Los abonados residenciales de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) podrían ver un aumento estimado de $21.00, en su factura mensual de electricidad, que equivaldría a $250.00  anuales.

Este aumento  a los clientes residenciales, que son cerca de  1,328,896, según cifras de la AEE, y consumen un promedio de 409 kilovatios por hora, le generaría a la AEE $349,000,000 estimados.

Esto equivale a $29,000,000 mensuales, según estimados del economista José Alameda.

“Yo escuché que el aumento a la tarifa sería de un 25 por ciento, que equivaldría a cinco centavos  adicionales por kilovatio hora. Esto, en el supuesto de que vayan a aumentar la tarifa”, apuntó el economista.

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Pero este estimado corresponde solo a los clientes residenciales. Habría que agregarle  lo que generaría  el aumento a los  clientes de la industria y el comercio.

Aumentos o ajustes de tarifa

De acuerdo al presidente de la Unión de Trabajadores de la Industria  de Eléctrica y Riego (Utier), Ángel Figueroa Jaramillo, es probable que para llegar a un acuerdo con los bonistas, la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE), aumente la tarifa básica de electricidad,  como lo dispone el Trust Aggreement firmado  con los bonistas, en 1974, que dispone que de haber problemas económicos, se evaluarían las tarifas.

Alameda, por su parte, expuso que una de las cosas que  siempre  se firma en los contratos con los bonistas bajo cualquier administración, es la cláusula para garantizar el pago de que se pueden ajustar las tarifas.

“Eso no es nuevo. Ahora, claro, sale a la luz pública esa condición por la precariedad. Lo que sucede aquí es que obviamente hay que reestructurar la deuda, que significa: Siéntate con los bonistas a los que tú le debes y negociemos”, ilustró.

El economista destacó que la condición de territorialidad, “nos limita las  manos”.

“Cuando la Ley Federal no nos  incluyó en el  Capítulo 9  de Quiebra  no hay posibilidad de reestructurar. Hacemos una  ley local y nos la declaran inconstitucional. Ahora estamos en Boston.Todos esos procesos no son de aquí, ni responden a intereses de acá. Hay unas manos atadas para tratar de trabajar con esa situación”, expresó. 

“Y cuando fuimos allá , a Washington, nos están diciendo vamos a nombrar un sub comité de un comité”, dramatizó.

“Privatización, lo peor que nos ha pasado”

Alameda barajeó las posibilidades que tiene la Autoridad: “¿Qué hacemos? Una opción es aumentar las tarifas;  tratar entonces de que alguna empresa privada administre algunas decisiones de distribución. Privatizar es una opción pero lo que sucede en Puerto Rico, es  que privatizar qué: la distribución, la producción y transmisión ¿Cuál de las tres?“

La pregunta, agregó,  es qué resuelve eso en términos del problema de inmediato de pagar. “Nada”, dijo al criticar que en Puerto Rico privatizamos la ganancia que se la lleva otro; pero  socializamos las pérdidas y las deudas que nos toca pagar a nosotros.

“Cuando tiene pérdidas entonces te dicen: Toma aquí está. Ahí, entonces, el riesgo se lo  quieren endilgar al Estado, sin la ganancia. Eso es lo peor que hemos tenido en los últimos años: la privatización”, afirmó.

La otra es, indicó,  que los bonistas se hagan cargo de la Autoridad, vengan acá y nombren administradores, pero tampoco resuelven el  problema.

“Estamos bien limitados para tomar decisiones sobre el asunto”, lamentó.

¿Coger prestado?

El economista dijo que tampoco se puede coger prestado porque no nos van a prestar.

“Le prestan al que tiene chavos: Muchacho tú estás pelao. Salte de aquí antes que llame la policía. Tomate el café,  el pocillo. Te lo voy a dar sin leche para que te vayas”, dramatizó.

La idea de aumentar la tarifa, puntualizó, es que los  bonistas están diciendo, yo te presto chavos y tú te mueves al gas natural, a  hacer expansiones y entonces solidificamos la estructura de Autoridad con combustible más baratos de los que hay abastos suficientes en el mundo.

“Necesito tener una estructura que me pague, o bajo gastos o subo ingresos. El gasto de los  contratos, el personal técnicó”, mencionó como ejemplo de lo que quieren los bonistas.

El economista aludió a la Utier para decir: “La Utier tiene trabajadores altamente especializados. No es producir límber de coco”, advirtió.