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Al menos cuatro cooperativas de confinados operan en las instituciones penales del País. (ARCHIVO)  
Las iniciativas les brindan a los participantes una oportunidad de emplearse bajo un concepto de autogestión.

El cooperativismo ha sido un movimiento de gran ayuda para Puerto Rico en distintos aspectos de la sociedad.

Y la comunidad carcelaria del País no es la excepción. Al menos cuatro cooperativas de confinados operan en las instituciones penales del País con el aval del Departamento de Corrección y Rehabilitación y la Liga de Cooperativas de Puerto Rico, entre otras entidades.


Su función, además de brindarles a los participantes una oportunidad para emplearse bajo un concepto de autogestión, es fundamental en su proceso de rehabilitación.

“La primera cooperativa únicamente de confinados se fundó hace unos 15 años en el Complejo Correccional de Guayama, lo que se conoce como Guayama 945. Allí trabajan aspectos de artesanías y tienen un huerto. Eventualmente se crearon otras”, sostuvo Dahlia Torres coordinadora de programas y servicios de la Liga de Cooperativas.

“Puerto Rico ha sido pionero en este tipo de iniciativas porque no es muy común que existan cooperativas de confinados en este hemisferio”, apuntó.

El primer concepto de cooperativa de confinados llevó por nombre Arrigos y a él le siguieron la Cooperativa El Zarzal Multi Coop, en Río Grande, dedicada también a la siembra y distribución de productos agrícolas y la Cooperativa Vencedores, en el Instituto Educativo Correccional de Bayamón.

“La cooperativa de Bayamón es como un instituto. Ellos se preparan para, cuando salgan, tenga un grado asociado en energía renovable. Allí tienen una cooperativa en donde trabajan con huertos hidropónicos”, manifestó Torres Valentín.

El último gran proyecto incorporado es la primera cooperativa de confinadas en toda América Latina, Taínas Coop, que fue fundada en la antigua Escuela Industrial para Mujeres en Vega Alta, y que ahora opera en Bayamón. Allí trabajan en la confección de bultos con material reciclable, así como lazos, diademas y calzado para bebés, entre otros.

El 10% de las ganancias que generan las cooperativas es destinado a la reserva social de la propia cooperativa; un 30% va al Departamento de Corrección y Rehabilitación y el restante 60% se distribuye entre los socios.

“Estas iniciativas son importantes porque va a tono con lo que es el proceso de rehabilitación. Han cogido estos proyectos porque son de autogestión. Los confinados que están ahí han mostrado una conducta de rehabilitación y lo utilizan para tener un espacio de autoempleo. Así pueden ayudar a sus familias, etc.”, comentó Torres Valentín.

Según explicó, el impacto que estas iniciativas han tenido en sus participantes ha sido fundamental.

“Lo más importante es que, de los cientos de personas que han participado en estas cooperativas y han salido a la libre comunidad, apenas uno o dos han regresado a las instituciones. Muchos han conseguido empleos, otros son artesanos certificados o han continuado estudios en psicología o mercadeo. Y de eso se trata, que al final, sean rehabilitados”, expresó la funcionaria.

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