Felix Baumgartner: "Todavía tengo que creerme que el del salto soy yo"  

Por Agencia EFE 04/10/2013 | 06:55 p.m.
Sus 115 kilos de peso y el hecho de estar oyendo constantemente su propia respiración, con la sensación constante de quedarse sin aire, le hicieron durante los preparativos tener que acudir a un psicólogo para superar esa ansiedad. (Archivo)  
Felix Baumgartner se convirtió en la primera persona en romper la barrera del sonido tras saltar desde 39 kilómetros de altura.

Cannes, Francia.- El austríaco Felix Baumgartner, que el pasado octubre se convirtió en la primera persona en romper la barrera del sonido tras saltar desde 39 kilómetros de altura, confesó hoy que todavía tiene que creerse haber sido el protagonista, y que "ni loco" volvería a intentarlo.

"He sido el primero. La razón por la que funcionó una vez no significa que vaya a funcionar dos. Lo próximo sería ir dos veces más rápido. Se lo dejo a las próximas generaciones", indicó en una charla organizada dentro de la feria de televisión MIP TV de Cannes, que se inauguró el lunes y se clausura este jueves.

El encuentro, en el que la marca de bebidas energéticas Red Bull explicó el por qué de su implicación en este tipo de iniciativas, sirvió para conocer que el momento más difícil para Baumgartner no fue el salto en sí, sino los diez segundos que lo precedieron.

"En cuanto abres la puerta de la cápsula pierdes su protección, y si el traje falla en ese momento, tardas 15 segundos en morir", señaló el deportista, según el cual, y pese a lo que pudiera parecer, el traje fue precisamente una de sus mayores pesadillas.

Sus 115 kilos de peso y el hecho de estar oyendo constantemente su propia respiración, con la sensación constante de quedarse sin aire, le hicieron durante los preparativos tener que acudir a un psicólogo para superar esa ansiedad.

"Estar dentro del traje presurizado es realmente difícil. Durante esos años todo el mundo pensó que ese traje iba a ser mi amigo, y sin embargo se convirtió en mi enemigo", confesó Baumgartner, al que tampoco le hizo la travesía más fácil el no poder levantar el visor.

Pero una vez que llegó a los 38,969.4 metros de altura, y justo antes de descenderlos una velocidad máxima de 1,357.6 kilómetros por hora, la experiencia, asegura, fue insuperable.

"Te quedas sin aliento en cuanto ves la Tierra. Te das cuenta de que eres el único en vivir ese momento, pero tienes solo diez minutos de oxígeno, así que más vale que espabiles", confesó el austríaco, subrayando que aunque obviamente el salto "costó un montón de dinero, valió la pena".

Su prioridad y su principal preocupación fue la seguridad, y superado ese desafío y vivido ese privilegio, el siguiente paso se aleja de la intención de batir nuevos récords, y apuesta por ganarse la vida como piloto de helicópteros de rescate, porque según concluye, siempre le ha gustado estar en las alturas.