Chemo Soto es un “fashionista”

10/29/2011 |
Como todo un “fashionista”, Chemo Soto tiene una colección de zapatos y sombreros que le permite variar su indumentaria y ajustarla al tipo de actividad. Según él, hay personas que, cuando lo ven en alguna fotografía del periódico, lo llaman para preguntarle dónde compró los zapatos. Para los que quieran saber, el Alcalde los adquiere por catálogo y el precio sobrepasa los $200. (Primera Hora / Vanessa Serra Díaz)  
La ropa de diseñador le gusta desde pequeño. (Ve vídeo)

Dice que no es vanidoso y que su esmero en arreglarse no es para que lo miren, pero antes de empezar la entrevista ya había acomodado en la sala de su casa 22 pares de zapatos -incluidos un par rojo y otro lavanda- con los que combina su numeroso ajuar, que incluye numerosos sombreros y piezas de Versace.

La ropa de diseñador y hecha a la medida le gusta desde pequeño, algo que parece haber nacido con él porque Chemo Soto no sabe de quién heredó su predilección por la “ropa fina”, como identifica él su colección de gabanes, pantalones y camisas.

El alcalde de Canóvanas se crió con poco, pero no le faltó nada. Fue de los afortunados que en las décadas de los 40 y los 50 fue a la escuela con zapatos.

Como sus gustos superaban el presupuesto familiar y, además, le habían inculcado el valor del trabajo, se las arregló para tener ingresos y costear los lujos.

“Yo cogía y los separaba, daba un pronto. Lo que me ganaba era para ropa fina, de marca”, expresó, orgulloso de sus días de lay away.

Sin tener un stylist que lo asesore, Chemo está convencido de que al traje negro “queda bestial” con camisa blanca y zapatos rojos. Si se viste de crema, entonces los zapatos lila quedan de show. “El zapato luce más que el traje. Todo el mundo me mira y me pregunta”, aseguró.

En la búsqueda de verse apropiado, el Alcalde escoge cuidadosamente cuál es la indumentaria para cada ocasión. Y eso incluye los entierros, las protestas y los fenómenos atmosféricos. Para cada evento tiene un ajuar.

“Este pantalón es para las tormentas”, dice al sacar de su percha un pantalón de camuflaje con un filo de almidón capaz de cortar un rayo.

Todo lo manda al laundry.

En ese mundo de texturas y color que es el clóset de Chemo, destaca una pieza colorida y destellante. “En una fiesta bien heavy, yo caigo con esta camisa”, dijo sobre la Versace que compró en Nueva York en $495.

Pero ésa no es la única que brilla. A Chemo le gusta el satín, sobre todo de noche.

No es fácil encontrar una camisa de hombre con todos los colores del arcoíris, pero él tiene varias. Las usa para los carnavales, aunque en ocasiones las saca a pasear un viernes.

“A veces pa fiebrar, los viernes por la noche. Con zapatos blancos se ve bien fina”, afirmó el padre de 10, quien no mira el precio de la ropa.

A los entierros, por supuesto, también le gusta ir bien vestido, pero el ajuar depende del muerto. “A los de ricachones voy con gafitas negras. A los de la mafia, con camisa de cuadro”, expresó al asegurar que asiste a todos los funerales del pueblo.

Chemo trata de llevar su vida tan organizada como su clóset. Ese orden le permite escoger en la noche lo que se va a poner en la mañana.

A las 4:30 ya está en pie y a las cinco ya está en la pista. Por el perfume, saben que llegó.

Tanto le gusta estar oloroso, que el Declaration, de Cartier, lo compra por docenas. Oler rico le gusta tanto como estar en forma y mantener su 34 de cintura. Por eso tiene en el cuarto la maquinita para los abs. Hace 500, “un día sí y otro no”.

La cocolería le corre por las venas y se considera un gran bailarín de salsa. Tanto, que se convirtió en maestro de este género musical en los tiempos del Xanadú. Hasta concursos ganó en el programa de Alfred D. Herger.

Con una variada lista de empleos, destacan el de cartero y el de detective. “Tenía muchos confidentes”, dijo sobre una época de su vida en la que las infidelidades eran su especialidad.

Como cartero no le fue bien porque, según él, en dos meses fue atacado por perros más de 20 veces.

Con un corazón en óptimas condiciones gracias a “una batería como de 80 voltios”, el alcalde de 67 años insiste en la existencia del chupacabras, esa especie de animal que sembró pánico en Canóvanas.

“Para mí, es extraterrestre”, dijo convencido de las andanzas de la criatura que “ataca donde hay cuerpos de agua” y que, según lo han descrito personas serias que él conoce, de la cintura para arriba es animal y de la cintura para abajo, hombre.

Satisfecho con su vida, al “buen padre y mal marido” nada le quita el sueño. Le gusta lo que ha vivido y se considera afortunado en el amor.

Con un poco de nostalgia, contempla una foto suya de hace 20 años; piel lisa, pelo oscuro.

“Me pongo una pintura y quedo igualito”.