¿El ex juez con demencia en caso de la mucama?

Por Istra Pacheco 06/11/2013 |
Los testigos que se han presentado en el juicio contra Aida de los Santos (en silla de ruedas) han entrado en una serie de contradicciones. (ana.abruna@gfrmedia.com)  
Sus declaraciones fueron parte del tercer día de juicio que se sigue contra la mucama Aida de los Santos Pineda por asesinato en primer grado y violación a la Ley de Armas.

El ex juez del Tribunal Supremo Carlos Irizarry Yunqué tiene “demencia senil bien avanzada”.

Al menos así lo describió su nieta Lida Egele Irizarry, quien aseguró que, tras el crimen de la esposa de este, Georgina Ortiz Ortiz, el 17 de agosto de 2010 en su apartamento en el condominio Laguna Terrace, en el Condado, el ex juez “estuvo llorando desconsolado por meses”.

No obstante, reconoció que su abuelo continuó visitando el apartamento donde se cometió el crimen y que no lo ha vendido, aunque ya no duerme allí.

Sus declaraciones fueron parte del tercer día de juicio que se sigue contra la mucama Aida de los Santos Pineda por asesinato en primer grado y violación a la Ley de Armas.

Egele Irizarry, de 36 años, consignó que también su abuelo continuó asistiendo a la Escuela de Derecho de la Universidad Interamericana después del crimen para “seguir su rutina”.

Desde que inició el proceso, la nieta es la única persona que ha dicho que Irizarry Yunqué, quien cumplirá 91 años este 24 de junio, estaba “desconsolado” el día de los hechos.

En su testimonio, la nieta insistía en que la abogada Lucille Borges se refiera a la esposa de su abuelo como “Ginny”, pero también tuvo que reconocer que su propia relación con la víctima era “distante”.

La mujer dijo que tenía conocimiento de que se contrató a un detective privado, pero por orden de la jueza Eloína Torres, no se continuó con esa línea de preguntas.

En una moción que forma parte del expediente del caso se establece que fue la hija del ex juez, Lida Irizarry, madre de la testigo, quien pagó por esos servicios meses antes del crimen, aunque por ahora no se han revelado más detalles al respecto.

Por objeción de la fiscal Elba Acevedo, la nieta tampoco explicó por qué fue con su madre hasta Aibonito a la casa de una ex empleada doméstica de la pareja que quería hablar “de unas cosas que estaban pasando”. Eso ocurrió en el 2009, dijo.

Egele Irizarry afirmó que el matrimonio dormía en cuartos separados y que sabía que Ginny pasaba mucho tiempo jugando y chateando a través de su computadora.

Francisco Rebollo, quien es el abogado de la nieta y que también representa al ex juez y a la hija de este que contrató al detective, estuvo ayer en la sala escuchando los testimonios.

Rebollo indicó en un aparte con Primera Hora que no contestaría ninguna pregunta, ni siquiera la que se hace todos los días en los pasillos: ¿por qué el viudo no ha dado la cara en el juicio por la muerte de su esposa?

La acusación contra De los Santos establece que la mucama supuestamente cometió el asesinato “en concierto y común acuerdo” con otras personas que nunca han sido identificadas.

Egele Irizarry dijo a inicio de su testimonio que el cuchillo que vio en la escena tenía el mango negro y que la esposa de su abuelo tenía la mano sobre esa pieza.

Eso contradice el testimonio del vecino Frank Funtanes, quien el viernes dijo en sala que el mango que él vio era marrón, desgastado y tenía mucha sangre, y que el cuchillo no estaba en la mano de Ginny. Según ese vecino, el cuchillo que le enseñaron en fotos no era el mismo de la escena.

Mientras, la famosa perrita del ex juez, Nina, descrita por Egele Irizarry como una bolita de algodón, “estaba limpiecita” cuando llegó al apartamento cerca de las 5:30 de la tarde, porque trabaja muy cerca de allí. Pero después tuvo que reconocer que mandaron a Nina a la casa de su mamá en Guaynabo y que no fue hasta que un patólogo y un fiscal se lo ordenaron que regresaron al animal.

Aunque fue una de las primeras personas que llegaron al lugar, Egele Irizarry prestó su declaración jurada 10 meses después de los hechos.

La Policía no había llegado y ya el administrador Julián del Casero, Funtanes y un nieto estaban dentro del apartamento, con lo que la defensa pareció volver a poner en duda la custodia de la escena.

La mujer indicó que su abuelo usaba una chaqueta para ir a la universidad, como lo hizo ese día, y luego identificó en unas fotos de la escena una chaqueta que sobresalía del armario del baño que solo él usaba.

En horas de la mañana testificó Del Casero, administrador del edificio, quien no fue citado a la vista preliminar.

En una entrevista con este diario en septiembre de 2012, José Palau, hijo de la víctima, relató que Del Casero estaba sentado tranquilamente tomándose un refresco en la sala del apartamento cuando una de las sobrinas de doña Ginny llegó mientras el cuerpo estaba inerte cerca de la entrada.

Del Casero negó que las personas que entraron al apartamento ese día antes que la Policía hubieran brincado por encima del cuerpo.

También apuntó que en las fotos de la escena las butacas del apartamento aparecían en un lugar diferente al que las vio la tarde del 17 de agosto e indicó que pudo haber hablado con el ex juez previo a ofrecer su declaración jurada.

Otro testigo fue el encargado de mantenimiento del edificio, Juan Manuel Ramos, quien dijo que no escuchó a la perrita ladrar, como lo hacía siempre que pasaba por allí entre las 2:00 y las 2:30 de la tarde.

El juicio continúa el miércoles.

Reacciona el secretario de Justicia

Por otra parte, el secretario de Justicia, Luis Sánchez Betances, dijo estar impedido de evaluar la prueba recopilada en el caso y aseguró que, si hay incongruencias, como un cuchillo distinto al que vieron los testigos, le toca al jurado pasar juicio sobre la credibilidad de eso.

“No se puede interrumpir el proceso... si hay nueva evidencia o es fraudulenta la que se trae, hay remedios para curar esto... De todos modos, estaremos atentos al litigio para, de ocurrir algún extravío de la justicia, poder corregirlo”, afirmó en entrevista telefónica.

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