Explosivo testimonio en caso mucama

10/23/2012 |
Abogados de Aida de los Santos podrían visitarla el fin de semana para seguir preparándose. (Archivo)  
Georgina Ortiz tenía muchos problemas con su esposo, según contó un testigo en la vista preliminar contra la mucama.

“¿Ella le dijo que se sentía víctima de maltrato sicológico? Sí. ¿Por parte de don Carlos? Sí”.

“Ella” es Georgina Ortiz Ortiz, la mujer que fue asesinada el 17 de agosto de 2010 en su apartamento en Laguna Terrace, en el Condado. “Don Carlos” es el ex juez del Tribunal Supremo Carlos Irizarry Yunqué, su esposo.

Quien hizo las revelaciones fue el entrenador personal de Ortiz, Iván Marrero, de 38 años.

El hombre testificó ayer en el segundo día de vista preliminar contra Aida de los Santos Pineda, la mucama que trabajaba diariamente en la casa del matrimonio.

Marrero indicó que sabía cómo se sentía Ortiz porque ella misma se lo dijo a pesar de llevar apenas cuatro meses como su entrenador, pero además era algo conocido entre las personas que iban al gimnasio del que alguna vez fue clienta la mujer.

Contó que Ortiz también se sentía engañada por el ex juez ya que desde que se casaron en el 1996 el hombre no podía tener relaciones sexuales, pero nunca se lo advirtió previo al enlace.

Dijo que al parecer la imposibilidad del ex juez se debía a una operación a la que se había sometido, pero la fiscalía objetó las declaraciones y nunca más se abundó en el tema.

Otros detalles como que Ortiz estaba a punto de dejar a su esposo y regresar a vivir a Guayama, que estaba tan deprimida que tomaba pastillas, que cuando Marrero se enteró de su muerte lo primero que pensó fue que se había suicidado y que nunca vio pelear a Ortiz con la mucama, fueron parte del testimonio del entrenador.

El testigo también dijo que Ortiz se quejaba todo el tiempo de que la puerta principal de su casa siempre estaba sin seguro y hasta el casero solía entrar sin tocar.

El día del crimen él estuvo haciendo ejercicios desde las 9:45 de la mañana con Ortiz, primero en el área de la piscina y luego en el apartamento.

El resto de los testimonios fueron los del guardia de seguridad del edificio, un fumigador y el encargado de mantenimiento del inmueble. Todos vieron a Ortiz en algún momento antes de su muerte.

Sin embargo, no fueron específicos sobre quién vio a quién entre ellos ese mismo día.

El guardia de seguridad Pablo Rodríguez Quiñones, de 80 años, explicó que solo se podía entrar al edificio si él abría cualquiera de los dos portones –el vehicular o el peatonal– y si luego abría la puerta de acceso al lobby del edificio. Todo eso abría con una sola llave maestra y todos los residentes tenían copia de esa llave, además del guardia. Antes de poder entrar al edificio toda persona tenía que registrarse y recibir el visto bueno de la persona a quien visitaba para que se le diera acceso.

Sin embargo, a preguntas de la defensa, el guardia tuvo que reconocer que si los dueños de los apartamentos entraban con algún invitado, no se registraba en el libro de visitas.

En otras ocasiones, cuando pasaban personas de alguna compañía a dar servicios –como el fumigador– tampoco se registraba el nombre del empleado, solo el de la empresa para la que laboraban, según su testimonio.

Rodríguez admitió además que ese día había varios trabajadores haciendo labores de pintura y sellado de techos con acceso a los pasillos del edificio.

También había varios trabajadores en el área de estacionamiento. La defensa trató de establecer que eran muchos los que estaban en el edificio sin que necesariamente hubiese control, sumado a que la puerta del apartamento de Ortiz siempre estaba sin seguro.

El esposo de Ortiz salió ese día muy temprano de su casa y luego regresó a almorzar, relató el guardia. Irizarry Yunqué salió nuevamente de su casa a las “11:00 y pico”, dijo el testigo.

Hasta la fecha nunca se ha divulgado la posible hora de la muerte de Ortiz.

El encargado de mantenimiento, Juan Manuel Ramos, de 66 años, señaló que todos los días recogía la basura del apartamento de Ortiz entre las 2:20 y las 2:30 de la tarde.

El día del asesinato, contrario a la norma, De los Santos no salió a esa hora a entregarle la basura y tampoco sintió que le ladrara la perrita de la pareja, como siempre sucedía.

El hombre no pudo establecer si De los Santos había bajado al lobby como ella misma le contó a Marangelí Merced Negrón, la esposa de su nieto Francisco Romero, quien testificó el jueves pasado.

Un fumigador identificado como Rafael Delgado Burgos contó que estuvo en el apartamento ese mismo día cerca de las 9:30 de la mañana y dijo que no vio a nadie más dentro de la casa.

Mientras, los abogados de De los Santos sometieron varias mociones, una de ellas para pedir el informe patológico, por entender que contiene prueba exculpatoria.

La jueza Elizabeth Linares denegó esa petición.

También solicitaron el inventario de las prendas que Ortiz llevaba en su cuerpo y de las que había en el apartamento de la pareja para de esa manera descartar que el motivo del asesinato haya sido el robo.

Y es que durante en el testimonio vertido por Merced Negrón, se estableció que dos días después del crimen la mucama la mandó a vender tres pulseras de Ortiz que además tenían las iniciales de ella y de su esposo y la fecha de aniversario de bodas de la pareja. Esa moción se quedó pendiente.

Linares concedió otra petición para que se les permita a los abogados visitar a la imputada durante los fines de semana para continuar preparando su estrategia de defensa.

Se quedó en el aire la fecha de continuación de la vista.