El republicano Greg Abbott fue elegido el martes para un tercer periodo como gobernador de Texas luego de derrotar al demócrata Beto O’Rourke en una contienda que puso a prueba el rumbo del inmenso estado republicano tras la masacre en una escuela primaria de Uvalde y una prohibición estricta al aborto.

El triunfo subrayó la resistencia política de Abbott luego de un gasto récord que rebasó los 200 millones de dólares en un estado donde los republicanos han visto reducidos sus amplios márgenes de victoria en los últimos años.

Pero en un estado de 29 millones de habitantes que se está volviendo más joven y diverso y se ha convertido en un imán para las grandes compañías, Abbott permaneció como un baluarte del Partido Republicano en una disputa ante un reconocido y complicado adversario.

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Abbott capitalizó el nerviosismo en cuanto a la delincuencia y la inflación ante un rival carismático que buscó el voto de aquellos inconformes por los tiroteos masivos, las restricciones al aborto y la falla en la red eléctrica estatal en 2021 que tuvo consecuencias letales.

El resultado ahora coloca en trayectorias distintas a las dos principales figuras políticas de Texas, una que ya se ha postulado a la presidencia y otra que sopesa su propia candidatura.