Adolescente se tiró del carro por despecho

12/31/2012 |
La teniente Peregrina Marrero (a la derecha) y Lissette Olmo, de la Oficina de Relaciones con la Comunidad de la Policía, hicieron un llamado para que se entreguen los que arrollaron a Alex Michoel, arriba. (angel.rivera@gfrmedia.com)  
El menor estaba agobiado porque no fue invitado al quinceañero de su novia y se negaba a aceptar el consejo de dejarla.

Canóvanas. Como una versión moderna del clásico de la literatura El niño que enloqueció de amor, podría describirse la tragedia que vive la familia de Alex Michoel Rica Ayala, un adolescente de 14 años que se lanzó la madrugada del domingo del carro en el que iba con su mamá, su padrastro y su hermana, cegado por un enojo amoroso que le costó la vida.

Alex, descrito como un chico bien reservado, estaba molesto porque no lo invitaron al quinceañero de su novia, quien no fue identificada.

El chico llegó a darle un puño al espejo del baño y es cuando la madre, la agente María Ayala Cruz, adscrita a la zona turística de Carolina, decide llevarlo a la fiesta en Cataño. Allí ambos jóvenes hablaron. No estaba claro si hubo un incidente.

De regreso, la familia hasta alquiló películas para animarlo y distraerlo, pero el giro de la conversación se tornó tenso.

“Entendemos que el detonante como tal de la decisión del menor fue el no haber sido invitado al quinceañero de su novia, no haber sido su pareja, no haber estado ahí... Entendemos que la madre le aconsejó: ‘Si las cosas están así, te aconsejo que te busques otra noviecita’. Él le dijo que no y, acto seguido, el niño optó (por lanzarse) quizás sin pensar que lo que iba a suceder era fatal porque a lo mejor su decisión fue llamar la atención, quizás, a esa novia”, relató la sargento Peregrina Marrero, supervisora directa de la madre de Alex, a las afueras de su casa.

Lissette Olmo, de la Oficina de Relaciones con la Comunidad de la Uniformada, contó que cuando Alex abrió la puerta, iban por la avenida Baldorioty de Castro en dirección de San Juan a Canóvanas, a la altura del kilómetro 3.7, frente al residencial Luis Llorens Torres. Su hermana, Ashley Vargas Ayala, de 18 años, intentó detenerlo, pero no pudo.

El padrastro, Alexis Bermúdez, frenó y el potencial para una tragedia aún mayor se cuajó: la hermana se lanzó de la guagua Tacoma de doble cabina y recibió heridas leves en una cadera. La madre se bajó también “para tratar de evitar que otros carros siguieran pasándole por encima a su hijo”, expresó Marrero. “Está desconsolada por lo que vio y no pudo evitar”.

Ninguno de los automovilistas que impactaron el cuerpo se detuvo.

Bermúdez, quien presume que los sospechosos hablaban por celular, clamó para que las autoridades impongan con fuerza la ley que entra en vigor el martes y que prohíbe hablar mientras se maneja, aunque en el fondo dijo saber que la falta de solidaridad fue lo que llevó a las personas a no parar.

“Casi nunca nadie respeta... las leyes de tránsito. Las personas tuvieron que haber sabido que con algo chocaron y no se detuvieron”, criticó Marrero.


Mientras, la teniente Rosa Sánchez hizo un reclamo público en una conferencia de prensa a los conductores que atropellaron a Alex para obtener su versión del suceso. Advirtió que por el área hay cámaras de seguridad recién instaladas y se hacían gestiones para recuperar el pietaje.

Rey Delgado, uno de los capellanes que visitaron a la madre, comparó la falta de sensibilidad de los conductores con lo que le pasó a la familia de Jesús al ir de posada en posada sin encontrar albergue hasta que María dio a luz en un pesebre. “Es el mismo dolor de Navidad”, dijo.

Alex estará expuesto el miércoles, 2 de enero, en la funeraria Amelia Memorial, de Cataño. Será enterrado el jueves en el cementerio municipal de Guaynabo, se informó.