Contrabando invasivo en las cárceles del país

11/19/2012 |
Artículos confiscados durante registros en una unidad de la 501 de la Cárcel Regional de Bayamón (Suministradas)  
Funcionarios niegan que se deba a fallas internas mientras aseguran que los confinados se las “ingenian”.

Es un contrabando que no se puede eliminar, que en algunas circunstancias se reduce y que nunca se contiene. Los protagonistas, los contrabandistas, son los confinados, pero la operación criminal es tan rudimentaria como una necesidad biológica.

La mantequilla es uno de los artículos más vendidos en las comisaría de las cárceles y su venta está ligada a la introducción de los artículos ilegales en el ano de los reclusos. En algunos registros se han identificado a mujeres con artículos en sus dos orificios, hasta una pequeña tableta en una ocasión.

Pero, quizás, lo más sorprendente es que la trama se fragua precisamente cuando los confinados salen de la institución, ante la presencia de los oficiales o durante las horas de visita. ¿Corrupción o seguridad deficiente? Algunos funcionarios aseguran que ninguna de las dos. Aunque pueden haber algunos casos aislados, los presos burlan la seguridad con distintas artimañas. La introducción del objeto se puede concretar en pocos segundos y en muchas ocasiones se realiza con la colaboración de otros presos que velan o despistan al oficial. Se sabe que familiares o conocidos a veces facilitan el tráfico.

¿La cárcel más segura?

La cárcel 501 del complejo correccional de Bayamón se considera como una de las más “seguras” en el país. De hecho, su propio superintendente, Alexander Rodríguez Madera, alega que muchos de los confinados les gustaría estar ingresados en su penal, a pesar de que la misma mantiene bajo custodia a algunos de los criminales más notorios del país, como el ex policía Javier Pagán, quien ejecutó al pensionado Miguel Cáceres en noviembre de 2007. Se clasifica como una institución “protectiva” al tener entre su población a decenas de ex funcionarios. Pero el contrabando dentro de la instalación parece ser la orden del día.

“El problema es que muchos de los confinados trabajan en brigadas y los oficiales de custodia no pueden estar pendientes de todo”, sostuvo Rodríguez Madera, quien aseguró que se ha podido contener el contrabando de artículos ilícitos dentro de la cárcel a pesar de registros periódicos que culminan con la confiscación de decenas de celulares y cuchillas caseras, entre otros objetos.

La institución cuenta con un sistema complejo de seguridad. Se compone de tres módulos que acuartelan a presos basados en su nivel de custodia: mínima, mediana y máxima. Cada módulo contiene unidades, áreas separadas por puertas de acero reforzado que contienen las celdas. Corrección también mantiene observados a los confinados a través de un sistema central de cámaras.

Durante un recorrido de Primera Hora se realizó un registro en una unidad de 44 confinados y se confiscaron nueve celulares, 75 decks de heroína, una “fisga” y cigarrillos.

Los confinados llegan a introducir el contrabando, principalmente, por su recto. Por ejemplo, “alquilan” el orificio por $40 a $60, dependiendo del tipo de celular, aunque hace unos años se solicitaba una “comisión fija” de $30 por cualquier celular “pequeño, sin antena”. Por otra parte, en la Cárcel de Mujeres de Vega Alta se han identificado a féminas con cuatro celulares entre el ano y la vagina, algunos “inteligentes”, lo que no se suele encontrar en las cárceles de varones. “A las mujeres les gustan los teléfonos inteligentes, ya que quieren estar conectadas a Facebook” , dijo el funcionario.