David Bernier: Para reír basta con un baño de pueblo

Por Rosita Marrero / rmarrero@primerahora.com 04/20/2013 |
Es uno de cinco hermanos, todos producto de la escuela pública, tres de los cuales son dentistas.
El secretario de Estado dice que heredó las mejores cualidades de su madre, una jíbara de montaña, y de su padre, un jíbaro de costa. (Primera Hora)  

El ser colorao y pecoso le impidió durante toda su infancia y adolescencia el escabullirse y salir airoso de los líos en que se metía y las maldades que hacía, pues lo identificaban con facilidad.

“Yo era una peca”, dice con gracia el secretario de Estado, David Bernier, con relación a su piel blanca, extremadamente sensible al sol, y su cabello rojizo como el abayarde.

“Éramos cuatro coloraos en casa. El único que se salvó fue el chiquito. Los demás salimos rojos, rojos. Dicen que eso es en el recesivo. Tenemos abuelos medio coloraos”.

Dicen que los coloraos son traviesos...

Lo que pasa es que somos fácil de detectar. Es fácil cuando se forma un revolú y to’ el mundo sale corriendo. Iban a casa a buscarme. Yo me amarraba una camisa así en la cabeza (señala) y nos íbamos a buscar guayabas en el patio de un vecino o a espantar las reses en una finca. Pero, al final, me cogían comoquiera.

Bernier, quien recién se estrena como secretario de Estado, tiene una agenda muy cargada con apenas tiempo para respirar. No solo atiende las obligaciones propias de su cargo, sino también asume las del gobernador Alejandro García Padilla cuando se encuentra fuera de la Isla.

No empece a haber dejado la presidencia del Comité Olímpico para acometer sus nuevas tareas, no puede quitarse el olimpismo del corazón.

“No hay forma de que uno abandone esa filosofía de vida. Los olímpicos somos olímpicos hasta que nos morimos. Solamente cambia nuestro marco de acción”.

“Yo empecé nadando. Fíjate que me crié en Patillas. Tuve la dicha de que abrieron una escuela especializada en deporte, en el Albergue Olímpico. Una escuela pública-residencia. Fui de la primera clase en 1989. Mi papá vio una gran oportunidad para mi hermano y para mí, que éramos los más chiquitos de cinco hermanos. Yo entré a natación, pero como era blanco, nadando todos los días, expuesto al sol, salía como una peca...”

Los amigos lo llamaban por 20,000 sobrenombres.

“Me decían ‘abayarde’, ‘cheese trix’, ‘Archie’... Todo los nombres que se les ocurrían”, dice riéndose.


¿Fue víctima de bullying?

No fui víctima de bullying. Tuve una infancia feliz.

Bernier expresa que la decisión de sus padres de dejarlos a él y a su hermano menor, Víctor, internados a sus 12 años, en el Albergue Olímpico “fue una muestra de amor y desprendimiento bien grande”.

“Me llevaban los domingos, me buscaban viernes. Esa fue mi casa escuela. Allí yo me formé desde muy niño como ser humano. Desarrollé mi carácter”.

Fue en el Albergue que Bernier se enamoró del olimpismo. Salió de la natación y se metió en la esgrima, porque era lo que correspondía por la rotación.

“La esgrima me permitió representar a Puerto Rico internacionalmente”.

David y su hermano Víctor obtuvieron medallas de bronce en dos Juegos Centroamericanos, Maracaibo en 1998 y el Salvador en el 2002. Luego, obtuvieron la presea de bronce en los Juegos Panamericanos de 2003, en República Dominicana.

Patillense y explayao

No hay nadie que recuerde con tanta felicidad a su amado pueblo de Patillas como David Bernier. Si lo dejan, estaría horas relatando anécdotas sobre su crianza y las peculiaridades de los patillenses.

“Me gusta el humor sencillo de la calle. Cuando tengo la oportunidad, voy a mi pueblo. La gente tiene ocurrencias extraordinarias. Si quieres reír, basta con darte un baño de pueblo. La gente de mi pueblo es la más chistosa y agradable. Mi papá hace una distinción entre un jíbaro de costa y uno de campo. Mi mamá es jíbara de campo y mi papá de costa. Yo heredé de los dos”.

Bernier considera que el jíbaro de costa es más vivaracho. Hace más cuentos y tiene un hablar más alto. En cambio, el de campo es trovador, es más calladito, menos extrovertido, y muy creativo.

Del patillense en general, afirma que es una persona muy sencilla, que no necesita para ser feliz más que su espacio para compartir y ganarse la vida, que siempre encuentra palabras de elogio para la persona que conoce y siempre tiene una sonrisa en su cara.

Asegura que un patillense es fácil de reconocer.

“Cuando estoy en una fila en algún sitio y escucho a alguien hablando duro, diciéndome ‘¡Quiquillo!’, que dondequiera que yo esté, los patillenses no creen en el protocolos ni sistemas, interrumpe todo para darle un abrazo a uno, sin timidez alguna. Que habla con quien esté en la fila. De una alegría extraordinaria y una seguridad en sí misma. Cuando yo oigo un ‘¡Quiquee!’..., hay un patillense”.

Bernier rememora las fiestas patronales de su pueblo, las cuales esperaban con muchas ansias.

“Me ponía mi pantaloncito y la mejor camisita y bajábamos y dábamos vueltas por la plaza a ver las nenas”, comenta divertido.

Cuenta que los patillenses hablaban con los artistas como si los conocieran de toda la vida.

“Somos el único pueblo en Puerto Rico y el que diga lo contrario me lo dice, que tiene río, playa, bosque y lago”, dice con referencia al río, el lago y el bosque Carite, y la playa La Guardarraya.

Le cuesta separarse de su familia

El secretario de Estado comienza su día muy temprano en la mañana. Es en horas tempranas de la madrugada que con mayor placer disfruta de un café en compañía de su adorada esposa, Alexandra Fuentes.

“Ya a las 4:00 de la mañana estoy de pie. Me encanta ese periodo para hacer mis lecturas y para crear. Mi esposa trabaja a esa hora, por lo tanto, ese café de la mañana es fundamental para la relación. En ese momento dialogamos. Hablamos de su trabajo y del mío. Luego, ella se va a trabajar temprano y yo me quedo leyendo. Después, levanto a los nenes, los visto y los llevo a la escuela”

¿A quién quiere más, a Miranda o a Sebastián David?

No, ahí sí que no. A esos dos los quiero igual.

¿Y a la nena grande?

A la nena grande la adoro y espero envejecer con ella.