Pescador costarricense nada con cocodrilo de 16 pies de largo

09/20/2011 |03:37 p.m.
Hace 20 años que Gilberto Shedden encontró al cocodrilo moribundo en un río y lo llevó a su casa. (EFE/Jeffrey Arguedas)  
Pero no solo nada con él: le ha enseñado a hacer diversos trucos como rodar sobre su cuerpo, darle la pata, sostener la cola y la cabeza en alto y hasta cerrar un ojo.

Costa Rica.- Con sus casi 16 pies de largo, 981 libras de peso y más de 70 dientes, Pocho es la mascota favorita de Gilberto Shedden, más conocido como Chito, un pescador costarricense que se ha dado a conocer como la única persona en el mundo que ha logrado "domesticar" a un cocodrilo.

Con una enorme sonrisa en el rostro, Chito, de 54 años, nada tranquilamente junto a Pocho en una laguna en su finca en la localidad de Siquirres, unos 70 kilómetros al este de San José.

Pero no solo nada con él: le ha enseñado a hacer diversos trucos como rodar sobre su cuerpo, darle la pata, sostener la cola y la cabeza en alto y hasta cerrar un ojo.

La relación entre hombre y cocodrilo es cercana y única en el mundo y es la razón por la cual decenas de científicos, expertos en comportamiento animal y periodistas visitan el hogar de Chito, su esposa, su hija y su cocodrilo cada año.

La historia de Chito y Pocho es amistad pura. Hace 20 años encontró al cocodrilo moribundo en el río Parismina, en la zona del Caribe, pues un ganadero le había disparado por comerse a sus terneros en la orilla.

El pescador, que entonces tenía 34 años, lo subió a su lancha y lo llevó a su casa para aprovechar su cuero, pero al pasar los días sin que el animal muriera decidió curarlo y alimentarlo.

Su esposa, Olga Valle, cuenta entre risas que la llegada de Pocho fue un secreto que Chito guardó durante meses y que era un misterio adónde iba por las noches.

Ahora asegura que, aunque ella siente mucho respeto por el cocodrilo pues "siempre será un animal silvestre", Pocho es sin duda parte de su familia.

"Yo le daba de comer pollos. Al principio estaba todo feo, flaco y desnutrido y después ya se puso gordito. Lo iba a ver todas las noches, y una vez se me quedó viendo como invitándome a entrar al agua con él, entonces me metí a nadar", narra Chito, con la misma emoción con la que se refiere a su hija de 10 años, quien también ansía entrar a la laguna con su padre pero aun no se lo permiten.

De hecho, Chito es la única persona que nada con Pocho. Todos los domingos por la tarde hacen un espectáculo para turistas y personas incrédulas, que llegan desde todo Costa Rica para comprobar si la destreza de este "Tarzán Tico" (nombre artístico de Chito) es real o un truco.

Con una característica y contagiosa alegría, Chito pone a cantar y bailar ritmos caribeños a los curiosos visitantes antes de lanzarse al agua con total confianza.

Asegura que Pocho le está agradecido por salvarle la vida y no duda al afirmar que este enorme cocodrilo es su mejor amigo, y que entre ambos existe un lazo que nadie más puede comprender.

Las autoridades costarricenses están al tanto de Pocho y de su singular comportamiento y mantienen una evaluación constante.

El cocodrilo es monitoreado por biólogos y veterinarios, pero ninguno entra a la laguna donde habita.

"Ellos me dicen todo lo que tengo que hacer y yo lo hago porque nadie se atreve a meterse al agua", dice Chito, al hablar de indicaciones que incluyen exámenes médicos, alimentación y hasta darle medicamentos si es necesario.
Pocho se come entre seis y ocho pollos, más algunos pescados, unas tres veces por semana. Tiene unos 50 años de edad y podría vivir unos 30 más.

En 20 años de vida "en familia", el pescador nunca ha sido herido por el cocodrilo, que no tiene la misma actitud amistosa con el resto de personas.

Incluso, cada 1 de enero Chito realiza un truco único: mete su mano y su cabeza en la enorme boca de Pocho.
"Lo hago porque es el primer día del año y sé que él no me va a comer ese día", bromea este osado pescador, con su inacabable buen humor y su singular sonrisa.