Cae joven promesa del boxeo

03/04/2013 |
El crimen nuevamente estremeció a más de una familia puertorriqueña. (Para Primera Hora / Xavier García)  
Versiones de la Policía apuntan a una posible amenaza antes de que se perpetrara el atentado.

Era temprano en la madrugada, a eso de la 1:15 a.m. de ayer, cuando se acercó un vehículo y se abrió fuego contra cuatro individuos que compartían frente a una humilde residencia de Barrio Obrero, en Santurce.

El atentado se convirtió en la tercera masacre del año y, además de ser un indicador inequívoco de la alta incidencia criminal que vive el país, también será recordado por haber segado la vida de un púgil que prometía ser uno de los grandes del boxeo, quien a pesar de sus últimas derrotas intentaba retomar su carrera cuando fue abatido a tiros con municiones de nueve milímetros y .40.

La muerte del boxeador profesional Héctor “el Flaco” Sánchez García se notificó horas después del crimen por familiares.

Cuando todavía el Flaco, de 26 años, se debatía entre la vida y la muerte, su madre, Carmen García, casi sin poder hablar, narró a este diario que la última vez que lo vio, a eso de las 11:00 p.m. del sábado, “me dijo: ‘Vengo ahora’”.

“Estaba en el lugar equivocado”, dijo la mujer. “Mi hijo no se metía con nadie. No le hace daño a nadie”, reclamó.

El atleta comenzó su carrera profesional en el 2005 tras una sólida trayectoria como aficionado. De hecho, el púgil se coronó como un campeón nacional bajo esta clasificación. Muchos llegaron a considerar que se trataba de una futuro campeón mundial, pero había perdido tres de sus últimas cuatro peleas luego de una racha de 18 victorias. Aun así, trataba de enderezar su carrera antes de encontrar la muerte a manos de sicarios.

Las otras víctimas fueron identificadas como Luis M. Muñoz Castro, de 41 años; Javier Tanco Rosario, de 40, y Bienvenido Rivera García, de 42. El primero vivía en la casa donde el grupo compartía cuando fueron sorprendidos por los matones y el segundo, según versiones extraoficiales, tenía expediente criminal por un asesinato.

En plena calle

De los hechos del crimen se conoce muy poco, pero de la investigación preliminar se desprende que el grupo compartía cuando fueron tiroteados por sujetos que transitaban en un vehículo, cuya descripción se desconoce. Se presume que los sujetos pudieron haber disparado desde el carro o que se desmontaron del vehículo para rematar a sus víctimas.

En la escena del crimen se pudieron recuperar cerca de 18 casquillos. Para los investigadores, las distintas municiones confirman a más de un asesino.

Muñoz, Tanco y Rivera murieron en la escena o momentos después, uno de ellos en un dispensario, mientras que el boxeador falleció mientras recibía atención médica en el Centro Médico de Río Piedras.

Más medidas de seguridad

Según el comandante auxiliar de la Policía en la capital, el comandante Israel Vázquez Rivera, la masacre se perpetró pese a medidas de seguridad que se habían establecido en Barrio Obrero y Buena Vista, entre otras comunidades de la península de Cantera, a raíz de otro atentado que se registró en el restaurante Denny’s la mañana del sábado. La víctima mortal y otros de los perjudicados de esta balacera tenían como residencia unidades de vivienda en el residencial Las Margaritas, en Barrio Obrero. Pero aun con más dispositivos de seguridad, esto no representó un obstáculo para los sicarios.

“La Policía tomó medidas inmediatas para una mayor vigilancia (a raíz del crimen del restaurante Denny’s). Se solicita una cooperación de la ciudadanía para su esclarecimiento”, subrayó Vázquez.

Se investiga si en las inmediaciones donde se registró el atentado se estaba estableciendo un punto de drogas y si narcotraficantes de la zona habían lanzado una advertencia para que no se vendieran los estupefacientes. Cabe reseñar que no se ha podido establecer relación alguna entre esta versión y las víctimas.

Ley del silencio

No obstante, el vecindario nadie aparentemente quiso hablar con los investigadores que llegaron a la escena. A unos bloques de distancia, aguardaban dos agentes en una patrulla mientras se comenzaron a arremolinar en la escena jóvenes en motoras y vehículos con cristales oscuros.

“No queremos que entren”, dijo una mujer refiriéndose a este periodista mientras los agentes comenzaban a tomar sus últimas notas antes de irse de la escena.

“Era lo mejor, una persona bondadosa. Todo el mundo lo quería”, dijo José, un obrero de construcción, sobre Muñoz.

Javier Colón Dávila, Melisa Ortega Marrero y Bárbara J. Figueroa colaboraron con esta historia.