Coquito", el presunto narcotraficante asesinado por el que igualmente quedaron retratados los también legisladores Lornna Soto y Epifanio Jiménez, este último derrotado en el 2008 en su intento por convertirse en alcalde de Carolina.

Pero, Martínez, tal vez el más vinculado a "Coquito" --quien se presentaba como su asesor legislativo en visitas a las cárceles y le servía de avanzada a él y a varios otros políticos de la región de Carolina--, logró salir airoso del escándalo, sobrevivió la pobre investigación de Justicia y hasta revalidó en las elecciones de 2008.

Iniciado el nuevo cuatrienio, Martínez regresó triunfante al Senado, para retomar la presidencia de la poderosa Comisión de Seguridad Pública y Asuntos Judiciales. Casi nada, encargarse de confirmar a jueces y fiscales, de fiscalizar a la Policía.

Cuando dejó la presidencial del comité a principios de este año al conocerse que era investigado por los federales debido a sus relaciones con el cachanchán de una compañía de guardias de seguridad, no se preocupó mucho. Para eso tenía a Rivera Schatz que, siempre previsor, hasta se adelantó a recogerle $40,000 para el "down payment" de los abogados que lo defenderán.

Esta semana, antes de las acusaciones, Rivera Schatz se comprometió públicamente a defender y proteger a Martínez de sus enemigos, la emprendió contra el jefe de la División de Integridad Pública de Justicia federal, Peter Koski, y allanó el camino para gritar "!trampa!" si las cosas se ponen peores, como se augura.
Por eso contrató la guagua (¿sería de verdad la de Fortuño?), montó a los senadores penepés y se fue al Tribunal Federal.

El espectáculo está apenas comenzando. A Fortuño le va a costar más trabajo pasarle el rolo a Héctor Martínez que al mural de "Coquito" en Torres de Sabana.