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Viven a plenitud

Por Femmy Irizarry Álvarez 01/31/2018 |11:45 p.m.
Además de los cuidados médicos para esta población, en la Hacienda el Trovador se trabaja con su arreglo personal y hacen giras.  
Personas de la tercera edad se gozan estadía en un hogar para ancianos.

Se movían al ritmo pegajoso del merengue y la bachata, y algunos hasta olvidaban que no podían levantarse de sus sillas. Muchos se meneaban, subiendo y bajando los brazos mientras reían contagiosamente en medio de sus “ejercicios” de la tarde.

Son los participantes del hogar para ancianos la Hacienda el Trovador en Comerío, que se sienten allí como en su propia residencia.

Y en realidad, así es.

 
Viven a plenitud en Comerío

Personas de la tercera edad se gozan estadía en el hogar para ancianos Hacienda el Trovador


Andrés Berríos Ríos, de 77 años, es uno de los 33 residentes del hogar ubicado en una loma desde donde se puede ver las cientos de casas que componen el barrio Piñas, sector Monserrate.

“Bien bueno, bien bueno. Yo de aquí no puedo decir nada (malo) del cuido este”, dijo el vecino de Corozal.

¿Qué es lo que más le gusta de aquí?

“Las comidas es lo principal; las enfermeras, el cocinero, todo… aquí todo es bien organizado… Todos los días me dan masaje en las manos”, dice riendo el exempleado del Departamento de Educación, que siempre recibe la visita de sus hijos los fines de semana.

El inquilino del hogar, al que le faltan ambas piernas, llegó en mayo pasado y menciona con orgullo que, aun en esa condición, cuidó a su esposa hasta que murió víctima de cáncer hace varios años.

En la Hacienda el Trovador los amigos y amigas de la tercera edad no extrañan nada de lo que hay fuera de la estructura, y una de ellas es su facial.

La doctora Tanía M. Okundaye García, administradora y dueña del centro, indicó que entre los 27 empleados que tiene no puede faltar una esteticista que mima a los querendones del hogar.

En la Hacienda el Trovador también “trabajamos la parte del arreglo personal, faciales, damos tandas de cine, hacemos giras… Tenemos un proyecto bastante holístico porque pensamos que envejecer no es un proceso de esperar a la muerte y sí de continuar viviendo”, aceptó.

Hace un año y dos meses abrió el hogar y la intención de Okyndaye García fue siempre que allí llegara el que fue maestro o el que se jubiló.

Además, “uno siempre piensa que quien nos vio nacer deben ser las personas a quien uno le rinda tributo... Soy una persona bien familiar y mi abuela es el centro de nuestro universo, y qué más que trabajar con personas de edad avanzada…”, dice la mujer de 29 años, vecina de Comerío y quien tiene viviendo en su casa a su abuela materna.

Elisa López, de 79 años, vive allí a plenitud y llegó luego del huracán María tras perder su casa.

“María me trajo aquí. Esto es un sueño, porque me quedé sin nada y ya a los pocos días me aceptaron. Dije: ‘en algún sitio el Señor me va a tener’ y fue este”, indicó López.

La exempleada municipal adelantó que próximamente habrá “un casino, sala de cine, piscina, un elevador para subirnos y una sala de juego”.

Sobre el casino y los otros modos de esparcimiento que establecerá, la también epidemióloga Okundaye García explicó que tras hacer un estudio del grupo vio que muchos de los viejitos “antes iban a sus casinos; hay unos que les gustaban las películas… y la piscina, ya que se dañó a la que los llevábamos, decidimos hacer una más terapéutica…”.

La galena agregó que un requisito para entrar es que los familiares se comprometan a, por lo menos una vez a la semana, ir a verlos.

“Nosotros tenemos un lema: trabajamos para los viejitos, pero no los adoptamos. Podemos tener las mejores condiciones… pero si los familiares no vienen. Los familiares son parte angular en cualquier desarrollo de cualquier envejeciente”, argumentó.

Precisamente, este fin de semana Minerva Vázquez estaba visitando a López.

“No sabíamos dónde estaba y nos enteramos que estaba aquí”, comentó Vázquez acompañada de su esposo.

Agregó que nada como el calor familiar para que un envejeciente se sienta bien. 

Juanita García, madre de la administradora, dijo por su parte que “queremos que ellos se sientan útiles y lo logramos. Residentes que vienen sin poder caminar y ya están bailando”.

Y sí, allí demostraron que no hay edad para mover el esqueleto, sentirse feliz y vivir a plenitud.

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