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Ramón Luis Rivera, padre e hijo, siempre han sido cómplices

Por Femmy Irizarry Álvarez 06/17/2017 |09:00 a.m.
El amor entre Ramón Luis Rivera, padre e hijo es más que evidente, sobre todo, cuando se sientan a hablar de las anécdotas políticas y familiares. ([email protected])  
Las anécdotas afloran al momento de hablar de su relación y cómo la política los unió más.

Todavía recuerda cuando su hijo, de entonces de 11 años, se subió al techo de la casa a poner un canasto de baloncesto… terminó inconsciente y con los dos brazos rotos.

Cuando el muchachito recobró la conciencia, lo único que le decía a su padre era, “no lo vuelvo a hacer”.

En un encuentro de Primera Hora con Ramón Luis Rivera, padre e hijo, permea la complicidad, la sonrisa franca, el amor, la gratitud y el respeto.

“Recuerdo haber ido a mítines enganchadito aquí, en el cuello de él”, compartió el alcalde de Bayamón, Ramón Luis hijo, de 61 años, al señalarse su cuello y explicar cómo siguió los pasos de su padre, de 88 años, en el ruedo político.


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“Siendo el hijo mayor (son cinco) en mi casa, siempre acompañaba a mi padre a todas las actividades políticas… Eso hizo que fuera absorbiendo o heredando algunas cosas: el amor por el servicio público, el sentido de defensa del ideal o lo que representa el ideal (político)…”, sostuvo.

Y esa herencia llevó al hijo a seguir los pasos de Ramón Luis Rivera, padre, que estuvo 24 años dirigiendo los destinos de Bayamón. El hijo ya está en su quinto término.

Uno de los temas que contó con lujo de detalles el padre del ejecutivo municipal fue cuando le dijo que quería ser alcalde de Bayamón.

Confesó que lo tomó por sorpresa, porque a su juicio hacía un buen trabajo como legislador. Pero su hijo no estaba contento, porque muchas veces era limitado en sus intenciones de hacer proyectos para su gente ante la falta de recursos.

Antes de decidir, el entonces alcalde comisionó una encuesta que pagó de su bolsillo ($4,000), y los resultados arrojaron un 85.7% a favor de su hijo. El resto es historia.

 
Siempre han sido cómplices

La complicidad, la sonrisa franca, el amor, la gratitud y el respeto permean en Ramón Luis Rivera, padre e hijo.


De su hijo, dijo que era “inquieto”, pero el alcalde lo interrumpe y agrega que era “travieso”.

“No, no, él era inquieto, pero bien pacifista, bien tranquilo. Pero todos los niños son un poquito inquietos. Un día le tuve que dar un cascarazo porque me dio un cantazo aquí (se señala la cabeza), pero eso son tonterías”, comentó el padre riendo junto a su hijo.

El exalcalde recordó que su hijo era “un buen estudiante. Nunca he tenido una queja de él”.

Sin embargo, Ramón Luis, hijo, insistió en que sí era inquieto, pero se lo achaca “a que me gustaba hacer mucho deporte, pues me iba con los muchachos a jugar baloncesto, béisbol, y podía estar horas muertas sin llegar a casa. Y cuando era teenager, pues, me gustaba la fiestecita”. 

“Papi siempre trabaja en campañas políticas, pero también estaba muy pendiente a la familia…”, indicó el alcal-de al agregar que “no cambiaría una o dos pelitas que me dieron, porque esas par de pelas hicieron que yo enderezara el rumbo”.

Son muchas las anécdotas que narran padre e hijo.


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Una de ellas  fue cuando Ramón Luis, hijo llegó en la madrugada a su casa y, como tenía hambre, puso a calentar un “bistecito con arroz” y se quedó dormido en el sofá. El humo por toda la cocina lo despertó. “Cuando de momento salió papi, me miró, y pensé, ‘creo que aquí va a haber un diálogo por la mañana’”. No lo hubo. 

Pero de tal palo, tal astilla.

Además de la vena política, que a ambos le viene de sus abuelos y bisabuelos, el arte de las travesuras los acompaña.

“Yo no tengo secretos escondidos”, alegó Ramón Luis, padre.

“¿Seguro, ah?”, cuestiona su hijo que revela que a su progenitor “también cuando jovencito le gustaba el parisito, el baile… Ah, ¿eso no lo dices?, te estoy velando”, dijo a carcajadas.

Y en efecto, el exalcalde comienza a recordar, y si no lo hacía su hijo, todas las maldades que le hacía a su hermano y otros familiares. 


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Así mencionaron el día que le “robó un pollito pela’o” que le habían regalado a su primo (luego se lo devolvió) y la vez que le llenó de basura la casa a su hermano Rafael.

Este último acto tuvo consecuencias, ya que en la madrugada “alguien” le colocó frente a su residencia la bandera de la Pava más grande que pudiera imaginar.

Pero esto son pajitas que le caen a la leche.

Padre e hijo se profesan un amor y respeto únicos.

El amor que siente Ramón Luis por su padre siempre lo ha expresado “con una sola palabra: ‘Gracias’. En esa resumo todo lo que le debo, todo lo que aprendí de él. Lo que soy hoy, en gran medida, se debe a la suerte y fortuna de haber contado con un padre como el que yo cuento… Muchos me deben estar envidiando”, dijo con una sonrisa.

El exalcalde, por su parte, dice sentirse “sumamente orgulloso de tener un hijo (como Ramón Luis), que se ha ganado el respeto de la gente, de la prensa, que lo respeta, lo considera y lo escucha”. 

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